Disco del mes

La canción romántica española

(Por Antonio José López Domínguez)

Montserrat Caballé. La canción romántica española. Ediciones Iberautor Promociones Culturales S.R.L. SA01185. D. L. M – 43601 – 2006. SGAE
Montserrat Caballé. La canción romántica española

La soprano Montserrat Caballé disfruta de un año muy especial para ella. Cuando acaba de cumplirse el quincuagésimo aniversario de su debut en la ópera de la mano del Teatro Municipal de Basilea, la catalana publica un disco que evoca las melodías del siglo XIX: La canción romántica española.

Editado por el Sello Autor, de la Fundación Autor, este nuevo trabajo recrea uno de los fenómenos más interesantes del panorama musical español, la canción del siglo XIX, que contribuyó a construir lo que público y compositores entendieron por un lenguaje castizo en permanente intercambio con la música teatral.

En su seno, algunos parámetros melódico-armónicos y métrico-rítmicos se estereotiparon como nacionales, castizos, andaluces y -en el extranjero- pintorescos. Pero, además, la canción española sufrió la inevitable influencia de la lírica italiana, satisfaciendo las exigencias de decoro social del salón romántico. Por eso fue un género muy versátil estéticamente, un pilar fundamental de la sociabilidad musical de la época (en tertulias y soirées) que, por sus connotaciones pintorescas, triunfó en los salones de París y Londres.

Durante la primera mitad del siglo XIX, la canción exploró diversas sonoridades: la elegancia del bel canto italiano y la romanza francesa, la pincelada picaresca y sentimental de la ópera cómica, el populismo de polos, tiranas y canciones andaluzas, el más discreto y refinado de las seguidillas-boleras, o el exotismo de los aires americanos.

Este panorama sonoro tan variado determinó la aparición de diversos géneros, no siempre bien diferenciados en las fuentes, ni por el público y, quizá, ni siquiera por los propios compositores. En este disco tan especial, Montserrat Caballé bebe de estas influencias para presentar una selección de canciones de este abanico de tendencias musicales.

Mis descuidados ojos, Cesa de atormentarme y Prepárame la tumba de Fernando Sor, así como Cuántas veces mis ojos de Joaquín Tadeo Murguía (organista de la catedral de Málaga y amigo de Sor) son seguidillas-boleras. La seguidilla-bolera es una variante de la seguidilla, de aire más lento que la manchega o la sevillana, para acomodarse a los pasos del baile del bolero, cultivado a partir de 1780 en la conocida Escuela Bolera. Musicalmente era un género híbrido, suma de influencia italiana y rasgos de procedencia autóctona: refinadas, elegantes, complejas vocalmente y con elementos populistas, tenía una estructura fija en la relación versos – música.

Prepárame la tumba responde al tema de la asociación de amor y muerte, mientras Mis descuidados ojos y la bolera de Murguía aluden a la magia de la mirada, dos asuntos frecuentes. Cesa de atormentarme destaca por sus expresivos cromatismos, floreos y refinadas vocalizaciones, con picarescos tresillos de sabor español en la guitarra. Cuántas  veces mis ojos es una sofisticada combinación de populismo y refinamiento dieciochesco, a través de un diseño melódico de espíritu galante, adornado con grupitos, de naturaleza modal y sabor popularista, en progresión armónica.

La Bolera de la Bola de Federico Moretti (músico militar natural de Nápoles y autor de un prestigioso método para guitarra), son unas boleras intermediadas, género derivado del anterior, que consistía en la introducción de un refrán o canción popular en medio de la estructura poético-musical de la seguidilla-bolera, ocasionando un bello contraste muy del gusto de los salones. La Bolera de la Bola intermedian una famosa canción, la Bola, modal y de ascendencia popular, en la seguidilla Si piensas engañarme.

La tirana es un aire de danza de origen andaluz enraizado en tradición del romancero (cuarteta octosilábica y refrán) y que, como la seguidilla, se introdujo en el teatro musical gracias a la tonadilla escénica. Son característicos el movimiento sincopado y ocasionales actuaciones en tiempo débil, y pueden presentar un diseño armónico habitual en fandangos, cañas y las malagueñas, combinando un centro tonal (en modo mayor) con un centro modal (escala andaluza con diversas tónicas). El Trípili es una picaresca tirana de origen tonadillero: Blas de Laserna la incluía en Los Maestros de la Raboso o la del Trípili de 1780 y, quizá debido a su popularidad, Pablo Esteve en Los Hidalgos de 1785. Fue objeto de diversas ediciones y arreglos en el siglo XIX. Otro ejemplo de principios de siglo es El corazón en el pecho de Narciso Paz, guitarrista y liberal español.

Un navío, dos navíos y Si la mar fuera de tinta son dos tiranas, sin duda las canciones más populares del malogrado compositor José Melchor Gomis, publicadas en varias ediciones en Madrid, París y Londres. Un navío, dos navíos presenta el diseño armónico afandangado y extensas vocalizaciones. Si la mar fuera de tinta también evoca el diseño del fandango, si bien añade un discurso cromático en el piano, trabajado con expresivas séptimas disminuidas, que dan mayor interés a la pieza, sin duda destinada al salón romántico.

El nuevo serení del gran compositor Ramón Carnicer (al igual que Gomis, en vías de recuperación) es una canción española derivada de la tirana y que tiene un origen tonadillero.

Además de esta propuesta musical de corte populista, los compositores cultivaron otro estilo más cosmopolita, que denota la influencia de la ópera italiana y del romanticismo de salón. Un ejemplo es Una verdad (1817) de Esteban Moreno, que formó parte de un ciclo en torno al personaje poético de Nice (personificación neoclásica de la mujer virtuosa) de talante moralizante, cuyo tema central es el desengaño amoroso. También Moretti cultivó este tipo de canciones, siendo buen ejemplo Los primeros amores, publicada en 1832, con una poesía cuyos versos recuerdan al inicio de la oda anacreóntica De mis niñeces de Meléndez Valdés. De romántica puede calificarse asimismo El aire dañino, una canción publicada en Madrid, Londres y París, obra maestra cuya elegante melodía está diseñada para explotar el efecto expresivo de las séptimas disminuidas y los acordes de novena.

Por último, la referencia americana la encontramos en la famosísima La Paloma, habanera original de Iradier o quizá arreglo de una “danza popular habanera”, como rezaba en una edición del siglo XIX. La Paloma presenta los rasgos básicos de la habanera, un género que daría lugar a páginas memorables en la zarzuela y el sainete lírico de finales del siglo XIX.

A la soprano le acompañan los habituales Manuel Burgueras, pianista argentino con el que colabora desde 1991, y el guitarrista madrileño David González Rodríguez, a los que se une el segundo guitarrista Jorge González Rodríguez.

La canción romántica española supone el cuarto disco que Montserrat Caballé graba con el Sello Autor. En el año 2001 publicó Las Mejores Canciones Medievales, proyecto en el que colaboró también Sony Music; en 2003, Música medieval y del Renacimiento Español para Voz y Vihuela, y en 2005, Música Española para Piano y Voz del Siglo XIX.

Escribir a Antonio José López Domínguez