Crítica de discos
José María Beobide y su discípulo Antonio José:
obras para órgano
(por Juan Luis Sáiz Virumbrales)
Título: José María Beobide y su discípulo Antonio José. Obras para órgano. Compositores: José María Beobide (1882-1967) y Antonio José Martínez Palacios (1902-1936). Intérpretes: Esteban Elizondo Iriarte (órgano) y Arantza Ezenarro (soprano). Sello: Aeolus. Referencia: AE-10631
Desde hace pocos años, la música para órgano romántico está siendo rehabilitada en toda Europa, desempolvando y dando otra vez a conocer piezas de gran valor y belleza que permanecían arrinconadas. Efectivamente, después de la II Guerra Mundial, el descubrimiento de la música antigua de órgano, llevó a que se ignorara con excesiva frecuencia la música del siglo XIX y principios del XX. También los órganos de estética romántica, los más apropiados para la interpretación de este tipo de piezas, fueron muchas veces arrinconados y poco valorados. Por fortuna, como hemos dicho, de unos años a esta parte, esto ha cambiado. Cada vez hay más interés por parte de intérpretes y discográficas de explorar este repertorio y de conocer estos órganos construidos entre 1850 y 1940, muchos de ellos de gran interés y belleza.
Algo así ocurría en España. Hasta hace un tiempo, parecía como si la música de órgano española hubiese nuerto con la figura de Antonio Soler. Sin embargo, existe un siglo XIX, resumido por Hilarión Eslava y su Museo orgánico español, una generación de transición entre Hilarión Eslava y la organistas de la primera mitad del siglo XX, pertenecientes a la llamada generación del Motu Proprio y los músicos de este último periodo, entre los que destacan las figuras de Guridi, Otaño, el P. Donostia, Luis Urteaga, Eduardo Torres o José María Beobide. Cierta parte del redescubrimiento que estamos presenciando de esta música y de estos órganos lo debemos al organista Esteban Elizondo, que trabaja para dar a conocer todo este patrimono y que sea valorado no sólo por eruditos, sino por la sociedad en su conjunto.
José María Beobide nació en la villa guipuzcoana de Zumaya en 1882 y allí recibió sus primeras clases de música de mano de Antonio Trueba, organista de la parroquia de la villa. Beobide prosigue su formación en Pamplona y posteriormente en el Conservatorio de Madrid, siendo destacado alumno de destacados profesores. A los 18 años se desplaza a Quito (Ecuador), pues la Compañía de Jesús le ofreció allí el puesto de organista y profesor del colegio que allí poseía. Beobide también desempeñó en el Consevatorio de Quito el puesto de profesor de solfeo y piano. Sin embargo, el clima de la ciudad ecuatoriana no era bueno para la salud de nuestro músico, teniendo que renunciar a sus puestos. Beobide se dirigió entonces a Estados Unidos, donde se le ofreció el puesto de organista en Filadelfia, algo que rechazó, al ser un templo protestante. De nuevo en España, nuestro organista desempeña las labores de profesor en Baracaldo y en El Escorial durante breve tiempo. En 1914 llega a Burgos y allí ocupa los puestos de organista de la iglesia de La Merced (PP. Jesuitas) y de profesor en el colegio que la compañía tenía en la ciudad castellana. Es allí donde se casa y por ello, tendrá unos vínculos muy grandes con Burgos. En 1930 se traslada a Pamplona, donde desempeña nuevamente los puestos de organista y profesor de música y, desde 1940, los de profesor de Solfeo, Historia de la Música, Armonía y Trasposición en el conservatorio pamplonés. En 1959 se jubila y regresa con su familia a Burgos, donde muere en 1967.
Beobide es autor de obras para piano, voz, orquesta, u órgano. Las obras para este último instrumento están destinadas más bien a la liturgia que a conciertos, aunque, tras las reformas del Concilio Vaticano II, estas piezas han quedado desligadas del contexto para el que fueron creadas y casi la única solución para su escucha es en conciertos o discos. En la música de Beobide se observan influencias de la música francesa, pero sobre todo de la alemana postromántica (Wagner y Richard Strauss) y otras varias, uniéndolas todas en un eclecticismo que caracteriza su estilo, denso, con melodías cuidadas y muy evocadoras y armonías densas y complejas, con numerosas modulaciones.
En el disco se encuentran diez obras que generan un interesante retrato musical de Beobide. La primera pieza es una Meditación, compuesta durante la estancia de Beobide en Quito. Se trata de una inspirada melodía desarrollada a través de ingeniosas modulaciones y de una densa armonía de resabios wagnerianos que demuestran el profundo conocimiento armónico de Beobide. La segunda obra del disco es una Fantasía, quizá la obra más conocida de su autor por las varias ediciones de las que ha gozado la partitura. Se trata de una obra estructurada en varios pasajes: la obra empieza con la exposición del motivo, a continuación aparecen dos fugados encadenados sobre ese motivo, el cual se vuelve a exponer después, recuperando el pasaje inicial. La obra termina con una coda en la cual vuelve a reaparecer el motivo, esta vez de manera muy solemne. A pesar de esta aparente fragmentación, la obra es muy unitaria y muestra una gran sabiduría en el manejo del contrapunto y la armonía. A continuación, el Final en re mayor, nos muestra un motivo inspirado en los toques ceremoniales de trompetas, que genera esta obrita de poca extensión, aunque de gran elegancia. El Eco del valle es una curiosa pieza, más bien profana. Muestra una pequeña introducción cromática que nos introduce muy acertadamente en el ambiente de la obra, la cual es un canon con una bella melodía, muy afectuosa y evocativa. En la coda, el motivo se transforma, sin llegarse a perder la idea de canon de la pieza. Después, en el disco, aparece el Intermezzo sinfónico cromático, una interesante obra muy densa armónicamente y realmente orquestal, tal y como anuncia el título, así como de un cromatismo que conlleva una gran riqueza armónica. También hay varios pasajes contrapuntísticos realmente magistrales. El Andante en mi mayor nos muestra hermosa melodía, muy inspirada, con una armonización de gran riqueza y variedad. En el Ofertorio en la mayor nos encontramos una melodía de gran colorido romántico y, ante todo, wagneriano, desarrollada con un discurso musical lleno de tensiones hábilmente manejadas, que es contrapuesta a otra melodía más íntima y femenina para crear variedad dentro de la unidad de discurso musical. En cuanto al Scherzo alla Beethoven, el mismo título indica lo que es en esencia esta curiosa pieza. En ella encontramos un tema aparentemente juguetón y desenfadado pero que, como en los scherzos del llamado primer periodo del maestro de Bonn, se suceden episodios juguetones y alegres con otros dramáticos o más meditativos; sin embargo, el ambiente juguetón se termina imponiendo en esta pieza que demuestra el gran conocimiento de la estética musical por parte de Beobide. El Preludio en si bemol mayor está compuesto sobre un tema suministrado para ser armonizado como ejercicio dentro de las oposiciones a organista de la Catedral de Burgos, como era común en aquel entonces. Al principio de la obra de Beobide, se expone este tema, con una armonización que genera un ambiente muy íntimo, que se abandona poco a poco, al hacerse el discurso cada vez más heroico, hasta la coda, muy solemne y del todo impregnada de ese espíritu heroico al que aludíamos. Las obras de Beobide en este disco se cierran con el Ofertorio en do menor, pieza magistral que encadena varios fugados y una última sección dramática de compleja armonía y pasajes virtuosísticos.
No cabe duda de que nos encontramos ante la obra de un compositor de gran valía y al que merece la pena descubrir y conocer por su música llena de belleza.
También se ofrecen en este disco dos obras del compositor burgalés Antonio José Martínez Palacios, conocido simplemente como Antonio José. Este compositor, nacido en Burgos en 1902, fue alumno de Beobide y ambos se profesaron admiración y cariño mutuo. Antonio José prácticamente sólo recibió enseñanza de Beobide y llegó a componer extraordinarias obras encuadradas muchas de ellas en el Nacionalismo, tales como la Sinfonía castellana, la Obertura gallega o la ópera El mozo de mulas, que muestran a un compositor maduro, con mucho eclecticismo y gran modernidad. Antonio José, por recomendación del propio José Mª Beobide, ocupa en 1929 la dirección del Orfeón Burgalés, componiendo para esta formación varias obras corales de gran calidad. Por desgracia, este compositor, que ya apuntaba alto pese a su juventud, fue fusilado en 1936, durante los primeros meses de la Guerra Civil Española.
Las dos obras que Antonio José compuso para órgano se encuentran en este disco. La primera, Improvisación, es una obra que demuestra el eclecticismo del compositor. En ella se encuentran recuerdos, naturalmente, de su maestro Beobide, de Wagner, de Franck, de Debussy e, incluso, existe un dodecafonismo muy tímido e incipiente. En la Elegía: Oh Jesús agonizante, nos encontramos una bella obra para voz y órgano, llena de expresividad y que recuerda en muchos aspectos a los Lieder de Mahler, habiendo en la obra un dodecafonismo elemental en algunos pasajes y que hace que la pieza tenga una tonalidad muy vaga.
La interpretación del organista Esteban Elizondo está muy compenetrada con el espíritu de las obras y sabe darlas expresividad y sacar su sentido a través de la articulación, los matices y los pequeños cambios de tempo, además de contar para ello con la ayuda de la registración, muy apropiada también en todos los casos. La soprano Arantza Ezenarro, que interviene en la Elegía de Antonio José, demuestra enfrentarse con la obra con mucha musicalidad. Posee una bien timbrada voz y su línea melódica es muy nítida y expresiva.
Por último, creemos también interesante referirnos al órgano en el que se interpretan estas obras: se trata del Cavaillé-Coll de la iglesia de la Merced de Burgos, de dos teclados y pedal, e instalado en la iglesia en 1905. Este es el órgano que pulsó Beobide durante su estancia en Burgos y en que seguramente interpretó alguna de las obras que se encuentran en el disco, por lo que el órgano es sin duda muy apropiado para la interpretación de la música de este compositor. En 1926 se estrenó, con este órgano, la Elegía de Antonio José. El futuro del instrumento quedó seriamente comprometido el 21 de abril de 2001, cuando un incendio destruyó el altar mayor del templo y afectó muy seriamente al órgano, derritiendo la tubería del I teclado y deteriorando otros componentes del instrumento. Una restauración, llevada a cabo por G. Grenzing, ha devuelto el órgano a un estado óptimo.
Otros CD's de órgano reseñados en OpusMusica:
Conciertos para órgano de Haendel
El órgano de la Colegiata de Ziortza
El órgano de Santa María de Cadaqués

