OpusMusica Niños
El ballet y los cuentos
(Por Hertha Gallego de Torres)
Cuentos de ballets, selección, presentación y adaptación: José Morán, ilustraciones: Carmen Sáez, Susaeta Ediciones, S.A., Madrid.
El vestuario en pegatinas: Bailarinas, Actividades Usborne, Leonie Pratt, Diseño e ilustraciones: Stella Baggott y Vici Leyhane, Usborne Publishing, 2006.
Baila, Tanya, Patricia Lee Gauch, ilustraciones: Satomi Ichikawa, RBA Serres Infantil, ISBN 9788484880349.
Al buen conocedor de las historias del ballet romántico no se le escapa que la mayoría están basadas en leyendas y cuentos fantásticos de origen folklórico y oral, pero que también recoge, adaptándolos, cuentos de autores como Hoffmann y Andersen. Eran relatos que encantaban al público decimonónico, que se sentía fascinado por la combinación del amor, la muerte, la pasión, los elementos inevitablemente exóticos…y que hoy hechizan a los públicos que aún se resisten a perder la ingenuidad. Todo apunta a que estas ficciones, bien contadas, podrían ser del agrado de los niños curiosos y con tendencia a lo fantástico, al libre vuelo de la imaginación, y con tal fin se ha redactado esta preciosa obra. Es una más dentro de una colección que se llama “Grandes Libros” y que merece tal título no sólo por el formato en sí, sino por la ambición que la anima: se trata de volúmenes profusamente ilustrados, excelentemente editados y con un encanto especial. Los de “Gloria Fuertes para niños” y “Gloria Fuertes preguntas y respuestas” (que tienen también sus pequeños apuntes musicales) son deliciosos. Y en “Cuentos de Ballets” José Morán ha recogido y adaptado seis de los cuentos en los que se basan los más conocidos. Los escogidos son “Coppelia” – la muñeca autómata que cobra vida - , “El lago de los cisnes” (la doncella cisne redimida por amor), Petruscka (el protagonismo de los juguetes), “La Bella Durmiente” (un cuento clásico), “El Pájaro de Fuego” (un cuento de tono desenfadado) y “Cascanueces” (la fantasía de Hoffmann en la noche de Navidad).
Como introducción al mundo del ballet encandilará por igual a niños y niñas, a los que sumerge en las distintas historias el poderoso mundo visual de Carmen Sáez, muy colorista y lleno de pequeños detalles. También es muy útil para los aficionados a la danza que nunca nos hemos acabado de saber de verdad de qué trataban los argumentos de las representaciones que veíamos, y que ahora tenemos la oportunidad de leer una sinopsis muy bien redactada. ¡Estupendas ideas de un mundo editorial que se mueve a toda velocidad…!
Si alguno además tiene una pequeña bailarina en casa, de unos cuatro o cinco años, a la que le encante poner pegatinas, recomendamos “El vestuario en pegatinas: Bailarinas” ¡que tiene más de cien! Este libro, otro homenaje a la sensibilidad, presenta la sala de ensayo, las bailarinas en la sastrería, el maquillaje, de compras o la última función, y entre el vestuario se pueden encontrar los ballets de La bella durmiente, La Cenicienta, El pájaro de Fuego, Coppélia, el Cascanueces y El Lago de los Cisnes. Dan ganas de ser pequeña otra vez, al repasar sus páginas relucientes, poner sus ramos de flores a “Mar”,”Luna” o “Sol”, leer sus textos coquetos e inanes; no tiene nada que envidiar a los mágicos libros de mi infancia.
Patricia Lee Gauch fue bailarina de pequeña y ahora es escritora. Asociada
con la ilustradora japonesa - afincada en París- Satomi Ichikawa, ha creado
el personaje de la popular Tanya, una niña que baila ballet en
“Bravo, Tanya”, “Baila, Tanya” y otros libros más. Se trata de una propuesta
muy delicada y refinada. En “Baila, Tanya” , la niña no consigue danzar en
la Academia siguiendo el rígido compás. Sin embargo, en el campo, ella sola,
con la compañía de un osito y –esto lo añado yo, la música de las esferas-
conseguirá su propósito de hacerse con el ritmo natural de las cosas y de
su cuerpo.
El mundo de la danza permite múltiples acercamientos, como el de la infancia. Tan sólo es necesaria la excusa de una bonita obra, una madre o un padre solícitos, muchas horas por delante. El verano las propicia. Aprovechémoslas.

