Ben Heppner en Bilbao

Un recital de reclinatorio

(Por Otis B. Driftwood)

El concierto de ABAO-OLBE. Palacio Euskalduna. Bilbao, 16 de Junio de 2007. Ben Heppner, tenor. Director musical: Eric Hull. Orquesta Sinfónica de Szeged.
Ben Heppner

"De reclinatorio" es una expresión que una amiga mía (no, tampoco se trata en esta ocasión de Mrs. Claypool) suele utilizar para referirse a una pelicula que provoca una admiración sin límites, de esas que hay que admirar de rodillas y con unción (y ahora que lo pienso, también la forma en la que dicen que hay -¿había?- que peregrinar a Bayreuth). Mi amiga, me suele contar que esa frase la solía usar Garci en aquel programa de cine que tenía en la "2". Yo me voy a permitir usarla como la mejor forma que se me ocurre para calificar este concierto, ofrecido por Ben Heppner en Bilbao.

No soy demasiado amigo de los recitales de ópera, porque pienso que los fragmentos que se interpretan, fuera de su contexto, no pueden expresar completamente las intenciones dramático-musicales para las que fueron concebidos. Pero también entiendo que la única oportunidad de ver a determinados cantantes en Bilbao es en conciertos como éste. Conseguir que un divo consagrado, que actúa en los principales festivales de ópera del mundo, disponga de dos semanas para montar una representación aquí es prácticamente imposible. Así que ABAO para no renunciar a presentar en el Euskalduna a ninguna gran figura de la lírica ha optado por este camino, y tras el éxito anterior con Cecilia Bartoli, ha programado este recital de Ben Heppner.

Y, lo admito, este recital me hace reconsiderar seriamente mi posición ante este tipo de eventos. Y eso que no tuvo, para mi, un comienzo demasiado prometedor. Las dos primeras obras programadas eran la obertura del "Der Freischütz" y a continuación el aria "Durch die Wälder" de la misma ópera. Weber y yo sospecho que tenemos algún tipo de incompatibilidad a un nivel muy primario porque toda su música me parece aburridísima. Así que, aunque se apreciaba que Heppner es un gran cantante, tampoco me hizo dar saltos de alegría y desde luego no me produjo la más mínima emoción en su primera intervención. Tras un nada solemne y muy poco matizado Preludio de "Lohengrin", Heppner cantó "In fernem Land". Bastó que pronunciara esas primeras palabras para que sintiera un escalofrío en la espalda. Fue una interpretación excelsa, poderosa, llena de agudos increíbles, con una voz preciosa, con una técnica de tenor dramático depuradísima....pero a quién le importa todo eso si sobre todo fue algo absolutamente emocionante, de llevar hasta el borde de la lágrima…y más allá, de sorpresa por descubrir que existen todavía voces de una especie que parecía extinguida…

Tras otra rutinaria intervención orquestal (la obertura de "Der Fliegende Holländer"), Heppner llegó todavía más arriba en su demostración de calidad y talento en dos fragmentos de "Die Walküre": primero el Winterstürme, que cantó con un lirismo arrollador y rotundo. Y luego la escena de la espada y la proclamación solemne de su calidad de welsungo ("Siegmund heiß' ich"). No se me ocurre otra forma mejor de expresar todo el heroísmo y determinación que debe mostrar el canto de Siegmund en esa escena que la que mostró Heppner. Sencillamente conmovedor.

La segunda parte fue más italiana. Comenzó con una página musical de "Le Villi" ("La tregenda"), en la que la orquesta estuvo mucho mejor, y, tras ella, Heppner ofreció el "Ch'ella mi creda" de "La Fanciulla del West". A mi me pareció que estuvo soberbio aunque también me dio la impresión que fue una página que no entusiasmó demasiado al público. A continuación, dio cuenta de "Ò souverain, ò juge, ò père" de "Le Cid" de Massenet., con una interpretación gloriosa, llena de solemnidad y demostrando lo amplio de sus recursos musicales y expresivos y la versatilidad de su voz para adaptarse también al repertorio francés.

Tras el Intermezzo de Manon (una música que, si me permiten el inciso personal, me recuerda siempre al lago de Panticosa, sitio al que algún día tengo que ir para escucharla) y ya para acabar, Heppner cantó las dos intervenciones principales del tenor en "Andrea Chenier". En primer lugar, la que es última en la ópera ("Come un bel di di maggio"), de forma bastante plana e inexpresiva, sobre todo en comparación con el nivel general, y, sin duda, la menos conseguida de todas sus intervenciones. Y finalmente, "Un di all'azzurro spacio". No encuentro palabras para describir el torrente de sensaciones musicales y dramáticas que desplegó y el intenso impacto que provocó. La ira revolucionaria, la piedad, el amor, el desprecio,....todo estaba allí, todo expresado con claridad inaudita y musicalidad prodigiosa. Un final apoteósico, en el que los bravos y aplausos solo consiguieron arrancarle el "Amor ti vieta" como propina…única (iba a decir raquítica, pero sería injusto ante el caudal de buen hacer que ya habíamos disfrutado).

En todo caso, un recital memorable de un artista grandioso.

Fotografía © by Marty Umans
Escribir a Otis B.Driftwood