Concierto de piano

Voz propia

(Por Hertha Gallego de Torres)

Boadilla Clásicos, Iván Martín, piano; Obras de Scarlatti, Beethoven, Chopin y Rachmaninoff. Nuevo Auditorio de Música, Boadilla del Monte (Madrid) Sábado 26 de Mayo de 2007

Ocurre a veces que, en un concierto, sepamos reconocer indudablemente la marca del intérprete que lo lleva a cabo: cierta manera de tocar, algunos “pianissimos” que no pueden ser de ninguna otra forma, el modo de distribuir los silencios y las pausas…Es más frecuente en músicos de una cierta edad, pero los hay ya inconfundibles. Es el caso, pese a su juventud, de Iván Martín, que nos deleitó en días pasados con una velada pianística en Boadilla.

Iván Martín

El programa comenzó con cuatro bellísimas sonatas de Scarlatti, concebidas inicialmente para el clave, pero a las que el piano presta una calidez inusitada. Son obras difíciles de tocar, como una sutil filigrana de notas que arrastrasen consigo vetas de melancolía (la Sonata en si menor K. 27), pero de las que el intérprete canario salió airoso. Después, y siempre en la primera parte, una gran obra de repertorio, de las más amadas y destrozadas por los pianistas de todos los tiempos: La sonata “Claro de Luna” de Beethoven, que el compositor alemán subtituló “Quasi una fantasia”.

El riesgo de tocar una obra tan conocida es evidente: Cada uno tenemos nuestra particular versión de estas composiciones, escuchadas en miles de ocasiones a nuestros músicos favoritos. Pero Iván Martín lo sorteó con habilidad, ofreciendo una lectura propia, con arranque y fuerza, sin excluir los matices de sutileza y dulzura que la sonata requiere, y logró convencer a los asistentes, que le premiaron con una larga ovación.

La segunda parte se dedicaba al repertorio más brillante y virtuosístico, con un Nocturno de Chopin, más intimista, y el famoso Andante Spianato y Gran Polonesa Brillante op. 22 del músico polaco. La sala se llenó de acordes resonantes e intensos, y se agitó con los ritmos marcados de la polonesa. El entusiasmo se palpaba en el ambiente. Como un fin de fiesta, los tres Preludios de Rachmaninoff, intensamente románticos, pusieron en juego todas las capacidades del piano. Al más esplendoroso y vibrante le siguió una salva de aplausos, dando fin al concierto.

Naturalmente, el público no iba a dejar irse a Iván Martín sin una “propina”. Esta, fuera ya de programa, consistió en una hermosísima y delicada transcripción hecha por el propio pianista de una Tocata, Adagio y Fuga de Johann Sebastian Bach para órgano en Do Mayor. Arreglado el Adagio para piano en La menor, nos lo ofreció como suave y delicioso reposo, tras el imponente “tour de force” al que nos había sometido. Nos gustó también mucho el elegante programa de mano, con unas didácticas e impecables notas de María del Ser. Un buen pianista, una excelente organización, un entorno precioso ¿qué más se puede pedir?

Escribir a Hertha Gallego de Torres