Ópera en Barcelona
Kovanchina: la voz de un pueblo
(Por Enid Negrete)
Kovanchina. Opera en cinco actos. Libreto y música de Modesto Mussorsky, con la orquestación de Dimitri Shostakovich. Dir. Musical: Michael Poder, dir. de escena: Stein Finge. Vladimir Ognovenko (Ivan Khovansky), Vladimir Galouzine (Andrei Kovanski), Robert Brubaker (Vassily Golitzin), Nikolai Putilin (Shaklovity ) Vladimir Vaneev (Dossifei), Elena Zaremba Elena (Marfa), Nataliya Tymchenko (Emma), Graham Clark (Escriba), Pavel Kudinov (Varsonoviev), Francisco Vas (Kuzka), Mihail Vekua (Streshnev). Coro y orquesta del Gran Teatre del Liceu. Coproducción Gran Teatre del Liceu y Théâtre Royal de la Monnaie. 28 de mayo de 2007
Pocas óperas tienen en realidad una estructura dramática que represente a un colectivo como el personaje protagónico. Este es uno de los casos más interesantes del repertorio ruso que ha llegado a nosotros en esta espléndida versión coproducida por dos teatros europeos.
La solidez estructural tanto dramática como musical de la ópera rusa no deja de sorprendernos cada vez que nos acercamos a este repertorio, que no es tan conocido ni representado como debería en nuestros países.
En una escenografía de líneas puras y con una clara referencia a la estética de Europa del este. Esta puesta en escena es una de las pocas trasposiciones de época que nos han permitido disfrutar de una perspectiva nueva de la obra.
El texto original se sitúa a principios del reinado de Pedro I, en una época de absoluta inestabilidad política y social, y la propuesta de Mussorsky es condensar los acontecimientos históricos de varios años en unos días. Por su parte la dramaturgia del director escénico es trasladarlo a la época del stanilismo y la segunda guerra mundial. Con este cambio temporal esta obra magistral, que es un retrato de la vida del pueblo ruso, se vuelve un retrato del espíritu ruso.
Este es un montaje de movimientos escénicos limpios, lógicos y llenos de realismo. Dispositivo escénico sencillo y sin gran parafernalia, pero sumamente efectivo y eficiente. La dirección de escena sorprende todo el tiempo, sin perder la unidad estética. La inserción visual de los árboles típicos rusos, como único elemento naturales la escenografía, logra un efecto conmovedor.
Aunque debe decirse que todo el elenco tenía una homogeneidad en su calidad, la verdad es que lo más sorprendente fue el trabajo del coro. Ya que esta obra se basa en el tránsito y la vida de un pueblo, su participación es clave y en este caso estuvo muy resuelta tanto musical como escénicamente. Evidentemente la música coral de Mussorsky es excelente, con esas melodías profundas y entrañables a las que nos tiene acostumbrados la tradición musical rusa, y en este caso la dirección escénica ha logrado un excelente manejo de masas, donde incluso se pueden recordar algunos movimientos masivos del cine Einsestein. En general podemos decir ha sido interpretada con mucho cuidado, dando una vivacidad y fuerza sin la que esta obra carecería de sentido.
Lo único que me gustaría recalcar es que la ópera es demasiado larga para tener sólo un intermedio. El compositor también toma en cuenta la atención el espectador para poner las divisiones de los actos y en algunos casos sería bueno respetarlo.
Lo que sí es sorprendente es que después del intermedio la gente se vaya, a pesar de ser un muy buen montaje de una obra maravillosa. Los abonados del quinto piso nos sorprendimos mucho de ello.

