Recital de violín

Virtuoso español conquista La Habana

(Por Jorge Fiallo)

Lugar: Teatro Auditorium “Amadeo Roldán” de La Habana. Fecha: domingo, 15 de julio de 2007. Intérpretes: Francisco José Montalvo (violín solista), Orquesta Sinfónica Nacional, Juan Luis González (director).
Francisco José Montalvo

Con sus intensos catorce años de edad, el violinista español Francisco José Montalvo sumó a su haber de plazas conquistadas una que para siempre recordará su paso por la escena del Teatro Auditórium Amadeo Roldán, donde hizo renacer el asombro ante los niños prodigio que han sido leyenda en la historia del arte musical, en esta época que afinca más la pedagogía en el desarrollo de las cualidades en potencia, con sus diversos grados, pero no desatiende ni se desentiende de lo dado ya en la más temprana edad como cualidades en acto  que, si no innatas, por lo menos resultan como inscritas en el código genético a modo de semilla para poner a germinar y cultivar, eso sí, con todo esmero.

Solista frente a la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba, que tuvo esta vez la batuta de su coterráneo, el Maestro Juan Luis González, se presentó con obras de profundo calado técnico y expresivo como la Sinfonía española, del francés Édouard Lalo, el Zapateado, del español Pablo de Sarasate y, ya fuera de programa ante el insistente aplauso, una melodía de la ópera Orfeo y Eurídice, de Glück, sentimiento y pulso interior sostenido claramente por el violín en estricta soledad, que no hacía falta más para percibir la dimensión de aquel lamento desconsolado y presentir el diálogo implícito con las fuerzas ciegas que gobiernan el destino, como se presiente el acompañamiento armónico en los latidos sugeridos con arco maestro. Un arco, además, que acusa la buena técnica del agarre y el peso precisos para modelar el sonido más redondo. 

Si parece mucho decir para un niño, algunos botones de muestra engalanan su intensa y rica hoja de vida, pues con sólo doce años logró la promoción a los estudios musicales universitarios en el Conservatorio Superior de Música de Córdoba con Luis Rubén Gallardo, de modo que se trata del alumno más joven de su generación en los Conservatorios Superiores españoles.

Todo comenzó con las primeras lecciones que le diera su padre, Francisco Montalvo García, Profesor de Violín del Conservatorio Superior de Música de Córdoba, ante el interés mostrado por un niño que actuó ya ante el público con sólo seis años, tuvo su primera presentación internacional a los diez en el Principado de Andorra y, a esa misma edad, ofreció el primer concierto como solista con orquesta. A los doce acumulaba actuaciones de solista en instituciones de prestigio internacional como la Orquesta Sinfónica de Radio Televisión Española  y la Valley Simphony Orchestra & Chorale  en EE.UU.

También ha recibido el apoyo de directores como Daniel Barenboim, Jean-Jacques Kantorow, Adrian Leaper, Salvatore Accardo, Néstor Eidler, Yuri Nasushkin, Manuel Hernández-Silva o Alexis Soriano. Dirigido habitualmente por el maestro Yuri Petrossian, desde los ocho años Montalvoamplia estudios con maestros de talla internacional como Néstor Eidler, Serguei Fatkouline, Mathis Fischer, Serguei Teslia, Jean-Jacques Kantorow, Salvatore Accardo o Joel Smirnoff, entre otros.

Más allá de este resumido y apurado recuento curricular, en su presentación de La Habana Francisco José Montalvo demostró sobre la escena que con su corta edad es ya todo un artista de pies a cabeza, como para dominar el escenario frente a la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba en la Sinfonía, de Lalo y el Zapateado, de Sarasate, ambas marcadas –aparte de su evidente virtuosismo-,  por un pulso y un temperamento expresivo más asociado generalmente al mundo sentimental de los adultos y que él llena con la poesía que encuentra penetrando en la esencia de las cosas, en la filosofía que esconde hasta la más simple melodía.

Es entonces cuando comprobamos que no hay nada de inocente en su manera de percibir lo que otros pusieron en la partitura y de expresarlo con soltura y gracia, proceso en el cual le ayuda, sin lugar a dudas, el fuerte basamento en las raíces musicales de su tierra sobre las cuales se regodea buena parte del programa que nos interpretó.

Francisco José Montalvo durante el concierto

En efecto, las dos primeras obras le habían permitido proyectarse en esa dirección, haciendo brotar los aires de hispanidad que ya por varios siglos inspiraron partituras primero por el Viejo y después por el Nuevo Mundo, muestra de lo cual es la Sinfonía…, que Lalo dedicara precisamente a Sarasate.  

Duende le dicen, nos cuenta Lorca, en toda Andalucía. Pues este infante, con aire de tan profunda modestia, lo desata ante nosotros en ese estado de gracia que brota de vivir lo trascendente, de entonar perfectamente con el universo, con las vibraciones que le capta y devuelve amplificadas hacia nuevas dimensiones de inteligencia y sentimiento.

No me anima ningún sentido de contemplación, y mucho menos cabe decir de compasión por la corta edad del violinista: lo que hace hoy –con independencia de que se pueda esperar una mayor madurez en el futuro- es ya un producto consumado, con todas las virtudes y sin muchos de los defectos de cualquier maestro, donde si el agarre se le debilita accidentalmente un poco no es más que por una pura contingencia.

Queda claro que se trata de un leve accidente y no de una constante que –dicho sea de paso- es a encontrar las constantes a lo que resulta más productivo y edificante dedicarse frente a un gran artista, que un accidente le puede aguardar incluso al más veterano, pues la interpretación en vivo reserva las sorpresas de todo lo creado al momento ante de nosotros, sin los parches y ediciones de la grabación en estudio.

Súmese a todo lo dicho el serio problema de climatización que afecta a la sala, con un calor que se hace bien insoportable desde el comienzo mismo de cada concierto y se podrá valorar, dando el testimonio con más fidelidad y rigor –no por disculpar lo que no lo necesita- el verdadero alcance de esta prueba de fuego, literalmente hablando, que pasó aquí Francisco José Montalvo.

Mejor y más provechoso resulta penetrar, según lo dicho, en las constantes que se perciben en su estilo interpretativo, del concepto, la madurez y la profundidad en el alcance de su pensamiento y sentimiento musical, que lo técnico, sin menoscabo de todo lo que podrá sumar con su perseverante estudio en el futuro, nos parece ya un tema rebasado hace rato por él, al menos en el sentido de la simple mecánica de ejecución, esa especie de sustrato físico de la interpretación que lo incluye, pero lo trasciende.

En cuanto al Director, el Maestro Juan Luis González, vuelve por derecho propio a ocupar su lugar en el podio y en el afecto de su público habanero, afecto que se asienta en una entrega total, como cabe llamarle a su manera de hilvanar las obras en las que acompañó al violinista (ya un reto y doble responsabilidad por sí misma esa función acompañante en este caso), como en la Obertura de Guillermo Tell, de Rossini, la Suite Cascanueces, de Chaikovsky para cerrar con la Suite de Carmen, de Bizet.

En La Habana recordamos sus actuaciones desdoblándose entre Mozart, lo español y lo cubano

En La Habana recordamos sus actuaciones desdoblándose entre Mozart, lo español y lo cubano, saltando del salero al dulzor antillano, como fue de inolvidable su exclamación -¡azúcar!- llegando al paroxismo de la escalada sonera y jazzística en la que sumó a la propia orquesta haciendo el danzón  El médico de pianos, del compositor cubano Jorge López Marín.  

Esta vez fue un tanto más contenido en relación con aquellas demostraciones sobre el mismo escenario, tal vez por el cuidado que ponía mientras acompañaba al solista, pero no nos fue difícil captar lo que parece la base de su plan de dirección, que ya solo frente a la orquesta se suelta expansivo y, a la vez, equilibrado.

En efecto, de modo general se percibía una estrategia interpretativa adecuada para poder dosificar la carga sugestiva de cada gesto, reservándose con cautela para los momentos climáticos, dejando margen donde pedirle más a los músicos, que lo dieron todo en este concierto final de una temporada bien cargada de buenas entregas, un final por todo lo alto y todo lo profundo.

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