Reseña de libros

Recuerdos de Gustav Mahler

(por Joaquim Zueras Navarro)

Recuerdos de Gustav Mahler. Alma Mahler. Editorial: El Acantilado. ISBN 978-84-96136-44-1
Recuerdos de Gustav Mahler

En noviembre de 1901, durante una velada en casa del profesor de anatomía Zuckerlandl, Gustav Mahler (1860-1911) conoce a Alma María Schindler. Joven, hermosa e inteligente, había vivido desde siempre inmersa en un ambiente artístico y había recibido lecciones de música y composición de Alexandre von Zemlinsky, antiguo maestro de Schönberg. Tras un noviazgo breve, contraen matrimonio el 7 de marzo de 1902. El libro Recuerdos de Gustav Mahler constituye el primer documento importante que reveló  al Mahler hombre y artista, y hay en él tanta información musical como biográfica, merced a la aguda capacidad de observación de Alma Mahler.

Desde que apareció el libro por primera vez, no han sido pocos los seguidores de Mahler que han lamentado que Alma sacara a la luz ciertas peculiaridades del compositor. Tal crítica es injusta, pues el libro está escrito con un gran afecto hacia su esposo, sin obviar no obstante su carácter egocéntrico, caprichoso, irritable e hipocondríaco, que soportó con paciencia y entereza por el amor que le profesaba; un retrato privilegiado entre triunfos públicos y fragilidades privadas, como la imposición de prohibir a Alma que compusiera una sola nota. En cambio, Alma tuvo que hacerse cargo de las finanzas domésticas que se hallaban prácticamente en bancarrota (cantidad de deudas porque sus hermanos despilfarraban el dinero de Mahler, por los caprichos del compositor respecto al vestuario), llevar la casa, pasar a limpio las composiciones de su esposo y atender todos los asuntos prosaicos, ya que Mahler era muy torpe en cualquier cuestión práctica.

Están muy bien descritas las relaciones siempre tensas como director de la Real Ópera de Viena, tras convertirse al catolicismo; es cierto que muchos murmuraban contra  él y  su mujer, pero no es menos cierto que Mahler humillaba a la orquesta por los motivos más nimios, por lo que los ensayos eran un martirio para los ejecutantes y para el público que los presenciaba. Resulta curioso lo que podríamos llamar el singular protocolo de los veranos en Maiernigg, fruto del cual la cocinera debía llevarle a las seis y media el desayuno a su cabaña, trepando por un camino empinado y resbaladizo, para no encontrarse con él, que iba por el camino más cómodo y no deseaba cruzarse con nadie para que la inspiración no le abandonara, permaneciendo los demás en la casa en silencio para que ningún sonido llegara hasta allí.

Alma Mahler

En invierno orquestaba y reorquestaba las composiciones de verano (sorprendente es que llegara a reorquestar incluso alguna sinfonía de Beethoven) y finalmente dimitió como director de la Ópera para dedicarse a las giras de conciertos, bien detalladas en el libro, así como sus actuaciones  como director en el Metropolitan de Nueva York y la creación de una orquesta filarmónica.  Es conmovedor el relato del fallecimiento de su segunda hija, María, en 1907 y la desolación que su muerte produjo en el matrimonio. Alma no omite el episodio de su amistad con Walther Gropius, arquitecto creador del estilo tubular: sola y cansada de la vida errante e inquieta de Mahler junto con sus excentricidades, comenzó a sentirse atraida por aquel joven culto y elegante.  Aterrado Mahler ante la posibilidad de perder a su esposa, se mostró a partir de entonces más solícito. Desfilan por el libro personajes relevantes, como Paul Dukas contando anécdotas sobre algunos compositores franceses, Arnold Schönberg que tanto admiraba las sinfonías del compositor bohemio y un hilarante Richard Strauss, siempre preocupado por obtener el mayor beneficio de sus obras y sojuzgado por una esposa tremendamente autoritaria. 

La sección epistolar son cartas que Mahler enviaba a Alma casi a diario cuando se hallaba fuera de casa. De estilo algo infantil y almibarado, acostumbran a seguir un mismo esquema: encabezamientos como Queridísima Almschi, suaves regañinas por escribir con menos frecuencia, quejas por el hotel, por los ruidos de las demás habitaciones o los de la calle, detalles sobre su salud y noticias sobre su actividad musical.

Nos encontramos pues frente a un clásico de la Historia de la Música, bien traducido, que todos debieran conocer por su  elevado interés artístico y humano.

Escribir a Joaquim Zueras Navarro