Crítica de discos

Un creador de hoy

(Por Hertha Gallego de Torres)

Música de Cámara, Jesús Torres, intérpretes: Trío Arbós (Juan Carlos Garvayo, piano; Miguel Borrego, violín; José Miguel Gómez, violoncello). Fundación Autor, Sa01294, 2007.
Música de Cámara, Jesús Torres

“Para la música del futuro ya están afinados todos los oídos” dijo Nietszche hablando del advenimiento del nihilismo que preveía para los dos siglos siguientes a su muerte, es decir, nuestra época. Las acertadas reflexiones sobre el encuentro sonoro con Jesús Torres, obra de Alberto González Lapuente, también comienzan con la referencia al fin de la historia como preludio al espíritu global de estos últimos años. Pero hay una tenue esperanza de que haya un renacimiento del arte, de la música, a pesar de todo. Y ahí se inserta la creación de este compositor, nacido en 1965 y, ahora, en plena efervescencia creadora.

Para asomarse a la música de Jesús Torres este disco que interpreta el Trío Arbós, que tan pronto suena al completo ( “Trío”, “Decem”), como se desintegra para reasociarse en alguna combinación (“Variaciones para violoncello y piano”) o directamente tocando partituras a solo, es una opción de lo más idónea. La concisión expresiva, la gravedad, el rigor formal que impregnan esta concepción musical se ven servidas por una interpretación atenta a los más sutiles matices, capaz de darnos la síntesis de una obra que ha aprendido sus parámetros de las vanguardias, pero que intenta trascenderlas con inquietudes artísticas de más amplio alcance comunicativo.

No hay mejor receta para seguir este disco que leer las completas e inteligentes notas de Alberto González Lapuente, que nos sitúan directamente en el corazón de la obra de Torres y que denotan un exhaustivo dominio de su obra y, por ende, del lenguaje musical del siglo XXI. Son filosóficas, pero no aburridas; técnicas, pero no abrumadoras de detalles sin importancia; y, por encima de todo, están escritas en una prosa perfecta, transparente. Con ellas al hilo, seguimos la primera obra, el “Trío” que “dará cuenta del sentido global de algo que parece volver a su origen a través de un discurso trazado a la manera de un palimpsesto, que si retorna es para morir delicadamente”. Obra que muestra, ya desde el inicio del disco, toda la potencia del Trío Arbós, verdaderos especialistas en música contemporánea, que se amalgaman superponiendo planos sonoros de sobrecogedora intensidad. “Decem” los vuelve a juntar, al final de los cortes, y es una delicia comprobar la evolución de la escritura de Torres, mucho más fluida en esta última obra. Juego que parte de las células interválicas que se derivan de las iniciales de los nombres de los componentes del Trío: Miguel Borrego (mi- si bemol), José Miguel Gómez (mi-sol), Juan Carlos Garvayo (do-sol), que forman de manera casual un acorde de séptima de dominante. Se ha dado muchas veces en la historia el caso de un intérprete inspirando a un creador, pero afortunadamente en nuestro siglo nos queda además el registro sonoro. ¿Seremos capaces de valorarlo lo bastante?

Cuando los que se unen son el violoncello y el piano, tenemos una serie de “Variaciones”, según la vieja y prestigiosa fórmula, aún no gastada después de tantos siglos, en las que se toma como base la serie empleada por Schoenberg en sus “Variaciones para orquesta op. 31”. Toda una declaración de intenciones, ya que el modelo es una obra serial, y la serie campa por la obra conformando una base que se ve enriquecida desde múltiples puntos de vista. Pero la música de cámara no sólo explora las formaciones para dúo o trío; también hay espacio para el instrumento a solo. Y aquí, cada miembro del Trío Arbós se luce, con obras virtuosísticas que no abandonan la pasión intelectual. Porque hay algo en la obra de Torres que nos hace pensar en algunos dibujos musicales de Palazuelo, tan geométricos, o en el poema “Meditación de la pecera” de Guillermo Carnero…

La impresionante “Chacona” es el momento de Miguel Borrego. Pasión y dolor (al fondo la “Chacona” de Bach) en una interpretación muy medida, muy pensada, de estupendo violinista. “Presencias” y “Memento”, para piano, nos ponen en contacto con Juan Carlos Garvayo, quien posee técnica depurada y gran maestría, potenciadas ambas por una enorme lucidez expresiva. “Glosa”, de desarrollo imparable y ascendente, es servida por el violoncello de José Miguel Gómez, capaz de una matizada gradación de las dinámicas y de darnos delicadamente todo el trazo melódico que la obra sugiere.

Un disco, pues, que recomendamos vivamente. Como sugiere Guillermo Carnero, al que mencionábamos anteriormente , “para mejor vivir/ pero no sin ficción.”.

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