Ópera

Las formas de producción de la ópera actual

(Por Enid Negrete)

“El hondo secreto del alma del artista en que todo puede dormir simultáneamente hasta despertar para realizarse en la escena, en la tela, en la piedra y en la música”

Kurt Pahlen

 

En nuestros días la ópera es una actividad mucho más complicada y difícil que en otros momentos de su historia. La necesidad  de acortar los plazos, la complejidad de sus necesidades y la diversificación en su difusión, hacen que sus formas  de producción no se parezcan casi nada a las que se usaron desde sus inicios y hasta el siglo XIX.

Hablamos de cantantes que, con los avances de los medios de transporte, pueden trabajar en los cinco continentes en un periodo de pocos meses. De directores de escena y de orquesta que tienen compromisos adquiridos con cinco años de anticipación. Producciones completas que viajan a través de océanos, espectadores que pueden consultar la información de las temporadas o incluso comprar entradas de cualquier casa de ópera del mundo desde su computadora. Avances tecnológicos que ha cambiado el escenario tradicional y lo han convertido en una maquinaria tecnológica de alta especialización. Y con todo esto, evidentemente, no se puede seguir produciendo de la misma forma que en el pasado.

Desde que en el siglo XVI la ópera se representaba en los aposentos reales y era espectáculo dedicado a satisfacer los gustos de la nobleza, ha recorrido un largo camino como forma de representación y ha abarcado todos los avances mecánicos y técnicos que ha inventado el hombre sobre sus escenarios. El escenario de ópera, desde siempre, ha sido el más vanguardista de todas las artes escénicas tanto en avance técnico como en planteamientos estéticos.

El escenario de ópera, desde siempre, ha sido el más vanguardista de todas las artes escénicas tanto en avance técnico como en planteamientos estéticos.

La teoría de la representación nunca ha definido con claridad el papel de la producción. Más bien las necesidades prácticas han determinado, con diferencias entre los distintos países, sus condiciones e incluso diferentes significados para el mismo término. Por ejemplo, los ingleses durante mucho tiempo denominaron productor (producer) al director de escena de una ópera, mientras que ahora un productor se refiere o bien a la institución que financia el proyecto escénico o bien a la persona que se encarga de la organización, planeación y tramitación de un montaje escénico.

Tratando de ofrecer una definición que nos ayude a delimitar el tema que se aborda en este artículo, podemos considerar a la producción como la forma de organización y administración de los recursos materiales y humanos para la consecución de un espectáculo. Entendiendo que su estructura y eficiencia está directamente relacionada con la calidad del resultado artístico.

A partir del siglo XX, con la incursión de los medios electrónicos, el quehacer de la ópera se ha enriquecido. Dando así lugar también a un tipo de producción que requiere un enorme despliegue técnico. Este tipo de ópera que conjuga la música electrónica, la música grabada y la tradicional con elementos visuales virtuales, en video o en tercera dimensión, ha hecho que los teatros de todo el mundo necesiten renovaciones técnicas e instalaciones especiales que implican enormes inversiones de dinero.

Debido a su importancia en la difusión de la ópera en nuestros días, los elementos audiovisuales digitales han tenido un enorme desarrollo en las últimas décadas. El hecho de que la ópera se transmita por televisión, o que se vendan los DVD grabados durante las funciones de manera comercial, hacen que sea imprescindible el trabajo de cámaras.

Uno de los usos más interesantes que las casas de ópera han estado dando a estos elementos son los programas de difusión en las universidades, donde un estudiante puede tomar un curso sobre diferentes óperas transmitidas por videoconferencia a varias  universidades al mismo tiempo, y que son acompañadas por ponencias y explicaciones que ayudan a la comprensión de los alumnos que por primera vez se acercan a este género.

 Por otro lado, los diferentes usos que se hacen de estos elementos en los ensayos y durante las funciones hacen que su papel cobre una mayor dimensión.  El uso del video y de la videoproyección en el escenario es algo corriente, y por otro lado, tenemos ya la incursión de la escenografía virtual como un elemento estético que determina la producción de la ópera del siglo XXI.

En cuanto al trabajo de ensayo, los medios electrónicos se usan, por ejemplo, en caso de las reposiciones de producciones realizadas en otros teatros. El seguir la video grabación de las funciones en el teatro donde se hizo el estreno aclara a  los comparsas, los bailarines y todos aquellos que intervienen, su trabajo escénico  y contribuyen a un montaje más eficiente.

la complejidad de la ópera en nuestros días es uno de los factores que determina sus formas de producción, lo que define también el trabajo del director escénico.

Ante este panorama podemos comprobar que la complejidad de la ópera en nuestros días es uno de los factores que determina sus formas de producción, lo que define también el trabajo del director escénico.

En nuestros días los teatros de ópera son instituciones que inciden en el sistema cultural del país. Se convierten en el punto culminante de casi todas las carreras artísticas. Esta posición (que es mucho más compleja que la que tenían en el pasado) provoca la necesidad de tener una estructura interna mucho más complicada, y que requiere personal mucho más especializado en áreas que sobrepasan las competencias artísticas.

Por ello, dentro del organigrama de un teatro de ópera encontramos una enorme cantidad de departamentos, que corresponden a cuatro grandes áreas de la administración y de la  gestión de cada teatro: la artística, la técnica, la administrativa y la de difusión. Estas áreas han formado parte del quehacer operístico desde el siglo XIX, pero ahora, dada la complejidad de las actividades del teatro, se han especializado mucho más.

Un montaje de ópera es un gran engranaje que requiere mucho personal y diferentes tipos de especialistas en sus distintas etapas. Más allá de los cantantes, que son la base indispensable del trabajo de la ópera, los directores, pianistas acompañantes, iluminadores, escenógrafos, vestuaristas, y demás partes del personal técnico y artístico de un trabajo escénico, se convierten en un ejército de creativos que deben ser organizados y deben tener tiempos específicos para su trabajo.

Cada casa de ópera tiene sus  formas específicas de organización, hay teatros de ópera que preparan los montajes con tres años de anticipación (como la Roya Opera House de Londres),  mientras otras se caracterizan por los pocos ensayos que organizan (como la ópera de Viena),  pero en general podemos hablar de constantes en cuanto al tipo de ensayos, su duración y su orden.

Debido a esta escasez de tiempo, es básico que el director escénico llegue a este proceso con toda la producción diseñada y con el movimiento escénico decidido. En algunos casos, como la Royal Opera House de Londres, un año antes del primer ensayo se presenta al teatro una maqueta con todos los diseños de la producción y con el director explicando el montaje por completo. La ROH registra en DVD estas presentaciones y se usan para la planeación general de la producción. Este es un sistema infalible.

 Cuando el director escénico llega a improvisar a los ensayos, el tiempo que se pierde y el desorden que se crea tiene consecuencias graves en el resultado final. Además de que puede resultar un desastre financiero para el teatro y más de un dolor de cabeza para sus directivos. La pérdida de tiempo en el escenario de la ópera sale mucho más caro que en el del teatro, pero no tanto como en el del cine.

 El proceso no asegura el éxito. Pero también es cierto que la manera de llevarlo es la clave para llegar a buen puerto. Lo demás es cuestión de talento y capacidad creadora.

Es lógico pensar que la producción de la ópera de pequeño formato es mucho más sencilla y mucho más parecida a la producción de teatro de texto. Pero aún así, es mucho más complicada que la de una obra teatral y difícilmente puede ser considerada como una producción fácil.

Siempre se necesita un grado de especialización importante  a nivel de producción en todos los artistas que colaboran. De hecho, mi experiencia profesional me ha enseñado que es imprescindible un enorme conocimiento del género y de las características de la corriente a la que pertenece. No hay producción de ópera, por pequeña que sea, que no requiera una organización clara, un presupuesto preciso y una selección acertada de su elenco.

En el teatro hay una puerta más abierta a la improvisación que en la ópera, hay un margen más amplio de maniobra. Pero en ambos casos, no hay producción que no requiera amor, entrega y cuidado para ser exitosa.

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