Crítica de libros

Bach. La Cantata del café

(por Joaquim Zueras Navarro)

Bach. La cantata del café. La seducción de lo prohibido. Domingo del Campo. Musicalia Scherzo / Machado Libros. Año 2007. ISBN 978-84-7774-442-4
La Cantata del café

Domingo del Campo (1938-2004) era licenciado en Derecho y Ciencias Políticas, pero su gran pasión intelectual fue la música. Autodidacta, con una gran sensibilidad y profundos conocimientos, escribió numerosos textos para programas de conciertos, otros para Radio Clásica de Radio Nacional de España y los que destinó a las revistas Ritmo y Scherzo, siendo uno de los fundadores de la misma. Ensayista brillante y experto en el mundo bachiano fue el autor del libro La Cantata del café, en 1995. Algo debió ocurrir en la editorial, porque al poco de aparecer el libro fue retirado del mercado y destruido. La Fundación Scherzo ha querido con esta nueva edición rendir un homenaje a Domingo del Campo, “hombre de ejemplar integridad y de auténtico saber, que vivirá siempre en el recuerdo de quienes fuimos sus compañeros y amigos”.

El libro se abre con una interesante reflexión acerca de la personalidad de Bach: seriedad que no acritud, sociabilidad, curiosidad por todo y, por qué no decirlo, cierta ambición... pero, por otro lado, enfrentamientos en Arnstadt, en Mülhausenen, en Weimar y en Leipzig, sin dejar de ser más o menos justificados, hacen que nos preguntemos sobre su capacidad de flexibilidad. A continuación el autor se adentra en las cantatas, que experimentaron notables cambios a principios del siglo XVIII; sus secciones contrastantes, recitativos, arias, airosos, coros, ritornelos y sinfonías instrumentales se convirtieron en movimientos autónomos, abandonando la continuidad del concerto vocal predominante en el siglo anterior.. Las cantatas profanas integran un capítulo menor ante el impresionante conjunto de las cantatas de iglesia, pero en absoluto carecen de atractivo. Domingo del Campo nos habla de la Cantata campesina BWV 212, La disputa entre Febo y Pan BWV 201, Hércules en la encrucijada de los caminos DWV 213, ¡Retumbad timbales! ¡Resonad trompetas! BWV 214, Celebra tu suerte, venturosa Sajonia BWV y  la curiosa Deslizaos juguetonas olas BWV 206, en la que los cuatro solistas personifican y evocan musicalmente los ríos Pleisse, Elba, Vístula y Danubio.

...la Cantata del café BWV 211, que sorprende por lo reducido de sus medios y su carácter camerístico

Tras estos prolegómenos, el escritor nos sumerge de lleno en la Cantata del café BWV 211, que sorprende por lo reducido de sus medios y su carácter camerístico. El libreto pertenece a un tal Picander, personaje criticado por mediocre, aunque acertado en el texto de la cantata que nos ocupa. El tema es el enfrentamiento entre dos generaciones: Un padre disgustado porque su hija ha caído víctima de la nueva moda de tomar café. Pero si Picander dejaba al padre victorioso y a la hija sumisa, Bach añadió un final que gira la trama en favor de la hija. Tanto  el texto como  la música –pulcra, cuidadosa y fiel a la psicología de los personajes- rebosan de tierna comicidad, ironía  y buen humor. Este decantamiento en favor de la hija díscola, tal vez trasluzca una nueva sensibilidad hacia el mundo femenino que se estaba gestando en algunos sectores de la sociedad europea del XVIII, asunto que Domingo del Campo analiza con detenimiento. En el capítulo quinto, dado que la Cantata del café es un tímido intento de poner en entredicho el autoritarismo doméstico, tal concepto sirve para analizar las diversas trayectorias de los hijos del compositor y las relaciones con su padre, concluyendo: “Por variados que sean los perfiles estéticos de los hijos de Bach y distintas sus peripecias vitales, existe un aspecto común a todos ellos, y es la inseguridad, la debilidad en contraste con la fortaleza del padre; una sensación de desamparo que genera esporádicamente reacciones audaces o insensatas”.

La Alemania de Bach no tenía ni las instituciones ni los rasgos de un Estado. El emperador no era más que un simulacro pomposo de soberano. Alemania era la existencia de diminutos Estados, cada uno con sus propias leyes, corte, etiqueta, ejército, moneda, aduanas, etc. El autor nos cuenta con detalle cómo transcurría la vida en Dresde y Leipzig, en el ámbito de una Sajonia rica y pujante, añadiendo una  breve crónica de la institución El Collegium Musicum, que Bach dirigió. La apertura de cafés en Alemania comenzó durante la segunda mitad del siglo XVII y, al principio, no pocas instituciones contemplaron con recelo esos lugares en donde se favorecía la libre conversación, la amena tertulia, el intercambio de noticias, etc. No sólo eran centros de reunión y de conversación, sino que también se hacía música. El Collegiun Musicum con Bach al frente actuaba en el distinguido Café Zimmermann de Leipzig, frecuentado por una clientela culta y refinada, y para este establecimiento compuso probablemente la Cantata del Café, además de impulsar los conciertos para clave y orquesta. Ésta y otras actividades han incomodado a algunos musicólogos que prefieren encerrar a Bach en un misticismo elevado, ceñido a sus tareas eclesiásticas con humildad y resignación, en el que no cabe otra cosa que su universo espiritual, pero, como asevera el autor del libro, el número de años que Bach  dedicó a la composición de música sacra como primera tarea se cifra en menos de un cuarto de su vida creadora, sin que ello signifique merma alguna de sus convicciones religiosas, morales y de su ortodoxia luterana. 

El último capítulo discurre en lo que podríamos llamar la estética bachiana en contraste con las nuevas ideas estéticas que se iba abriendo camino en vida del compositor, por algunos contemporáneos considerado un anacronismo viviente: Amenidad, simplicidad y naturalidad frente a lo complejo, abigarrado y oscuro. No fueron pocos los que tildaron la música de Bach de excesivamente artificiosa, mientras que el estilo galante condujo a muchos hacia una ligereza más banal y previsible que ingeniosa.

En resumen, un libro muy ameno, dirigido a un público amplio no necesariamente iniciado, escrito no obstante con rigor y minuciosidad.

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Alfred Brendel: el velo del orden 

El furor del Prete Rosso 

Escribir a Joaquim Zueras Navarro