La 'Fantasía Bética' de Manuel de Falla
Nacionalismo musical español
y universalismo en el siglo XX
(Por Manuel Matarrita)
El siglo XX fue un período de enorme diversidad para el quehacer artístico. La composición musical, desde luego, tuvo un valioso aporte dentro del amplio espectro de tendencias artísticas que se dieron lugar durante esa era. Algunos de estos movimientos creativos buscaban incansablemente la innovación y el rompimiento de sistemas; otros, por su lado, estaban más interesados en la continuación y desarrollo de los esquemas tradicionales. De manera interesante, el Nacionalismo musical, más que en otra corriente estética, se convirtió en una fuente inspiradora que lograba conciliar ambas tendencias.
Durante las primeras décadas del siglo XX, muchos compositores en el mundo entero empezaron a mostrar interés en la investigación de música popular y folklórica de sus propias tierras con el fin de encontrar elementos que sirvieran de base para sus composiciones. Muy importante fue, por ejemplo, la profunda investigación que realizaron Béla Bartók y Zoltan Kódaly en Hungría, Bulgaria y Rumania. Como resultado, algunas de sus obras introdujeron la música folklórica de estos países, dentro del marco de sus estilos propios de composicion. En opinion de Bartók:
La música de origen campesino es muy variada y perfecta en su forma... Es el punto de partida ideal para un renacimiento musical, y un compositor en busca de nuevos caminos no podría ser guiado por un mejor maestro. ¿Cuál es la mejor forma en la que un compositor puede alcanzar los mayores beneficios al estudiar esta música del campo? Es justamente asimilando el idioma de la música campesina completamente, a tal grado que olvide todo lo demás y pueda usarla como su lengua materna.
Manuel de Falla, por su parte, se interesó en las raíces musicales de su natal España. Aunque su trabajo de investigación no requirió una labor de campo tan prolongada como la realizada por Bartók en Hungría o Heitor Villa-Lobos en Brasil, Falla logró familiarizarse directamente con la tradición musical de los pueblos gitanos de España. Este interés de Falla por investigar el canto primitivo andaluz desde las raíces directas, se refleja en un artículo publicado en 1925 en la Revue Musicale de París:
Los elementos esenciales de la música, las fuentes de inspiración, son las naciones, los pueblos. Yo soy opuesto a la música que toma como base los documentos folklóricos auténticos; creo, al contrario, que es necesario partir de las fuentes naturales vivas y utilizar las sonoridades y el ritmo en sustancia, pero no por lo que aparentan en el exterior. Para la música popular de Andalucía, por ejemplo, es necesario ir muy al fondo para no caricaturizarla.
Falla creía firmemente en la conciliación entre el Nacionalismo y el Universalismo. Su labor creativa fue más allá de componer obras en “estilo español”, o de insertar fragmentos de música popular dentro de una compleja textura armónica, como lo haría por ejemplo Charles Ives en los Estados Unidos. En sus composiciones, Falla logra una eficiente combinación –y no una mera superposición– de elementos nativos españoles con las corrientes estéticas modernas como el Impresionismo y el Neoclasicismo. Las obras compuestas entre 1907 y 1919, por ejemplo, están muy influenciadas por el Impresionismo francés y el Post-Romanticismo alemán. De esta época son las Siete Canciones Españolas (1915), Noches en los Jardines de España (para piano y orquesta, 1916) y los ballets El Amor Brujo (1915) y El Sombrero de Tres Picos (1917-19), obras que dieron al compositor un enorme prestigio internacional.
La Fantasía Bética
La composición para piano llamada Fantasía Bética representa la culminación de este período creativo en la vida de Manuel de Falla. Es la culminación por varias razones: fue la última pieza de importancia para piano que escribió, e indudablemente la obra más relevante que compuso para el instrumento. Además, la Fantasía fue compuesta en Madrid justo antes de que Falla se mudara a Granada. Fue también la última obra compuesta antes de que el compositor tomara un giro en su norte creativo, hacia un estilo neoclásico, quizás inspirado por su amistad con Stravinsky.
Fantasía Bética es una obra a la que no se le ha otorgado internacionalmente la importancia que merece y lamentablemente no es considerada como una obra de importancia dentro del usual repertorio pianístico, al menos fuera de España. Las circunstancias que motivaron a Falla a escribir esta obra fueron muy peculiares. El renombrado pianista Artur Rubinstein, amigo personal de Falla, estaba de gira por Madrid en 1918. En esa misma época, Falla recibió una carta del director de orquesta Ernest Ansermet en la que le hacía mención de la crítica situación económica que atravesaba Igor Stravinsky, quien a la fecha vivía en Suiza. Falla solicitó ayuda a Rubinstein, de parte de Stravinsky. El pianista polaco respondió generosamente ofreciendo una suma de dinero y comisionando a cambio dos obras: una de Stravinksy y otra del propio Falla. Como resultado, Stravinsky compuso Piano Rag Music y Falla la Fantasía Baética. Rubinstein estrenó la obra en 1920 en New York City. Sin embargo, nunca la mantuvo dentro de su repertorio, por razones aún inciertas. En una conversación posterior, Falla comentó con Rubinstein la posibilidad de adaptar la pieza en una versión para piano y orquesta, idea que entusiasmó a Rubinstein. El proyecto nuncá se llevó a cabo, y la Fantasía fue publicada en su versión original en 1922 por la Editorial Chester de Londres.
La obra está concebida en un solo movimiento, con tres secciones muy definidas. Usualmente, el término Fantasía en una composición musical se refiere a una obra de más o menos libre estructura y carácter improvisatorio. Este no es el caso de esta pieza en particular: su estructura es bastante similar a la de la Fantasía en Fa Menor, Op. 49 de Frédéric Chopin. Aunque no existe ninguna evidencia de que Falla haya tomado la obra de Chopin como modelo, es sabida la admiración que sentía hacia el compositor polaco y sus obras. En la pieza de Falla, el primero de esos temas está inspirado en la tradición instrumental flamenca, mientras que el segundo tema (copla) se asocia más con la práctica vocal.
La Fantasía Bética retrata los tres componentes musicales idiosincráticos del arte flamenco: cante, baile y toque. La hazaña de Falla en esta pieza no fue solamente la de incorporar esos elementos dentro de un lenguaje moderno como el Impresionismo, sino también la de poder traducir las sonoridades particulares de estas tradiciones dentro de las posibilidades técnicas del piano. Como es sabido, la guitarra ha sido el instrumento par excellence en la tradición musical flamenca. El concepto sonoro practicado por los tocaores flamencos difiere de la sonoridad que buscan, por ejemplo, los guitarristas clásicos. El sonido de la guitarra flamenca es más percusivo, sobre todo en estilos como el rasgueo y el punteado; el guitarrista flamenco toca más cerca del puente de la guitarra, lo que crea un sonido más punzante. Aunque Falla no fue el primero en imitar la guitarra en el piano –recordemos por ejemplo “Asturias” de la Suite Española de Albéniz– la Fantasía Bética se adentra no sólo en la emulación de la sonoridad de la guitarra, sino también en el estilo improvisatorio del toque flamenco. También es importante señalar que una importante sección de la obra se deriva del grupo de notas mi-la-re-sol-si-mi, que no es otra cosa más que las notas producidas en la guitarra al tocar las seis cuerdas al aire.
El cante jondo es, sin duda, la característica más idiosincrática de la tradición flamenca. Sus peculiaridades musicales son el resultado de tres eventos históricos determinantes en la música española: la adopción de elementos del canto bizantino de la primitiva iglesia en España, la invasión y ocupación árabe musulmana, y por último, la inmigración a España de tribus gitanas, que se asentaron mayormente en Andalucía.
Otro aspecto esencial de la obra es la vitalidad de su diseño rítmico
Manuel de Falla fue el primer compositor en introducir esta práctica vocal dentro del formato de música estilizada para salas de concierto. Su obra más importante en este sentido es el ballet El Amor Brujo; sin embargo, en la Fantasía Bética también intentó traducir al idioma pianístico los rasgos microtonales del cante jondo, a sabiendas de las limitaciones del instrumento. En las propias palabras de Falla:
¡Qué estimulante pensar en el futuro! Porque la música comienza a avanzar ahora mismo; la armonía aún debe ser un medio artístico. Por ejemplo, las canciones de Andalucía están basadas en escalas con intervalos más sutiles que las escalas en las que la octava es dividida en doce semitonos. Como compositor, todo lo que puedo hacer por el momento, es crear la ilusión de esos cuartos de tono, por medio de la superposición entre acordes de una tonalidad y otra. Porque ya se acerca el día en que nuestra notación musical ha de cambiar por otra que se mejor satisfaga nuestras necesidades.
Otro aspecto esencial de la obra es la vitalidad de su diseño rítmico. No en vano la primera indicación del carácter de la pieza escrita por el compositor es molto ritmico. La fantasía muestra una persistente combinación de las métricas de 3/4 y 6/8. Aunque esta obra no es una pieza para ser bailada per se, algunos elementos del baile flamenco como el taconeo o el palmeo están claramente representados por medio de agudos acentos y hemiolas. En lo que respecta a las características armónicas de la pieza, la Fantasía Bética presenta varias de los rasgos fundamentales de la armonía utilizada en el estilo impresionista: paralelismos, armonías sin resolución, acordes aumentados y politonalidad. Lo que la aleja de ser catalogada como una obra netamente impresionista es que no nos encontramos con una pieza de música introvertida, sugerente y evocativa, sino con una obra llena de vitalidad y joie de vivre, quizás mas cercana al estilo de Ravel. También es importante mencionar el uso de sistemas modales: la cadencia frigia, que es el sello musical de la música española, no se escapa de aparecer en la obra en repetidas ocasiones, y la copla está escrita en el modo eólico.
Generalmente, se ha considerado la Suite Iberia de Isaac Albéniz, y la suite Goyescas de Enrique Granados como las obras para piano más trascendentales del repertorio español, menospreciando esta composición de Falla, que es conceptualmente más avanzada y fue además el producto de una búsqueda creativa de índole musicológico. La Fantasía Bética representó la culminación de un período creativo importante en la vida de su compositor, en el que el Impresionismo francés tuvo una gran influencia inspiradora, pero que buscaba la universalización del arte musical de España. Quizás, esta obra ha sido opacada por el innegable éxito de otras obras del mismo Falla, como sus famosos ballets, o las Noches en los Jardines de España. No obstante, la Fantasía Bética es sin duda una obra sobresaliente que explota efectivamente las posibilidades tímbricas y técnicas del piano y que debería ser ejecutada, analizada y enseñada más a menudo.
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