Crítica de discos

Nostalgia de Argentina

(Por Hertha Gallego de Torres)

Pasión Argentina, Cello Octet Conjunto Ibérico Elías Arizcuren, director, Elena Gragera, mezzosoprano, Challenge Classics, CC72170, 2007.
Pasión Argentina

Elena Gragera es poseedora de una carrera tan versátil como internacional, que tiene su reflejo en una más que abundante producción discográfica, casi toda ella a dúo con el excelente pianista Antón Cardó. Su última aportación ha consistido en la colaboración con el octeto de violonchelos de Elías Arizcuren y a tenor de los resultados, que se han traducido en varias giras y este disco que ahora sale, está mereciendo ampliamente la pena.

El registro “Pasión Argentina” consta de versiones para la voz y el octeto de violonchelos, realizadas por el propio Arizcuren, a veces en colaboración con Pablo Escande, de canciones clásicas de Ginastera y Guastavino, milongas de Piazzolla, y, específicamente para el octeto, de la suite del ballet Estancia y la Pampeana nº 2 de Ginastera. La atmósfera es suntuosa y aterciopelada, los violonchelos, pastosos y densos, pero también ligeros cuando es preciso, proporcionan una sonoridad inolvidable a estas músicas nostálgicas. Especialmente en la “Danza del trigo” del ballet, de extremada sutileza, parece detenerse el tiempo por un momento…

La voz maravillosamente dúctil de Gragera se pliega a los violonchelos emitiendo dulces arrullos o desgarrados sones, conforme va desgranando los textos puestos en música por los tres compositores argentinos. Canciones que nos hablan de amor, de soledad, de desamparo, y que en la cristalina y delicada voz de la cantante y con el acompañamiento grave de los chelos transmiten la emoción cálida de una velada en Buenos Aires (“mi Buenos Aires querido”). ¿Nos encontraremos a La Maga? Una hechicera es lo que parece Elena Gragera , especialmente al cantar la”Canción del árbol del olvido” ¡tan triste!, cuando su voz se eleva en mágicas ondas, transportándonos a un lugar donde la pena se transmuta, por una sutil alquimia, en gozo en la escucha (los poetas saben de estas paradojas).

En las notas al disco se incluyen –detalle de melómanos cultos- los textos de las canciones. El oyente de ámbito hispano no los necesitará al ser la dicción de Gragera clarísima, limpia, perfectamente modulada y narrar –decir- con toda nitidez e intención expresiva las historias que cuentan los poemas, algunos anónimos y otros del linaje de un Alberti o un Borges o los preciosos de Benarós ( el conmovedor “Sampedrino”,”Mi viña de Chapanay”).

Un disco para escuchar y después releer “El hombre de la esquina rosada”. La pasión, el misterio y el fulgor pervivirán en nosotros.

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