Zarzuela

Lo que hemos visto

(Por José Prieto Marugán)

Presentamos cuatro comentarios de José Prieto Marugán de diferentes espectáculos de zarzuela: La antología '¡Viva Madrid!' en el Palacio de los Deportes de Madrid, 'El dúo de la Africana' en el Teatro Municipal José María Rodero de Torrejón de Ardoz (Madrid), 'El rey que rabió' en el Teatro de la Zarzuela y el recital 'La música de Madrid' en el Ateneo

¡Viva Madrid! Una antología de la zarzuela. Fragmentos de diversas obras relacionadas con Madrid. Leticia Rodríguez, Amparo Navarro, y Azuzena López, sopranos. Enrique Ferrer, tenor. Manuel Lanza y Juan Carlos Barona, barítonos. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Joven Orquesta Nacional de España. Dirección musical: Miguel Rosa. Dirección de escena: Jaime Martorell. Palacio de los Deportes de Madrid, 3 de mayo de 2007.
¡Viva Madrid! Una antología de la zarzuela

Cada día se constata el gran interés de las gentes por la zarzuela; la casi completa ocupación de los teatros, la exhibición de carteles de “no hay entradas” y en el gran número de personas que asistieron a esta antología de la zarzuela madrileña, son demostración evidente y deberían ser causa de que quienes manejan los capitales públicos, prestaran a este tipo de espectáculos algo más de ayuda, aunque fuera en detrimento de otros que a pocos interesan.

Viva Madrid es un espectáculo formado por fragmentos de dieciséis zarzuelas madrileñas (La verbena de la Paloma, Luisa Fernanda, La Gran Vía, El último romántico, Las Leandras, El año pasado por agua, El tambor de granaderos, El barberillo de Lavapiés,  Doña Francisquita, La del manojo de rosas…) que ha sido preparado en un tiempo récord gracias al entusiasmo, esfuerzo y dedicación de todos cuantos han participado en él.  Sobre un enorme escenario deambularon más de 80 personas que lucieron 500 trajes dando vida a cuadros del Madrid castizo, del Madrid romántico y postromántico y del Madrid de los años 30.

Jaime Martorell, responsable de la escena, supo llenar el enorme escenario con movimientos suaves, sin violencias, dotados de una gran normalidad, y adelantándose a los siguientes números (para evitar graves e imperdonables “vacíos”) con discreción  y eficacia. La espectacularidad, alrededor del escenario, se tradujo en la presencia de caballos, hasta ocho; calesas, unos simpáticos globos autónomos que sorprendieron al público; la palma se la llevó una impresionante procesión religiosa,  presidida por una gran imagen de la Virgen de la Paloma, además de palios, cristos y un importante número de nazarenos, mientras sonaba un excelente fragmento (“Jueves Santo madrileño”), de una desconocida zarzuela del maestro Alonso: Doña Mariquita de mi corazón. Muy aplaudida la escena de la caída de la bandera francesa, sustituida por la española, bajo los acordes del preludio de El tambor de granaderos.

La orquesta, a cargo del maestro Miguel Roa, sonó muy bien (teniendo en cuenta el lugar y la necesidad de amplificación); el maestro supo imprimir un gran ritmo al espectáculo, para evitar “silencios” entre número y número. Los cantantes solistas se entregaron sin reservas y dieron al público ocasión de aplaudir su trabajo, aunque no sabía de quien se trataba en cada momento porque no figuraba en el programa. El barítono Enrique Ferrer, triunfó con la Romanza de Javier, iniciada sobre un magnífico corcel blanco; Leticia Rodríguez, puso chispa en el pasacalle de las mantillas de El último romántico;  el tenor Enrique Ferrer, se lució en Doña Francisquita (Por el humo se sabe…);  Amparo Navarro, magnífica en La chulapona; Juan Carlos Barona  salvó con dignidad un papel tan complicado, por conocido, como el de Don Hilarión, de La verbena de la Pamola; Azuzena López, correcta en su única intervención en El barberillo.  A todos ellos se unió  Manuel Lanza, barítono, verdadero triunfador de la jornada, que arrancó bravos en el “Madrileña bonita” de La del manojo de rosas. La amplificación de los cantantes, aunque siempre suaviza aristas, puede corregir defectos y ocultar detalles fundamentales en el canto, estuvo bien realizada y equilibrada.

Mención especial para el Coro de la Comunidad de Madrid que cumplió magníficamente, incluso en sus intervenciones escénicas, teniendo en cuenta que es un coro “de concierto” no habituado a moverse y bailar mientras canta.

El programa de mano un poco pobre (ni siquiera las biografías de los intérpretes) y con algunos errores. El último romántico es de Soutullo y Vert, no de Moreno Torroba.  Deslucida una inmensa pantalla sobre la que se proyectaban imágenes de ambiente.

Los asistentes aplaudieron sin reserva, les gustó y reconocieron el trabajo bien hecho; por esto resulta incomprensible que este espectáculo, de un costo enorme, se haya hecho “¡una única vez!. Por mucho que se inscriba en las fiestas del Dos de Mayo, merece la continuidad en la capital, en otros logares del país e incluyo, sería un producto perfectamente exportable.

El dúo de la Africana 5 de mayo de 2007. Teatro Municipal José María Rodero, de Torrejón de Ardoz (Madrid). L. Torres. R. Fernández de Terán.J. López. J.A. Moreno. C. Rodríguez. Coro y orquesta de “Amigos de la Zarzuela” de Torrejón de Ardoz. Director artístico y musical: José Antonio Torres.

Tiene mucho mérito que una Asociación de Amigos de la Zarzuela sea capaz de una montar una obra completa encargándose de todos los elementos necesarios: cantantes solistas, coro,  orquesta, escenografía y vestuario. Si lo hace con el nivel de calidad que tuvimos ocasión de disfrutar en la representación comentada, el mérito es mucho mayor y merece nuestro aplauso mas sincero.. Si tenemos en cuenta, además, que los Amigos de la Zarzuela de Torrejón, llevan muchos años ofreciendo estas producciones, que han sobrepasado las 150 representaciones y que en su repertorio figuran páginas como La del soto del parral, El huésped del Sevillano, Doña Francisquita, Gigantes y cabezudos, Agua, azucarillos y aguardiente… al entusiasmo hay que añadir el agradecimiento por difundir el  género con seriedad, entusiasmo y dignidad.

El dúo de la Africana

La representación fue dedicada a la memoria de José Gutiérrez “Pepín”, componente del grupo fallecido pocos días antes, al que artistas y público dedicaron un cariñoso aplauso cuando el Ayuntamiento entregó una placa a sus deudos.

El dúo de la Africana es obra simpática con una importante actividad teatral, en especial para el personaje de Querubini que debe ser capaz de entretener al público a pesar de expresarse en un “italiano” macarrónico.  Hizo correctamente el papel Jesús López, que cumplió en su dúo con el protagonista masculino. Ruth Fernández de Terán, dio vida a Amina, hija de Querubini en la ficción, y presentó el personaje, con la adecuada carga de excitación y nerviosismo que el libretista Miguel Echegaray imaginó para él.  Claudia Carriazo, en el papel de Serafina, puso fuerza y determinación en el papel de la madre del tenor protagonista, firme en su decisión de que el muchacho no cante ni siga en ese desgraciado oficio de cantante de ópera.

El dúo, en lo musical es partitura para dos: la gran diva de ópera “Antonelli” y el tenor “Giussepini”, mas interesado por la soprano que por la lírica.  Luisa Torres, de voz potente aunque algo irregular, superó las dificultades vocales del personaje y, en lo teatral, le representó con gracia, soltura y cierta picardía.  José Antonio Moreno, Giusseppini fue el triunfador de la velada. Su voz lírica, brillante y clara, le permitió resolver con solvencia el célebre fragmento “Yo no he nacido para casado” y, sobre todo, el dúo final con la protagonista.

La orquesta sonó bien, aunque hubiéramos deseado mayor presencia de la cuerda. El coro, por último, mostró una excelente afinación, soltura en el movimiento escénico y supo hacer entender lo que canta, detalle este a destacar, especialmente en un coro “amateur”.

El rey que rabió 10 de mayo de 2007. Teatro de la Zarzuela. J. Morales. E. Bayón. A. Font. L. Álvarez. E. Sánchez. L. Moncloa. F.J. Jiménez. F. Latorre. I. Fritschi. E. García Carretero. Coro del Teatro de la Zarzuela. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Director: Miquel Ortega. Escenografía: Luis Olmos.
El rey que rabió

Es posible que dentro de unos años se recuerde este Rey que rabió como una de las grandes producciones del Teatro de la Zarzuela, debido a la originalidad de su planteamiento, a la dinámica de su movimiento escénico, a la muy buena interpretación musical y a la grandiosidad de su vestuario.

Hay quien califica esta obra –y más después de ver esta presentación– como “opereta” o “comedia musical”, pretendiendo darle algo más de nivel; no es necesario, esta “zarzuela cómica”, como la denominaron sus autores, no necesita de ninguna ayuda externa porque, con su ingenioso libro y sus más de veinte números musicales, es una de las grandes obras del género.

Lo primero que sorprende de la idea de Luis Olmos es la ambientación de la obra en la pista de un circo; un guiño a la idea de que el gobierno de este rey teatral, como tantos y tantos gobiernos, es un verdadero circo. Pero el acierto de Olmos ha sido la discreción: se ha limitado a poner en escena trapecistas y malabaristas que ambientan la escena integrándose perfectamente en la historia, que en ningún caso ha sido violentada. La ficción del monarca que desea contemplar por sí mismo cómo viven sus súbditos, saliendo a la calle disfrazado de pastor, y las peripecias que le ocurren sigue intacta. Es de agradecer.

En este ambiente, con un vestuario exuberante y  colorista,  diseñado por Pepe Corzo, se movieron con soltura los cantantes. En la función que comentamos hizo el papel del Rey, el tenor santanderino Julio Morales que se ganó el aplauso del público cantando un rol originalmente escrito para una soprano (lo estrenó Almerinda Soler di Franco) y que es uno de los cambios más importantes realizados por Tomás Marco en la edición crítica de la partitura. Le dio la réplica la soprano Eliana Bayón, que hizo una Rosa formidable, cantando su famosa “arieta” (“Mi tío se figura”) con un exquisito gusto musical. Emilio Sánchez dio vida a Jeremías y cantó el difícil “raconto” (“¡Por Dios” ¡Por la Virgen!”) con soltura y sin agobio, aunque nos hubiera gustado un poco menos de velocidad. Luis Álvarez dio vida al General, que tiene un importante papel actoral; junto a Lorenzo Moncloa (el Almirante), Francisco Javier (el intendente) y Fernando Latorre (el Gobernador) compusieron un adecuado cuarteto para interpretar el simpático número de “la dimisión”. El coro titular se lució en sus intervenciones, especialmente en la mazurca de las segadoras y el famosísimo “coro de doctores”. Emilio García Carretero y Amelia Font dieron vida a los personajes secundarios Juan y María, con eficacia y profesionalidad. La orquesta, brillante y bien concertada con la escena gracias al control del barcelonés Miquel Ortega. Mención especial para los nueve artistas de circo procedentes de la Escuela Municipal de Circo de Alcorcón y la Escuela de Circo CARAMPA.

Teatro lleno, aplausos entusiastas y comentarios elogiosos fueron la reacción de un público entusiasmado por esta producción y, seguramente agradecido, porque no se le haya presentado un Rey que rabió adulterado y falso. ¿Se imaginan esta obra en manos de esos directores de escena modernos, progresistas y  desinhibidos?

La música de Madrid 15 de mayo de 2007. Ateneo de Madrid. S. González y T. Novoa, sopranos. J. Alonso, tenor. A. Viribay, piano.

Bajo el título “La música de Madrid. De la zarzuela a la comedia musical”, la Sección de Música del Ateneo y la Asociación Pro–Género Lírico Español, ofrecieron un recital que llenó la sala de la calle del Prado de música relacionada con Madrid, en el día de su patrón.

Dieciocho magníficos fragmentos de zarzuelas y revistas, algunos poco conocidos, dieron una imagen sonora del Madrid castizo más tradicional. Temas pertenecientes a El sobre verde, ¡24 horas mintiendo!, La Gran Vía, Cuadros disolventes, Las cariñosas, La chula de Pontevedra, La Revoltosa, La chulapona, El bateo, El año pasado por agua, Las de Villadiego, Me llaman la presumida, El último romántico y La eterna canción, calaron en el público que llenaba la sala.  Dos sopranos, Sonia González y Teresa Novoa,  se alternaron en la interpretación, casi un mano a mano, mostrando no sólo sus excelentes cualidades sonoras, sino una especial gracia interpretativa tan necesaria como difícil en estos papeles. La simpatía, el descaro y, casi la insolencia de la chula madrileña salieron a flote en media docena de chotis, y en un par de pasodobles. Fueron muy destacadas, la picardía de la Menegilda (Sonia González) y la resignación de Doña Virtudes (Teresa Novoa).

El tenor Javier Alonso, intervino en dos dúos con cada una de las sopranos, mostrando una voz potente, redonda y viril y, sobre todo, interpretando el rol de chuleta con la gracia y el estilo esperados. Se  lució, en solitario, en la intensa y dramática Romanza de José María, de La chulapona, que abrió la segunda parte del concierto.

Aurelio Viribay, al piano, acompañó a los solistas con su habitual seguridad y supo  integrar a su buen trabajo esas “irregularidades” del tempo que hacen especial la interpretación de los chotis.

Interpretar esos personajes típicos madrileños no es nada fácil; hacer de chulo o de chula, significa estar en el filo de la navaja, si te inclinas a un lado puedes resultar seco e insulso, si al otro, puedes caer en el engolamiento y la ridiculez. Como diría un castizo, como las siete y media: o te pasas o no llegas. Los intensos aplausos del público tras cada fragmento, fueron la recompensa a un trabajo bien hecho que le emocionó.

Escribir a José Prieto Marugán