Recital de piano en Madrid

Piotr Anderszewski

(Por Antonio José López Domínguez)

Piotr Anderszewski (Varsovia, 1969) se presentó en Madrid el pasado 26 de junio dentro del ciclo Grandes Intérpretes para ofrecer un programa con obras de Beethoven: “6 Bagatelas, Op. 126” y “Variaciones Diabelli, Op. 120”.

Piotr Anderszewski

Ganador de varios premios, su aspecto rompe con la imagen de seriedad que suelen arrastrar la mayoría de los intérpretes. Con su presencia en el ciclo de esta temporada ha participado ya en dos ediciones.

Anderszewski apareció sonriente, transmitiendo simpatía a la sala. Muy respetuoso ante el piano, no atacó el teclado de repente sino tras un pronunciado silencio inicial para abordar una deliciosa  primera parte destinada a las “Bagatelas”.

Beethoven había llegado a la culminación “social” con sus sinfonías, y especialmente con la hímnica “Novena”, e inició el viaje iniciático hacia la austeridad interior. Después de la globalidad, viene la singularidad: Las “Bagatelas” son el opus inmediatamente posterior a la “Novena” y la visualización del cambio es espectacular.

La palabra “bagatela” parece mal ocupada cuando se escucha alguna de estas obras de Beethoven. De hecho, su significado exacto es “pieza de poca importancia o valor”, y no puede decirse que esa sea la mejor manera de calificarlas. Sin gestos innecesarios, con una naturalidad  en el extremo opuesto del divismo, Anderszewski obtuvo un tono de meditación y dramatismo extraordinario haciendo uso de una refinada expresividad. Una expresividad basada en una dinámica muy diversificada y en un gran virtuosismo.

La segunda parte del recital fue dedicada a las “Variaciones Diabelli Op. 120”. La última obra de gran envergadura dedicada al piano por Beethoven configura una de las muestras más elocuentes de su genio creador, al igual que la “Sonata Op. 109” y los últimos cuartetos, dado que confiere a cada una de ellas un carácter distinto del de la mera variación del tema original.

La identificación del pianista polaco Piotr Anderszewski con esta música es absoluta y recuerda otro caso casi legendario de identificación de un pianista con una obra: el del canadiense Glenn Gould y las “Variaciones Goldberg” de J. S. Bach. Abordó técnica e interpretativamente cada una de las variaciones sin perder de vista la unidad de la obra. Interpretó con el tempo, carácter y sonido preciso, incidiendo nada más y nada menos que lo que el compositor escribió, su esencia, sin ningún tipo de concesión.

Se despidió con tres propinas en las que se hizo de rogar, pero siempre aportando a través del teclado todo su sano optimismo.

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Fotografía © Rafa Martín, cortesía de la Fundación Scherzo
Escribir a Antonio José López Domínguez