Ópera en Barcelona
El estreno de Manon de Massenet en el Liceu:
Una noche extraordinaria
(Por Enid Negrete)
Para Albert y Marc,
mis cómplices de butaca en esas noches afortunadas.
Dirección de escena: David Mc Vicar, Escenografía / Vestuario: Tanya McCallin, Iluminación; Paule Constable, Coreografía: Michael Keegan-Dolan. Dirección de orquesta: Víctor Pablo Pérez. Manon: Nataly Dessay (21/06) Imna Mula (28/06), Caballero Des Grieux: Rolando Villazón (21/06) Stefano Secco (28/07), entre otros. Coros y Orquesta del Gran Teatre del Liceu de Barcelona. Producción: English National Opera (Londres)
Aunque parezca increíble hay noches así. Noches en las que todo parece perfecto. Hay noches en que todo parece un milagro.
La diferencia entre los cantantes buenos que cumplen con su trabajo con mayor o menor mérito y los divos a los que seguimos con admiración desmedida está en este tipo de interpretaciones. Podemos aceptar (con reservas) los comentarios de algunos espectadores sobre que Nataly Dessay no estaba en su mejor forma (anunciaron que sufría de faringitis) y que quizá la voz de Rolando Villazón es demasiado grande y oscura para este personaje, pero creo que rara vez podremos ver una interpretación escénica y musical tan profunda y avasalladora como la que hicieron. La actuación de ambos la noche del estreno fue estremecedora: la pasión escénica de Villazón estuvo además apoyada por su ya famoso fiato interminable, y en cuanto a Dessay siempre es una grata sorpresa ver a una cantante con esa calidad en su entrenamiento corporal. La sensualidad de Manon y la fuerza del amor de Des Grieux estuvieron en escena las tres horas y media de duración.
El único pero que podía ponerse al elenco del estreno es el vibrato exagerado de Samuel Ramey.
Y en cuanto al segundo elenco es imposible soslayar el dominio técnico del que Inma Mula hizo gala. Su Manon, más joven y juguetona que la de la Dessay, fue encantadora y cautivadora. Aunque su compañero (Stefano Secco) no tuvo su noche más acertada, con algunas notas sumamente forzadas y una interpretación escénica mucho más débil que la de ella.
No hubo un momento en el escenario en que la fuerza de la interpretación o la lectura escénica de esta ópera no fuera interesante, ni un momento en que la coherencia del drama no estuviera presente.
La puesta en escena de Mc Vicar nos llevó al lado más oscuro de la historia de Manon, lo que le dio una profundidad al personaje sin la cual puede caer en una enorme superficialidad.
El movimiento del coro, con la integración del ballet y la figuración llenó de vitalidad el escenario. Las figuras colectivas que logra o los pequeños detalles, como la pelea que se inicia entre los bailarines cuando Manon deja la fiesta que se le está ofreciendo como homenaje, muestran un toque irónico que nuevamente profundizan la historia.
La dirección musical de esta obra no quedó atrás. Es una delicia oír la música de Massenet con esta calidad interpretativa.
La razón para que los amantes de la ópera nunca dejemos de ir a un teatro, desde mi punto de vista, es que siempre esperamos que sucedan noches como ésta.
Las esperamos porque las necesitamos.

