Entrevista a Iván Martín

«Programar un recital es realmente algo
casi tan laborioso como ejecutarlo»

(Por Hertha Gallego de Torres)

Iván Martín al piano

Aunque aún no ha llegado a los treinta años, el pianista grancanario Iván Martín ya está considerado como uno de los más sólidos intérpretes del momento. Provisto de una técnica importante y de una brillante imaginación a la hora de afrontar el repertorio, será uno de los protagonistas de esta temporada musical. En esta entrevista para Opusmusica, Iván Martín nos desvela las claves de su mundo y nos abre la puerta para que echemos un vistazo a las múltiples ideas que bullen en su “cocina”. Sigámosle…

Tu carrera, que últimamente parece avanzar muy deprisa, se ha realizado paso a paso. Cuéntanos cómo fueron tus comienzos en Canarias y qué es lo que te decidió hacia el piano.

Pues se trata prácticamente de generación espontánea; según cuentan mis padres, cuando era aún bebé, no había manera de hacerme callar sino haciéndome escuchar música hasta el punto de tener que quedarme dormido con la radio encendida en la cuna... Poco después, cuando tenía cuatro años, recibí como regalo de reyes un teclado electrónico en el que reproducía de oído toda la música que escuchaba en casa, en los discos, la radio, la tele... Cada vez que salíamos a algún lugar en donde hubiera pianos, me ponía inmediatamente a tocar música popular, que era lo que se escuchaba en casa –no tenemos tradición musical “clásica” en la familia–, y de forma casual, en uno de estos conciertos improvisados en algún centro comercial, un señor que tenía un programa de radio quiso invitarme a dicho programa para hacerme tocar en lo que se convertiría en mi primer concierto. Muchísimos oyentes llamaron para, entre otras cosas, animar a mis padres a que me pusieran a estudiar música de una manera más seria y así fue, buscaron los profesores adecuados porque no tenía edad suficiente para entrar en el conservatorio y ahí comienza mi historia con este maravilloso instrumento que es el piano.

En tu formación destacan nombres de grandes profesores. ¿Hay alguno con el que sientas especial afinidad?

Más que elegir un profesor en particular, prefiero pensar en lo bueno que puede ofrecer cada uno de los maestros que me han escuchado; digamos que siempre se puede aprender, algún comentario, algún consejo... De alguna manera, todos los profesores con los que he trabajado han ido perfilando mi desarrollo musical, si bien guardo con especial recuerdo el último maestro con el que trabajé, Ireneusz Jagla, que influyó de manera decisiva en mi concepción de la música y del piano. Más que un profesor ha sido un verdadero “padre artístico” que ha guiado mis pasos para ayudarme a hacer realidad todo aquello que imaginaba musicalmente.

¿Cómo configuras tus programas? ¿Te gustan las sorpresas en tus recitales?

¡Programar un recital es realmente algo casi tan laborioso como ejecutarlo...! Creo que ofrecer un conjunto de obras interesante que a su vez guarde relación ofreciendo un contenido compacto y con sentido completo, es una tarea complicada y que requiere un trabajo bastante profundo. He de confesar que tengo verdaderos problemas para decidirme por obras concretas porque ¡hay tanta buena música...! Unas veces opto por contenidos monográficos, otras por una panorámica musical desde Scarlatti, Antonio Soler, Couperin o Rameau hasta el siglo XX... Digamos que las posibilidades son casi ilimitadas... Y claro, a todo músico le gusta sorprender al público, mentiría si dijera que no nos gusta alguna sorpresa completamente deliberada en las programaciones.

Muchos de tus compañeros se pasan a la dirección con más o menos fortuna. Ahí están los casos de Baremboim, Ashkenazy, Zacharias, Pletnev…Tú también has hecho tu debut como director interpretando los conciertos para teclado de Bach junto a la orquesta “Proyecto Bach”, grabado por RTVE. ¿Qué opinas de la experiencia?

Hasta ahora, los proyectos en los que he participado como director, también ha sido como pianista, así que por el momento veo la dirección como una disciplina complementaria a la ejecución al piano. También he tenido la oportunidad de interpretar y dirigir conciertos para piano y orquesta de Mozart, Haydn, junto a la “Orquesta de cámara del Liceo”, orquesta “Camerata Sa Nostra”... Respeto muchísimo la calificación de “director” y hasta ahora, más que dirigir, se trata de “concertar” a la orquesta para un fin concreto, con una dimensión camerística a gran escala. Aunque estudié dirección en su momento y me interesa mucho ese mundo, estoy centrado más en el piano por el momento. La visión de director sin embargo, ayuda muchísimo en el estudio de una partitura, aunque ésta haya sido escrita para piano solo.

Como renombrado intérprete de la música de J. S. Bach, Domenico Scarlatti, Haydn…¿Qué opinas del movimiento historicista de los últimos treinta años, ha aportado algo a cómo interpretamos hoy día la música de los siglos XVII, XVIII…?

Escuchar una versión historicista pensando en que ésa es exclusivamente la manera en la que ha de sonar, no pienso que sea una actitud adecuada

Soy un gran admirador y seguidor de las orquestas de instrumentos originales y la interpretación histórica, aunque creo por otra parte que los extremos nunca son beneficiosos, me explico: escuchar una versión historicista pensando en que ésa es exclusivamente la manera en la que ha de sonar, no pienso que sea una actitud adecuada porque por muchas investigaciones musicológicas que se emprendan, no deja de ser una tesis, una teoría de cómo algo pudo o no sonar en su momento. Recordemos que la técnica de los instrumentos barrocos se ha tenido que reinventar al completo por muchas referencias que se tengan como el método de violín de Leopold Mozart, o Carl Philipp Emmanuel Bach en el caso del clavecín y el fortepiano. Sin embargo, toda esa especialización ha repercutido muy beneficiosamente en la interpretación de la música barroca o clásica con otros instrumentos u orquestas modernas, porque los conceptos estándar se han ido modificando ligeramente. En definitiva, me gusta el clavecín y el fortepiano, pero no considero un pecado tocar obras del siglo XVII y XVIII en piano moderno con criterios históricos...

Iván Martín

¿Cuáles son tus principales influencias a la hora de tocar? Los libros que han publicado Rosen o Brendel sobre el piano, por ejemplo, aportan algo al intérprete, o son más bien para el melómano?

Creo que un intérprete, un artista, vive en un entorno con constantes estímulos, cualquier elemento puede resultar influyente en una interpretación, desde el piano en el que se toca, la sala, un olor, un color... En la preparación de una obra suelo investigar más que lo que quiso decir el compositor, qué le motivó a escribir según qué obra, porque en el caso de los creadores, el contexto histórico cobra una relevancia importantísima. Por supuesto, las biografías o las vivencias de otros artistas siempre resultan de gran inspiración pero a menudo algunos libros caen en lo anecdótico y en esos casos quizá no aporte algo que resulte tan revelador. Recuerdo libros muy interesantes al respecto, como “Entrevistas a Claudio Arrau” por J. Horowitz, “The great pianists” y “Una vida para la música” de H. Schomberg, “Quién mató a la música clásica” de Lebrecht...

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Tras conciertos en Madrid, Sevilla, y otras ciudades españolas, participaré en el Festival Internacional de Música y Danza de Granada interpretando “Noches en los jardines de España” junto a la Orquesta de París y Christoph Eshenbach, luego me iré a Mallorca para unirme a la “Camerata Sa Nostra” y hacer conciertos de Haydn, algunos recitales más en Canarias y participar en el “International Keyboard Festival” de Nueva York. Asimismo, interpretaré el segundo concierto de Rachmaninov junto a la Orquesta Sinfónica de Sao Paulo y Josep Pons en Brasil, y viajaré de nuevo a Nueva York para ofrecer un recital en el Carnegie Hall. En noviembre tendré la oportunidad de volver a visitar la orquesta de la RTVE e interpretar el Concierto en la menor de Grieg con el maestro Juanjo Mena.

Y con tanto ajetreo ¿Cómo evitas la sensación de estrés?

¿Estrés? (risas) Trabajamos mucho para organizar un calendario que no sobrepase un número de conciertos con los que se pierda el control absoluto de los resultados. Estudio mucho cada día y cada proyecto tiene sus espacios para no perder en ningún momento ese exigente ritmo de trabajo.

Fotografía de Iván Martín

¿Cómo afrontas el estudio?

Pues he de confesar que soy extremadamente maniático con el estudio, suelo trabajar una media de nueve o diez horas al día dentro y fuera del piano. El aspecto técnico-mecánico se resuelve con trabajo diario, pero el análisis y la concepción interpretativa y artística de las obras necesita otro tipo de estudio completamente fuera del ámbito estrictamente instrumental.

¿Eres partidario de tocar con partitura o sin ella?

El respeto al texto es primordial en las primeras fases del estudio, pero una vez interiorizada la música quizá ya no sea tan necesaria la partitura; en algunos casos, puede resultar hasta molesta.

Un recital o un concierto con orquesta supone un intercambio de energía con el público. ¿Cómo percibes ese fluir?

Es algo maravilloso. Contaré una anécdota que me ocurrió en Buenos Aires hace algunos años: terminaba un recital y en lugar de concluir con una obra muy brillante, decidí acabar con un nocturno de Chopin muy íntimo. Tengo la grabación del concierto y tras tocar los últimos acordes, pude contar treinta segundos antes del primer aplauso espontáneo del público. Te aseguro que ese silencio me valió más que ocho horas de aplausos... Nunca deberíamos subestimar al público, esa energía existe y es el fin de nuestra profesión: la comunicación.

Además, los pianistas tienen el inconveniente de enfrentarse a instrumentos que apenas conocen y con los que han tenido un contacto pequeño…

Exactamente, somos infieles con nuestro propio instrumento... (risas) Mejor intentar “enamorarse” de lo positivo que cada piano nos puede ofrecer que luchar en contra de sus defectos... Es otro de los elementos de inspiración: el piano que nos toca en cada concierto.

Hasta ahora te has movido más en el repertorio solístico. ¿Tienes también proyectos dentro de la música de cámara?

Mejor intentar “enamorarse” de lo positivo que cada piano nos puede ofrecer que luchar en contra de sus defectos

Intento hacer uno o dos proyectos de música de cámara por temporada, es importantísimo y enriquecedor compartir el acto de “re-crear” con otros colegas... Recuerdo la experiencia de interpretar el quinteto “La Trucha” de Schubert y obras de Lekeu junto al cuarteto “David” y Nuria Rial en el festival “Schubertiada a Vilabertrán” como una velada muy especial.

¿Cómo valoras el papel del disco en tu carrera?

El disco es un arma de doble filo, es fantástico si el público entendiera que la carrera discográfica es una carrera paralela a la de los conciertos... Desgraciadamente, una parte de la audiencia asiste a los conciertos con el fin de vivir lo mismo que ha escuchado en el equipo de música de su casa, cuando eso es algo completamente imposible. Estamos actualmente con proyectos muy importantes de grabación, pronto habrá noticias al respecto.

¿Qué versiones discográficas de otros pianistas te llevarías a una isla desierta?

Uff, ¿de qué tamaño es la maleta? (risas) Quizá me llevaría más música orquestal que de piano, aunque no me faltaría algún disco de Richter, Michelangeli, Pollini, Zimmermann... Y por supuesto, Bach, mucho Bach.

¿Crees que hoy en día existe una forma estandarizada, “globalizada” de tocar?

Hace algunos días tenía este tema de conversación con algunos amigos cuando analizábamos las grandes personalidades del piano en generaciones anteriores y cómo está resultando el mundo musical actual, y creo concluir que estamos perdiendo el carácter en pro de una profesionalización quizá algo más fría. Y ocurre en muchos campos, directores, violinistas, pianistas... Las grandes personalidades creativas de antaño son muy diferentes a los cánones preestablecidos hoy en día, y en determinados casos, no hemos salido beneficiados con el cambio. Quizá el disco ha sido uno de los factores que han propiciado este cambio.

También prestas atención a la música contemporánea, no sólo como intérprete sino como compositor…

Con la composición me ocurre algo parecido a la dirección; en mi caso es una faceta que complementa a la interpretación y me permite ver una obra con otros ojos a la hora de analizarla. La palabra “compositor” me produce auténtica veneración y no me considero a mi mismo como tal, aunque haya estrenado algunas obras... Con respecto a la música contemporánea, creo que debemos defender la música de nuestro tiempo porque, como en todo, hay música de muy buena calidad que necesita y merece ser difundida. Hasta ahora, he tenido el inmenso placer de estrenar obras de compositores como Antón García Abril, Cristóbal Halffter, Pedro Halffter, Alberto Martínez, Daniel Roca, Pilar Jurado o Ramón Paus y ha sido una experiencia fantástica el poder contar con la ayuda del compositor para poner en pie la obra, ojalá pudiéramos hacer lo mismo con Bach, Beethoven, Chopin, Schumann... Se me ocurriría más de una pregunta que hacerles... (risas)


También a nosotros se nos ocurren muchas más cuestiones para Iván Martín, pero el tiempo se acaba. ¡Pronto tendremos más noticias de él!

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