Crítica de libros

La biografía definitiva sobre Tárrega

(por Joaquim Zueras Navarro)

Francisco Tárrega, biografía oficial. Adrián Rius Espinosa. Ayuntamiento de Vila-Real; Dep. de Cultura. 261 páginas. ISBN 84-88331-82-7
Francisco Tárrega, biografía oficial

Decía en otro artículo que hay quienes se complacen en expresar desdén hacia cualquier música que no participe de un alto grado de complejidad. Para este tipo de melómanos parece que sólo se pueda escuchar música entregándose a sesudas reflexiones y que cualquier audición, meramente por placer, sea una frivolidad lacerante. Si escuchamos con atención la integral de las obras para guitarra de Tárrega (1852-1909), no se nos escapa que algunas composiciones no son muy ambiciosas, insertadas en la estética algo trivial de la música de salón, pero como señala el musicólogo Antonio Gallego “escritas siempre con gracia, oficio y plena adecuación al instrumento, del que obtiene recursos inéditos y sonoramente sorprendentes”; baste recordar por ejemplo su Capricho Árabe o Recuerdos de la Alhambra, obras que hoy siguen programándose, obteniendo siempre el favor del público.

En ese abandono complaciente, algún oyente se preguntará acerca del día a día de Tárrega, su personalidad, los conciertos, las vicisitudes, etc. Ahí es donde interviene Adrián Rius con esta completísima biografía, resultado de una paciente y rigurosa búsqueda en la que ha invertido  más de diez años; lo que en principio fue curiosidad, pasó a convertirse en admiración y fascinación por el hombre, por el compositor y por el guitarrista que, con su concepción técnico-musical del instrumento, creó una moderna escuela de intérpretes, haciendo resurgir la guitarra del letargo y poca consideración en que se hallaba desde la muerte de Sor.

Ahí es donde interviene Adrián Rius con esta completísima biografía, resultado de una paciente y rigurosa búsqueda en la que ha invertido  más de diez años

La infancia y la juventud de Tárrega estuvieron llenas de contrariedades. Estando al cuidado de una vecina, arrojó al pequeño Francisco a una acequia para escarmentarle por su enuresis, lo que provocó los problemas oculares que padeció siempre. A los diez años fue enviado a Barcelona para recibir clases del guitarrista Julián Arcas, viviendo en casa de unos paisanos procedentes de Borriol con los que se relacionó tan mal que escapó de su custodia para iniciar una vida errante e independiente, tocando en cafés  y tabernas de los que apenas obtenía algún dinero para su sustento. En 1866, de nuevo escapó a Valencia  donde conocerá a su protector, el Conde Pacent, participando en las veladas musicales que secelebraban en su mánsión, pero el Conde muere pronto. Un empleo de pianista en el casino de Burriana le servirá para escapar de la miseria. En 1874 se le concede matrícula gratuita en el conservatorio de Madrid, estudiando piano y armonía, pero Arrieta, que era el director del conservatorio, le anima para que se dedique en exclusiva a la guitarra, tras un sonado éxito en un concierto benéfico en el teatro Alhambra.

En 1880 da un concierto en la ciudad alicantina de Novelda, impactando con su interpretación a María Rizo, hija del acaudalado Vicente Rizo. La simpatía, hermosura y sencillez de María, sumadas a sus dotes como guitarrista impresionaron a Tárrega. Tras una triunfal gira por Francia y Londres, contrajeron matrimonio en 1881, renunciando a la tradicional dote a causa de los maliciosos rumores sobre el interés de Tárrega por la fortuna de la familia Rizo. En 1884, tras numerosos recitales en Barcelona, se instalan en la Ciudad Condal, que le ofrece mayores oportunidades para vivir con holgura, sin prescindir de sus giras, siendo cada vez  más solicitado. A finales de 1885 se publica el libro “Celebridades Musicales” de Fernando Arteaga, que escribe de Tárrega: “Eminente artista, encanta oírle por su ternura y sentimiento, su elegante y clásico fraseo, el huir de amaneramientos... De su maravillosa ejecución, ponderar el dominio de los sonidos armónicos, la variedad de sonoridades y la pureza y claridad en la interpretación... Consumado armonizador, como lo aquilatan sus composiciones y sus transcripciones, verdaderos prodigios que nos recuerdan los de Liszt al trasladar al piano las Sinfonías de Beethoven”. Albéniz, Granados y Pedrell, como tantos otros compositores, lo admiran y elogian. En el libro pueden leerse algunos programas de conciertos, siempre acordes con los gustos de la época; copio uno de 1896 en el salón Piazza de Sevilla: “Primera parte.- 1ª  Melodía, Verdi. 2ª Romanza, Mendelshon. 3ª Serenata, Albéniz. 4ª Estudio de Concierto, Gootschalk. 5ª Romanza, Rubinstein. 6ª Fantasía Española, Tárrega. Segunda parte.- 1ª Miscelánea de Marina, Arrieta. 2ª Minuetto, Bolzoni. 3ª Serenata Española, Albéniz. 4ª Marcha Fúnebre, Thalberg. 5ª Variaciones sobre motivos del carnaval de Venecia, Tárrega. 6ª Pavana y seguidillas, Albéniz”.

Francisco Tárrega

En Valencia conoce a Concha Martinez, rica viuda que lo toma bajo su protección artística, prestándole una torre en Sant Gervasi (Barcelona). Allí es donde Tárrega compuso la mayoría de sus obras maestras, pero la señora se enamoró del compositor sin ser correspondida, y, sintiéndose despechada, echó al compositor, a su mujer y a sus hijos de la suntuosa casa; no obstante, tres años antes de la muerte de Tárrega, ayudó desinteresadamente a la familia. A los 50 años, en 1902, decide jugarse su propio prestigio y corta sus uñas hasta casi hacerlas desaparecer bajo la piel de los dedos, endureciendo las yemas hasta obtener ese dulce sonido suave, claro y preciso, característico de su escuela. Particular atención merece el capítulo 9: “Un día cualquiera en la vida de Tárrega”, en el que Adrián Rius recoge las detalladas crónicas de los guitarristas Emilio Pujol y Domingo Prat (alumno del célebre Miguel Llobet), del dibujante Ricardo Opisso y de Francisco Tárrega hijo.

Tárrega era un hombre bondadoso, cordial, tenaz y modesto, totalmente despreocupado por los asuntos monetarios. En sus últimos años parece que sentía cierta desgana por los conciertos públicos, prefiriendo las audiciones restringidas a alumnos y conocidos. En 1906, para encauzar la economía familiar, un amigo de la familia propuso congregar a todos los admiradores de Tárrega en una sociedad con sede en Barcelona y que llevaría el nombre de Audiciones Tárrega; él se comprometía a realizar un concierto cada dos meses, que se sufragaría con los fondos del consorcio. En 1907, como consecuencia de un ataque de hemiplejia que le paralizó el lado derecho del cuerpo, su mermada economía fue de mal en peor, subsistiendo con la ayuda, entre otras,  de su hermano Vicente, que actuaba como primer violín en el teatro del Liceo. En 1909 experimentó una notable mejoría y, tal vez intuyendo que sus días estaban contados, parte de improviso a Castellón, dando algunos conciertos por varias localidades levantinas. Luego se sintió indispuesto y regresó a Barcelona, en donde falleció con 57 años.

El libro está ampliamente documentado e ilustrado, y finaliza con un completo catálogo, tanto de sus obras como de las ingentes transcripciones. Pienso que es uno de los mejores libros que ha pasado por mis manos.

Escribir a Joaquim Zueras Navarro