Música y Filatelia

Vibraciones musicales en Liechtenstein

(Por Juan Franco Crespo)

Vibraciones musicales en Liechtenstein

Este es el título que el correo del principado alpino dio a una de las series de tema musical más divertidas de todas las emitidas en el 2006. El diseñador Oskar Weiss nos presentó los sellos en un tono humorístico y desenfadado, en cierta medida contrasta con la calidad musical de los homenajeados que, con toda seguridad, aplaudirían, si pudieran, esta preciosidad de hojita minipliego de ocho ejemplares puestos a la venta el 4 de septiembre.

Si consideramos la música bajo el ángulo puramente físico y prosaico, veremos que, efectivamente: son vibraciones del aire y que estas vibraciones son las que despiertan en nosotros esas sensaciones incomparables. Si uno trata de imaginarse la música, descubrirá que ésta es un continuo flujo de palabras que, convenientemente combinadas, forman esas vibraciones que acaban formando las obras que llegan hasta nuestros oídos y alimentan nuestro espíritu.

Los faciales del correo de Vaduz tienen el mismo valor para todos los compositores: 1 franco suizo para cada sello que se consagra a un compositor y alguna de las obras que dejó huella en la historia de la música. Aquí los vamos a reseñar en el mismo orden en que aparecen en la hojita, de arriba abajo y de izquierda a derecha.

Mozart, Strauss y Gershwin

El primero está dedicado a La flauta mágica de Wolfgang Amadeus Mozart de quien acabamos de celebrar el 250 aniversario de su muerte; esta fue una pieza que le dio un gran triunfo tras una etapa de dificultades: Mozart triunfaba con ella sobre la sociedad de la época y el ostracismo político en el que se vivía, lamentablemente, el “genio” moría el 5 de diciembre de 1791, pocas semanas después de la primera representación de esta pieza magistral.

El siguiente es para Johann Strauss que decidió dedicar su célebre Marcha de Radetzky a Josef Graf Radetsky (1766-1858), el conde von Radetz era un militar austriaco que, comandando las fuerzas en Italia desde 1831, tuvo que enfrentarse al estallido nacionalista de 1848. La melodía fue compuesta precisamente este año y en el celebrado concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena suele ser la pieza que sirve de broche final del espectáculo musical por excelencia, donde tradición y modernidad no están reñidas. Uno de los pocos momentos del año en que la televisión nos deleita con unas magistrales interpretaciones de obras que no pasan de moda.

El tercero está dedicado a la Rapsodia en azul del compositor autodidacta norteamericano George Gershwin (1898-1937), un nombre mítico en los espectáculos musicales de Broadway; la pieza fue estrenada el 12 de febrero de 1924 en la ciudad de los rascacielos y traba de combinar el jazz y la música clásica. En la célebre “premiere” el mismo compositor se colocó ante el piano para mayor deleite del público asistente a aquella fastuosa sesión de música orquestal. Muchas de las incursiones de Gershwin en la composición tienen como protagonistas a los negros de Harlem, sobre todo su ópera “Porgy and Bess” (1935).

El cuarto es el dedicado a Georg Friedrich Haendel (1685-1759) que aquí nos presenta su famosa composición Water Music (1717) dedicada al elector de Hannover que, convertido en rey de Inglaterra como Jorge I, quedó entusiasmado con la obra. El estreno se realizó en una de las clásicas paradas navales en el lecho del Támesis, entonces el monarca la hizo tocar en varias ocasiones. Posiblemente, la obra más famosa de este compositor es “El Mesías”, cuyo estreno se realizó en Dublín en 1742. Aunque era alemán, se nacionalizó británico y a su muerte fue enterrado en la célebre abadía de Westminster.

Haendel, Beethoven y Chaikovski

El quinto efecto nos lleva hasta la obra de Ludwig van Beethoven (1770-1827), se trata de su celebradísima Pastoral creada por el genio entre 1807-1808. Cada uno de los cinco movimientos nos lleva a un tema y el conjunto nos ofrece una obra que encarna las sensaciones del hombre y la naturaleza. Esta era su sexta sinfonía y una característica de su personalidad fue la atracción hacia la corriente liberal y democrática de su tiempo; las ideas republicanas se manifestaron cuando retiró la dedicatoria a Napoleón (con la tercera sinfonía o La Heroica) al declararse emperador.

El sexto es para El vals de las flores del ruso Peter Ilich Chaikovski (1840-1893), hijo de un ingeniero de minas, estudió derecho y trabajó en el Ministerio de Justicia en Moscú hasta que en 1863 decide dedicarse por completo a la música. Realizó una síntesis entre el arte nacionalista, la música programática, el romanticismo europeo y el clasicismo de la época impregnando un espíritu cosmopolita y culto. Su obra ocupa un lugar fundamental en la historia de la música y revolucionó el arte coreográfico con su irrupción en el mundo del ballet donde, posiblemente, encontremos lo más famoso de este compositor ruso, sobre todo su inolvidable Lago de los cisnes.

El séptimo nos transporta a un compositor francés que en el 2006 fue programado en el barcelonés Liceo con un espectáculo pensado para los niños [también se pasó algo en TVE] pero no dejaba indiferentes a los mayores: El carnaval de los animales. Camille Saint-Saëns (1835-1921) aprendió a tocar el piano en plena infancia y a los 11 años daba su primera audición en la Sala Pleyel de París. Algunos críticos contemporáneos lo compararon como el nuevo Mozart. A los trece conoció al húngaro Liszt que ejercería una considerable influencia sobre él. Siempre trató de acercar la música a los más jóvenes y de ahí que algunas de sus piezas nos lleven al mundo animal, en el sello nos muestran un cisne.

El último lugar de la hojita es el valor de Felix Mendelssohn Bartholdy (1809-1847), otro músico precoz, su primer concierto público lo realizó a los nueve años: el 24 de octubre de 1818, durante ese mismo año compuso más de sesenta movimientos. En 1827 dirigió por primera vez la obertura Sueño de una noche de verano, en 1829 lo haría con “La pasión según San Mateo” de Bach, pieza que no había sido representada desde la muerte de su creador. Su obra se caracteriza por una serenidad y un entusiasmo que raramente tiñen de melancolía el desarrollo romántico de su melodía.

La composición de esta preciosa hojita de ocho sellos fue realizada por el artista Oskar Weiss desde una irónica perspectiva que la imprenta estatal austriaca imprimió en heliograbado sin perder el tono humorístico de todo el conjunto que, en cierta medida, continúa en las ilustraciones de los dos sobres de primer día confeccionados por Vaduz. El primer bloque de cuatro en que se ha dividido la hoja para hacer los sobres, lo ilustraron con un palco en donde sus asistentes aplauden, levantados, el maravilloso espectáculo que acaban de presenciar. En el segundo sobre tenemos una intérprete que está tocando su arpa.

Escribir a Juan Franco Crespo