José Muñoz Molleda
Sones gaditanos en el recuerdo:
José Muñoz Molleda
(Por Paula Coronas Valle)
Tradicionalmente la investigación musical encargada de desvelar los secretos y los aspectos más profundos de compositores y escuelas, dedica una parte importante de su existencia al desarrollo y evolución de los nacionalismos. El nacionalismo español, a comienzos del siglo pasado, receptor de la indiscutible impronta fallesca, emprende un nuevo camino hacia la modernidad evolucionando hacia un neoclasicismo revitalizante de contenido y de forma.
La ideología de un renacer para el arte musical español, sintetizada en la figura de Felipe Pedrell, y la antorcha que, más tarde, recogería Manuel de Falla, de la mano de Igor Satravinsky, en el esfuerzo hacia un claro progresismo y aperturismo para nuestra música, han sido las marcas indelebles del pensamiento estético del siglo XX en España.
Paralelamente, y complementando la configuración de una época trascendental para la comprensión de futuras vanguardias, los albores del siglo XX acogieron posturas respetuosas con la tradición culta, especialmente derivadas del romanticismo wagneriano, como se puede apreciar en la figura del maestro Conrado del Campo, así como en postulados teórico-musicales recibidos a través del magisterio que se impartió en aquellos años en la Schola Cantorum de París, cuya defensa ostentan creadores de la talla de Jesús Guridi y Joaquín Turina, ambos especialistas en el tratamiento del folklore, vasco y andaluz respectivamente.
Sones gaditanos de prosperidad musical presagian el perfil de nuestro músico protagonista
Tras efectuar esta rápida visión panorámica sobre el pretérito musical hispano, no demasiado lejano temporalmente para nuestro enfoque particular, nos parece realmente estimulante comprobar el estudio realizado hasta la fecha, pero al mismo tiempo, nos causa sorpresa descubrir el escaso interés prestado hacia determinados compositores o escuelas. En cualquier caso, tal vez no sea éste el momento de analizar los motivos que han propiciado algunos olvidos en los archivos, pero sí es hora ya de conocer y difundir nuestro patrimonio musical, considerablemente extenso y valioso.
Sones gaditanos de prosperidad musical presagian el perfil de nuestro músico protagonista. Con el recuerdo perenne del compositor de la La vida breve (1905), Cádiz nuevamente se erige en capital de riqueza intelectual y artística, y en fuente de inspiración para el talento de un músico de raíces y de principios: José Muñoz Molleda (1906-1988).
Adentrándonos en los aspectos biográficos-artísticos que se entrelazan en la existencia del maestro andaluz, alcanzamos un doble objetivo: el conocimiento documental e histórico del músico en el contexto socio-cultural de su época, y la valoración artística de gran parte de su creación.
La amabilidad por parte de Enriqueta Muñoz –sobrina del compositor, y de su esposo, Francisco Díaz Cerrudo, han constituido para quien escribe, una fuente directa de información, cuya disponibilidad agradecemos sinceramente.
El maestro gaditano nació el día 16 de febrero de 1905, en La Línea de la Concepción (Cádiz). Perteneciente a una familia de clase media, cuya profesión había sido el comercio de muebles, el joven andaluz, fue el segundo de tres hijos. Recibió enseñanzas musicales de la mano del profesor Luis Criado, director de la Rondalla en la cual nace la vocación musical de Muñoz Molleda. Su inclinación artística comienza paralelamente a la pintura, por lo que en el año 1921, se instala en Madrid, ingresando en el Conservatorio y en la Escuela de Bellas Artes, simultaneando ambas disciplinas.
Durante su carrera musical oficial no cosechó brillantes calificaciones, su trayectoria académica como alumno presenta cierta irregularidad, e incluso precipitación por lograr la obtención del título profesional. Sin embargo, su talento natural, y la espontaneidad de su discurso musical, consolidan su estilo, augurando un pronóstico de grandes éxitos.
Conrado del Campo en música, y Julio Romero de Torres en pintura, son los dos grandes maestros que impactan especialmente al joven artista, cuya inspiración por aquel momento se debate entre ambas carreras. Finalmente, el gaditano se decanta definitivamente por la creación musical, acaparando esta tarea, la totalidad de su atención. En la década de los años treinta aparecen ya las primeras obras importantes del maestro: Postales Madrileñas (1931), Scherzo Macabro (1932), y De la Tierra Alta (1932), por la cual le es concedido el Premio Nacional de Composición.
Su talento natural, y la espontaneidad de su discurso musical, consolidan su estilo, augurando un pronóstico de grandes éxitos
Posteriormente, la Suite para orquesta titulada Rincones, le abre las puertas de Roma. Obtiene las oposiciones al Gran Premio Roma en el año 1934, y es pensionado durante cuatro años en la Academia Española de Bellas Artes en la capital italiana. Resulta ésta una fase determinante en la vida profesional del compositor, quien recibe consejos de O. Respighi, viajando por diferentes países, y ampliando sus conocimientos hacia nuevas estéticas del momento. Observamos una época fecunda para su repertorio, así como novedosa por sus primeras incursiones en el cine: Carmen la de Triana (1938), Los hijos de la noche (1939), son algunos de los títulos más destacados.
En el capítulo biográfico cabe resaltar su matrimonio con la italiana Ione Gigliozzi, celebrado en Madrid el día 4 de octubre de 1941. Esta compañera fiel (médico de profesión) pronto se convierte en confidente de vida y obra, siendo además autora de textos de algunos lieder compuestos por el maestro.
Atrás han quedado grandes aportaciones, como la famosa Farruca para piano (1940), su Concierto en Fa sostenido menor para piano y orquesta, del mismo año, el Cuarteto nº 1 en Fa menor, y el oratorio La Resurrección de Lázaro. Recordemos que los contactos personales son importantes en su proyección artística, por ejemplo, el conocimiento con el pianista Leopoldo Querol en París, con el que traba verdadera amistad. Así mismo mencionamos su inmersión en el mundo de la canción española, género cultivado intensamente por el artista, con especial dedicación a la figura de Imperio Argentina. Ven la luz títulos como de Piantá de acá (1933), Dime que sí (1933), Viejos Recuerdos (1933), Doncellita, no sueñes (1933), Gauchito zalamero (1931). También encontramos páginas de este tipo, compuestas tras la Guerra Civil española, cuyo españolismo contrasta con el estilo de sus primeras canciones. Boleros, pasodobles, y chotis se suceden en este catálogo de música ligera.
A partir de 1940, el maestro andaluz regresa a España desplegando su intenso caudal creativo, por lo que tienen lugar numerosos estrenos de obras clasificadas en diversos apartados de música de cámara, orquestal e instrumental.
La producción de José Muñoz Molleda es amplia y variada, pero injustamente olvidada y en gran parte, desconocida
La producción de José Muñoz Molleda es amplia y variada, pero injustamente olvidada y en gran parte, desconocida. Sin embargo, el talento musical de este linense fue reconocido en el periodo álgido de su carrera (1940-1970), gozando de gran prestigio como compositor en los círculos culturales del país. Su voluntario alejamiento de la labor docente en los conservatorios, le permitió centrar su atención en la actividad creadora. Durante los años cincuenta, fue requerido en numerosas ocasiones como miembro de Jurados, Agrupaciones y Círculos musicales. Así mismo obtiene el Premio Nacional de Música por el Trío en Fa mayor (1951).
“De la sinceridad del compositor ante los procedimientos musicales modernos” es el título del Discurso pronunciado por José Muñoz Molleda el día 4 de marzo de 1962, en el acto de Ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, ocupando la plaza vacante tras la muerte de Jesús Guridi. Con las siguientes palabras, recuerda nuestro protagonista al compositor vasco:
“Jesús Guridi, magnífico tipo humano y magnífico músico, nunca abdicó de ambas condiciones para seguir esos atajos marginales al camino real del arte, que si a veces proporcionan éxitos ficticios, nunca dan plena satisfacción al espíritu…
Pido a Dios me haga digno del sillón académico que aquel gran músico y gran español ocupó, y su recuerdo me sirva a todas horas de acicate y estímulo para mi conducta de hombre, de artista y de académico”.
Muñoz Molleda alcanza su plenitud artística, cosechando nombramientos y cargos administrativos de relevancia, como los siguientes:
- Consejero Delegado para Sección de Cinematografía y Televisión en la Sociedad General de Autores (SGAE 1963).
- Miembro del Jurado de Oposiciones de profesores para la Orquesta de Radiotelevisión Española (1964).
- Jefe del Archivo de Sinfónicos y Copistería de SGAE (1966).
- Miembro del Patronato de la Academia de Bellas Artes de Roma (1973).
- Académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia (1973).
- Académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Jorge de Barcelona (1974).
- Vocal de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles (1978).
La década de los setenta señala el final de su etapa productiva. José Muñoz Molleda fallece en Madrid el día 26 de mayo de 1988, rodeado de su esposa y familiares más directos. Sus restos mortales fueron trasladados a La Línea de la Concepción, cuyo Ayuntamiento le otorgó a título póstumo, la Medalla de Oro de la Ciudad.
Sugerimos una ojeada hacia su extenso catálogo de composiciones, integrado por diversos géneros y parcelas. Entre los títulos más relevantes nombramos: Fantasía en La menor, Concierto para Violoncello y orquesta, dos conciertos para piano y orquesta, quinteto con piano, trío en Fa Mayor, Tres movimientos para orquesta de cuerda, Suite de Danzas para piano del ballet La Niña de Plata y Oro, Miniaturas Medievales y Suite Circo, Diferencias sobre un Tema para guitarra, además de un apartado específico dedicado a la música religiosa.
Su corpus se completa con la creación de numerosos lieder y la mencionada música incidental (cine, documentales, televisión, música de escena, música ligera…).
Según palabras de Fernández Cid “Muñoz Molleda es una de las personalidades más activas de los años de postguerra en España, de aquellas que pueden mostrar un catálogo más fecundo y una significación más acusada en ese periodo”.
En conclusión, la figura de este músico sincero cristaliza en la imagen de un creador fiel a sus propios ideales estéticos. Su estilo está provisto de sencillez y personalidad. La elegancia y gracia de sus partituras son incuestionables. El ejmplo de su sello refuerza la cantera de artistas andaluces durante el período musical de finales del siglo pasado. Así vivió y creó José Muñoz Molleda, con el valor en sus palabras y en su Música.
Bibliografía:
-El compositor José Muñoz Molleda: de la Generación del 27 al franquismo. Gemma Pérez Zalduondo. Ediciones Zejel. Almería. 1989.
-José Muñoz Molleda. Catálogos de Compositores. Álvaro García Estefanía. Edita Fundación Autor. Madrid. 2000.
-Archivo familiar del maestro: Fuentes de documentación a través de sus sobrinos Enriqueta Muñoz y Francisco Díaz Cerrado.
Paula Coronas Valle es pianista, profesora del Conservatorio Profesional de Música de Málaga y directora de la Revista Intermezzo.

