Crítica de libros

El arte del piano

(Por Antonio José López Domínguez)

Título: El Arte del Piano: consideraciones de un profesor. Autor: Heinrich Neuhaus. Traductores: Guillermo González y Consuelo Martín Colinet.. Editorial: Nueva Carisch España, Real Musical, Madrid, 1985. ISBN: 978-88-507-1008-9. Nº de páginas: 223
El Arte del Piano

Heinrich Neuhaus, maestro de dos de los más grandes pianistas del siglo XX, Sviatoslav Richter y Emil Gillels, y promotor importantísimo de la actual escuela rusa de piano, nos ofrece en este “Arte del piano” una visión altamente enriquecedora de lo que es fundamentalmente importante para el pianista y para el pedagogo.

Si bien es verdad que la evolución de este instrumento ha sido vertiginosa debido, por una parte, a la cantidad y calidad de música escrita para él, y por otra, a la cantidad de pianistas existente, no lo es menos el que una gran cantidad de entre ellos ha aprendido a tocarlo sin ningún rigor científico.

Neuhaus analiza todos los elementos relevantes de la interpretación pianística. Centrándose en los elementos que hay que poner de manifiesto en la obra musical, pasa revista a las cualidades personales y técnicas que debe poseer el intérprete para conseguir ese objetivo y, al referirse a todo ello va exponiendo cuáles han de ser los métodos del pedagogo para que, trabajando con el material humano adecuado, pueda llegar a desarrollar esas cualidades de la mejor manera posible.

Es un libro también impregnado de cierta filosofía de vida. No es únicamente un compendio de opiniones o recetas para afrontar la pedagogía pianística sino que hace especial hincapié en el mundo del arte y de la cultura en su globalidad para acercarnos no sólo al mundo de la pedagogía musical sino a la propia música y a la propia vida. Este libro no sólo da testimonio de sus logros como profesor, sino también como músico y hombre.

Este libro no sólo da testimonio de sus logros como profesor, sino también como músico y hombre.

Habla de la enseñanza con una gran convicción, pasión y sencillez, pero, al mismo tiempo, con unos conocimientos que la hacen atractiva no sólo a profesores y a alumnos, sino a cualquier melómano.

Heinrich Neuhaus nació en 1888 en Elizavetgrado (hoy Kirovogrado) en una familia de músicos. Tanto su padre como su madre eran profesores de piano. El padre, Gustav Neuhaus, nacido en 1847 en el Rhineland, había estudiado con Ferdinand Hiller quien, a su vez, cuando joven había conocido a Beethoven. Su madre, Olga Blumenfeld, era la hermana de Félix Blumenfeld, pianista distinguido, director y profesor, primero en Petersburgo, y después en Moscú: Horovitz fue uno de sus más famosos discípulos. Por su abuela materna estaba relacionado con Karol Szymanowski quien le convirtió en un amigo durante toda su vida.

Ya que sus padres rara vez podían perder el tiempo en enseñar a su hijo, Heinrich Neuhaus, hablando estrictamente, fue autodidacta, tocando el piano e improvisando apasionadamente desde su niñez más temprana. La principal influencia formativa en su desarrollo musical vino de Félix Blumenfeld, en sus raras visitas a casa de su hermana.

Heinrich Neuhaus hizo su primera aparición pública a la edad de once años, tocando algunos valses de Chopin y un Impromptu. En 1902 acompañó a Misha Elman en un recital en Elizavetgrado. Su primer recital solista tuvo lugar en Alemania en 1904 y de ahí en adelante dio varios conciertos en Alemania, Italia cuando estudiaba con Godowsky, primero en Berlín y después en Viena, de donde volvió a Rusia al comienzo de la Primera Guerra Mundial.

En 1922 comenzó a enseñar en el Conservatorio de Moscú y ayudó a crear en 1932 la famosa Escuela Central de Música para niños especialmente dotados. De 1934 a 1937 fue director del Conservatorio de Moscú, puesto que abandonó, para poder dedicarse enteramente a la enseñanza, a la que sacrificó la mayor parte de su carrera como concertista.

Entre sus discípulos estaban Radu Lupu, Emil Gillels y Sviatoslav Richter que lo llamó artista de genio único, gran profesor y amigo. Rara vez han estado los dones artísticos tan íntimamente igualados por las cualidades de una devoción desinteresada, una humanidad profunda, una cultura verdadera y una gran capacidad para conceder y ganar amistad. Murió el 10 de octubre de 1964.

Una 'Historia del piano' en OpusMusica
Escribir a Antonio José López Domínguez