Reseña de libros

Etnomusicología al alcance de todos

(Por Hertha Gallego de Torres)

¿Hay música en el hombre? John Blacking, Alianza Editorial Música, Edición española al cuidado de Francisco Cruces, Madrid, 2006, ISBN 84-206-6039-6
¿Hay música en el hombre? John Blacking

“¿Hay música en el hombre?” es la edición española de un clásico de la etnomusicología de los años 70, “How Musical is Man?”, cuya traducción más aproximada sería la de “¿Cuán musical es el hombre?” y que está escrito por John Blacking, antropólogo y etnomusicólogo de vida apasionante, que se nos cuenta a grandes rasgos en el documentado e interesantísimo prólogo de Jaume Ayats, que abre el libro que comentamos.

Blacking tuvo ocasión, en el transcurso de una vida llena de peripecias y dedicada al estudio, de estar en contacto prolongado, realizando un trabajo de campo intensivo, entre los venda del norte de Transvaal (Sudáfrica) durante los años 1956-58. Allí no se dedicó a “observar” sin más la música que hacían, transcribiéndola pacientemente, sino que de manera progresiva el trabajo se convirtió en un intercambio y en un diálogo. Blacking quería sumergirse verdaderamente en la vida de esta sociedad y participar en sus actividades musicales. El resultado fue que se anticipó en muchos años a la llamada antropología postmoderna.

Al mismo tiempo, hay que destacar, en la intensa vida de este investigador, que se opuso públicamente al desplazamiento de aborígenes en Malasia (lo que le valió su despido) cuando fue nombrado consejero adjunto del gobierno (cargo en el que duró seis días), o su rechazo al régimen del apartheid, lo que supuso su expulsión de Sudáfrica. Todo ello tendrá su reflejo en una concepción de la música que es, en cierto modo, política, si por esta palabra entendemos su rechazo a una visión etnocéntrica, inherente a una manera de pensar el hecho musical evolucionista o que pretenda que hay culturas que son superiores a otras.

Blacking parte de una definición de la música hoy ya absolutamente divulgada y popularizada “La música es sonido humanamente organizado” para preguntarse por qué, si todos los seres humanos somos capaces de hacer música y apreciarla, la consideramos, tan a menudo, una actividad restringida a unos pocos, especialmente en las “cultivadas”sociedades occidentales, donde a menos que uno sea un experto, parece que no tiene nada que hacer musicalmente hablando, salvo ser un oyente pasivo. Hay tanta música en el mundo, nos dice Blacking, que es razonable suponer que la música, como el lenguaje y posiblemente la religión, es un rasgo específico de nuestra especie. ¿Cuál es entonces el valor de la música en sociedad? ¿No podrá ser, si la música es sonido humanamente organizado, sugiere el autor, que el interés de los individuos radique menos en la música en sí misma que en las actividades sociales que la acompañan? Para el crecimiento o la atrofia de las aptitudes musicales, ¿no se necesitará cierta motivación extramusical que radique en la cooperación de una colectividad, tal como la danza? Preguntas apasionantes, reflexiones lanzadas a los educadores, ejemplos de los venda de Transvaal, de Mahler, de Britten, de Tchaikovsky…

Otra idea que merece atención es la que hace referencia al desarrollo de la música. Aparentemente, señala Blacking, desde la distancia, las formas, las técnicas y los materiales constructivos de la música parecen acumulativos, como si procedieran de una tradición tecnológica. “Pero la música no es una rama de la tecnología, aunque los desarrollos tecnológicos la afecten. Se parece más a la filosofía, que puede transmitir también una idea superficial de evolución”. Del mismo modo que no es mejor una obra de Stravinsky que un madrigal de Monteverdi, que en arte no es necesariamente más sugerente Picasso que Masaccio, aunque éste conociera imperfectamente la perspectiva, que no descoloca Gadamer a Platón. Cada época hace su lectura de las precedentes, pero no las anula.

Actualmente muchos de los investigadores no compartirán seguramente todas las ideas de Blacking: los elementos innatistas y generativistas de su discurso, cuando aplica a la música las nociones innatistas de la lingüística generativa o chomskiana que en los años 70 estaba revolucionando la concepción del lenguaje, hoy son cuestionados. Por otra parte, al borrar las fronteras entre la etnomusicología y la musicología propiamente dicha brotan también problemas que no conviene ignorar. Pero pese a todo, su obra es venero fértil de ideas y sugestiones, escrita por un experto inteligente y ágil, que busca convencer desde la pasión que surge de la propia vida. Y eso se nota.

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