Editorial

Festivales de verano: una llamada de atención

Comienzan las vacaciones y una miríada de Festivales se expande por todo el mundo civilizado ensanchando horizontes y prometiendo delicias a incontables melómanos y turistas. En nuestro país, el Festival Mozart de la Coruña, el Festival Internacional de Música y Danza de Granada, el Castell de Peralada, la Quincena Musical Donostiarra, el Festival Internacional de Santander, el de Torroella de Montgrí o el Via Stellae de Santiago de Compostela, entre muchos otros, compiten por asegurar la calidad de sus programaciones y atraer a las más rutilantes estrellas del momento. Es indudable que se va a hacer música, y muy buena música, este verano y sin embargo…

En España existen excelentes intérpretes profesionales con unos currículum apabullantes, que han tocado por medio mundo y que nutren los conservatorios, orquestas grandes y pequeñas, agrupaciones camerísticas de todo tipo…No son las grandes figuras que acostumbramos a ver en los Festivales, ocupando los principales recitales. Estos intérpretes de los que hablamos, que son quienes verdaderamente sustentan el tejido musical español, quienes están formando a la “generación ascendente”, la que viene -y 'pisando fuerte', según expresión muy usada-, consiguen de vez en cuando un concierto, pero tienen que pelear con los promotores, los intereses creados y la inercia del panorama artístico-profesional, que dan como resultado que en los Festivales –con honrosas excepciones – se repitan idénticos esquemas todos los años y haya, para los auténticos conocedores, muy pocas sorpresas.

A veces la ilusión surge en una pequeña localidad escondida donde el esfuerzo laborioso de unos pocos consigue el milagro. Hemos visto maravillas así y también cómo la dejadez o la desidia, aparcaban proyectos modestos – pero de gran alcance cultural- y los hacían fracasar. Pero insistimos, a lo mejor la verdadera solución está en estos pequeños granitos de arena, visto que la gran política tiende – con sus excepciones, que las hay- a los grandes nombres.

En resumidas cuentas, más imaginación, mejores programas, más atención a lo específicamente cultural y más mimos a nuestros intérpretes y compositores. ¡Son nuestra materia prima, sobre la que vamos a construir el edificio de la música española! En este sentido, no nos cansaremos de repetirlo, otros países -no hay que viajar muy lejos para comprobarlo- lo tienen mucho más claro.