Zarzuela

Lo que hemos visto

(Comentarios de José Prieto Marugán)

EMIGRANTES (P. Cases –T. Barrera/R. Calleja). J.M. Cifuentes. R. del Aria. C. Peña. J. Ibarz. LA SEÑORA CAPITANA (J. Jackson Veyán – R. Calleja/J. Valverde). L. Casariego. M. Moreno. R. del Aria. J.M. Cifuentes. J.Ibarz. E. Ferrer. Ensamble Instrumental de Madrid. Director: Carlos Cuesta. Coro de Ópera Cómica de Madrid. Director de escena. Francisco Matilla. Centro Cultural de la Villa, 28 de mayo de 2007.

En los dos espectáculos ofrecidos en el Centro Cultural de la Villa de Madrid, el pasado mes de junio, Ópera Cómica de Madrid, presentó cuatro obras, tres de las cuales son casi una recuperación. El primer programa –al que no tuvimos ocasión de asistir– puso en escena junto a La verbena de la Paloma, Los descamisados, un sainete lírico escrito por Carlos Arniches y José López Silva, con música de Federico Chueca.

El segundo programa proponía dos obras cortas musicalizadas por Tomás Barrera, un compositor hoy olvidado pese a ser autor, sólo o en colaboración, de más de setenta títulos. La primera Emigrantes, cuadro lírico escrito por Pablo Cases se dio a conocer en el Teatro de la Zarzuela el 15 de julio de 1905; firmaban la música Tomás Barrera y Rafael Calleja. Es página triste y melancólica que descoloca a quienes esperan de la zarzuela, en especial del género chico, fiesta y jarana, amores no correspondidos… con final previsible y feliz, chistes y gracias. Emigrantes es un pequeño cuadro que se desarrolla en la cubierta de un barco en alta mar y en el que se exponen la dramática y enrabietada esperanza de Tordiyo, emigrante a la fuerza; la enfermiza y casi obsesiva ilusión de su hermana Loliya y la opinión realista de Arturo que sostiene que lo que les espera a los emigrantes es una vida dura, quizá más que la que dejan. Es asunto dramático y de actualidad, pero no se cargan las tintas, ni se aprovecha el tema para construir una proclama o un panfleto; sólo se retrata un hecho de manera simple y directa; puede decirse que estamos ante una “zarzuela verista”.

En la música se escuchan aires de zortzico, muñeira, tanguillos y unas “granaínas” (“Adiós a Granada”) que se han hecho muy populares. Juan Manuel Cifuentes las cantó con intensidad y solvencia, e hizo un excelente papel en el aspecto teatral, muy importante, de Tordiyo. Ruth del Aria, dio vida a Loliya, y Carmelo Peña y Javier Ibarz, se encargaron de Bermejo y Arturo; los tres trabajaron adecuadamente, junto al coro de hombres que puso la nota musical en un par de intervenciones destacables.

Totalmente distinta es La señora capitana, juguete cómico–lírico con letra de José Jackson Veyán y música de Tomás Barrera y Quinito Valverde. La historia gira en torno a la habilidad, destreza y picardía de Nicolasa, para conseguir el arreglo de dos jóvenes enamorados, la huída de un vizconde ridículo y arruinado que busca la mano de la muchacha, el afianzamiento de su marido, el capitán, y lo más difícil y simpático, que el torpe recluta Rubiales aprenda la instrucción. Obra simpática hizo reír al público que respondió con aplausos a los ocurrentes chistes de Rubiales y a la firmeza y habilidad de Nicolasa, protagonistas indiscutibles.

La música es simpática, muy adecuada al tipo y al espíritu de la obra y en ella pueden destacarse un dúo entre la Capitana y Rubiales, chispeante y gracioso, y un número coreado en el que el torpe recluta se transforma en “maestro” de instrucción de sus compañeros.

Lola Casariego dio vida al personaje de Nicolasa, muy exigente en lo teatral, que solventó con diligencia, gracia, soltura y saber hacer. En lo vocal lució su voz lírica, cálida y ajustada en un rol que no presenta demasiadas exigencias. El papel de Rubiales lo bordó Juan Manuel Cifuentes; dio el tipo y estuvo gracioso y “torpe” sin estridencias ni excesos, cantó el dúo con Nicolasa con intención y se transformó al frente del pelotón de reclutas. El resto de personajes tienen menos entidad pero fueron bien defendidos por Javier Ibarz y Marta Moreno (Napoleón, el coronel y Josefina, su estirada y encopetada esposa),  Ruth del Aria (Delfina, frágil y delicada hija de los anteriores), Elier Muñoz (el ridículo vizconde), Carmelo Peña (Bravo,  novio de Delfina) y Enrique Ferrer (Lobo, esposo de Nicolasa).

Una sencilla escenografía y un movimiento escénico ágil y eficaz, sirvieron de marco a una representación recibida con entusiasmo.

LAS BRIBONAS (A. Martínez Viérgol – R. Calleja). J.Viadas. J. Castejón. M Godoy. E. Blanco. M. Carmen Ramírez. C. Conesa. J. Jiménez. E. Arenas. Coro titular del Teatro de la Zarzuela. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Director musical: Ramón Torrelledó. Directora de escena: Amelia Ochandiano. Teatro de la Zarzuela, 5 de julio de 2007.
LA REVOLTOSA (J. López Silva/C. Fernández Shaw – R. Chapí). L. Rodríguez. E. Diago. J.J. Rodríguez. M. Rodríguez. L. Varela. A. Torres. E. Arenas. M. Borraz. Coro titular del Teatro de la Zarzuela. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Director musical: Ramón Torrelledó. Directora de escena: Amelia Ochandiano. Teatro de la Zarzuela, 5 de julio de 2007.
Las Bribonas

Con un programa doble, una obra desconocida y otra del repertorio más habitual, ha cerrado el Teatro de la Zarzuela la temporada 2006/07. La primera, Las bribonas,  zarzuela en un acto y cinco cuadros, escrita por Antonio Martínez Viérgol, con música de Rafael Calleja, se estrenó en Apolo el 10 de junio de 1908; es obra satírica y crítica con una hipocresía social que hoy nos hace sonreír y que arrancó aplausos en el teatro de la calle de Jovellanos. Aunque el título de Las bribonas lo tiene por las componentes de la compañía de “varietés” que llega al conservador pueblo de Estrapajosa, las verdaderas pícaras son las beatas del pueblo, capaces de dejar a un lado sus ideas y convicciones, en cuanto ven la ocasión de sacar partido –económico y religioso– del trabajo de las suripantas. Obra, pues,  perteneciente al “género frívolo”, que en muchas ocasiones ha recubierto la crítica social, con el ropaje –aunque sea escaso– del teatro distendido, ligero y mundano. Las bribonas tuvieron mucho éxito en su momento, hoy son una pieza sencilla, aunque la crítica social permanece.

La música es pegadiza, especialmente en los llamados “cuplés del negro”, y se apoya en los ritmos de moda del momento: tango, charlestón, vals… Merece destacarse el “coro de beatas”, los tientos  de Trini la Jerezana, y el cuplé “Yo soy la modista de París” de Mademoiselle Margherite.

Estrellas indiscutibles de la interpretación fueron Jesús Castejón, en el papel de Don Higinio, y Mary Carmen Ramírez, como Doña Desideria, su esposa y presidenta de la caduca junta de damas. Ambos dieron muestra y ejemplo de dominio de las tablas, de cómo se saca adelante este tipo de personajes. Castejón se lució en los cuplés del negro. La cantaora Johana Jiménez, cantó con soltura los tientos de Trini y la actriz Carmen Conesa mostró sus cualidades en el papel de Mademoiselle Margherite, no comprometido en la parte musical. Mención especial para Fernando Ransanz, que dio perfectamente el tipo del clásico alguacil.

La escenografía, sencilla y efectiva, con cambios a la vista del publico amenizados por el ballet, y el rápido movimiento escénico, potenciaron la comicidad y el dinamismo de esta simpática zarzuela. Siguiendo la costumbre de la época, al final de la obra se cantaron un par de simpáticos cuplés, alusivos a temas de la actualidad. Alguien los ha llamado “cuplés de Gallardón”.

La Revoltosa

En la segunda parte se vio una Revoltosa servida por un reparto doble en los papeles principales y planteada en la línea clásica de la corrala tradicional, a pesar de haberse trasladado la acción a los años 20 del pasado siglo.  Ramón Torrelledó, que alternaba el podio con Enrique Diemecke, arrancó con una interpretación algo densa del impresionante preludio que algunos espectadores se empeñan en no escuchar y, lo que es peor, en no dejar que los demás lo escuchemos. También apreciamos esa densidad en el intermedio que precede al tercer cuadro.

Luis Varela es uno de los actores de mayor peso específico de nuestra escena; en esta ocasión dio vida al personaje de Cándido y estuvo muy acertado en el simpático parlamento con que justifica su cariño hacia Gorgonia, su esposa. El también actor Eloy Arenas, que había dado vida al “Negro Domingo” en Las bribonas, se hizo cargo aquí del Señor Candelas, el jefe de la casa; cumplió con su papel, aunque hubiéramos deseado algo más de fuerza en su interpretación, un punto más de voz no tanto para llegar a todos los rincones del teatro, sino para destacar la energía del cargo que representa.

Un poco más de relieve en las “guajiras”, cantadas por Leticia Rodríguez, hubiera resaltado la belleza de este fragmento. El dúo, por último, algo irregular, con algún ligero desajuste; lo interpretaron Juan Jesús Rodríguez y María Rodríguez. No obstante, el conjunto, en general, tuvo en nivel que corresponde a nuestro primer coliseo zarzuelero.

La dirección escénica de ambos espectáculos fue responsabilidad de Amelia Ochandiano, actriz, bailarina y directora que se ha convertido en la primera mujer en dirigir en el Teatro de la Zarzuela.

EL BARBERILLO DE LAVAPIÉS (L.M. de Larra – F.A. Barbieri). M. Martín, S. de Munck, E. Ferrer, J. Lomba, D. Pedro. Ensamble Instrumental de Madrid. Director: Lorenzo Ramos. Ballet y Coro de Ópera Cómica de Madrid. Director de escena. Francisco Matilla. Jardines de Sabatini, 10 de julio de 2007.
El Barberillo de Lavapiés

Con esta obra se iniciaba la programación de  zarzuela de los Veranos de la Villa, en los Jardines de Sabatini, con el Palacio Real de Madrid como fondo. La circunstancia de ser representaciones al aire libre condiciona la producción: es necesario trabajar con micrófonos, que no siempre se equilibran adecuadamente (en la función citada se escuchaba con más potencia a los solistas que al coro), la escenografía, –a pesar de la magnífica fachada palaciega, muy adecuada para El barbero – no puede desarrollarse con las posibilidades técnicas que ofrece un teatro; la iluminación presenta similares problemas y el ruido ambiente (zumbido permanente del tráfico y alguna sirena de policía o bomberos) resulta molesto y distrae. Hasta los aplausos con que fueron despedidos los intérpretes quedaron un poco “desangelados” y “perdidos” en el amplio espacio sabatiniano. Frente a estos inconvenientes encontramos una ventaja que hemos de destacar: a todos los cantantes se les entendía perfectamente, cosa que no siempre ocurre en el teatro, donde el sonido que escuchamos no es tan directo como el tomado a través de un micrófono.

La producción de Opera Cómica, dirigida en lo escénico  por Francisco Matilla responde a un planteamiento clásico, con un correcto movimiento de personajes. Destacó el vestuario,  elegante y vistoso, responsabilidad de Mariana Mara. En cuanto a la interpretación musical, Milagros Martín hizo una Paloma con autoridad y experiencia; Sonia de Munck dio a su papel de la Marquesita el relieve que tiene, especialmente en el dúo del tercer acto con Paloma, Enrique Ferrer se hizo cargo de Lamparilla presentándole con fuerza y potencia vocal más que sobrada. Los papeles secundarios de don Luis, don Pedro y don Juan, fueron defendidos con eficacia por Juan Lomba, Carmelo Cordón y Elier Muñoz. El coro, tan importante en esta obra, muy correcto y la dirección musical de Lorenzo Ramos, adecuada, atenta a todo cuanto sucedía en escena y muy viva en su planteamiento.  Salvo algún desajuste puntual en el sonido, sólo encontramos un ligera falta de ritmo en las partes habladas, especialmente las que suceden a los cantables.

EL HOMBRE ES DÉBIL (M. Pina – F.A. Barbieri). C. González, A. Walter, C. Cordón. BUENAS NOCHES SEÑOR DON SIMÓN. (L. Olona – C. Oudrid). C. González, M. Abascal, M. Mreno, E. Muñoz, A.Walter, C. Cordón. Ensamble Instrumental de Madrid. Director: Fernando Poblete. Director de escena. Francisco Matilla. Jardines de Sabatini, 15 de julio de 2007.

Bajo el título genérico de “Dos enredos domésticos (sainetes picarescos)”,  hemos conocido dos pequeñas, simpáticas y entretenidas zarzuelas que sorprenden y llaman la atención por su calidad teatral y musical. Una y otra desarrollan historias de enredo rayanas en lo absurdo, pero enraizadas en nuestro teatro clásico. En la de Mariano Pina una criada es asediada por el amo; para tratar de vencer la tentación casa a la muchacha con un sirviente torpe y la entrega una importante dote. Su acoso terminará cuando su esposa regrese.

La música de Barbieri, seis excelentes números, resulta distendida, graciosa y picaresca, anunciada por el breve preludio. Destacaríamos un Dúo de soprano y barítono y una preciosa y encantadora habanera entre la soprano y el tenor cómico, habanera que fue utilizada por Pablo Sarasate; también nos llamó la atención un terceto con aire de mazurca. Carmen González dio vida  a Tecla, la avispada criada; Luciano fue interpretado por el tenor Ángel Walter y Pascual, el criado por el barítono Carmelo Cordón.  Los tres fueron muy aplaudidos por su excelente trabajo.

La obra Luis Olona nos  presenta a un doctor que, ayudado por su criada, cree haber cometido un doble homicidio involuntario en la persona de un joven, que resulta ser el pretendiente de su pupila y el hijo de un importante comerciante llamado Don Simón.

La música escrita por Cristóbal oudrid para Buenas noches señor don Simón, es magnífica, de corte operístico. Delicada y elegante en la barcarola con que comienza; rica en expresión vocal en la arieta “solemnemente ridícula” de la “victima” Teodoro; original al engarzar un ritmo de vals con un típico aire gallego en un quinteto cómico;  clásica en el simpático cuarteto en que cada protagonista da las buenas noches a don Simón, y con aire de jota en el breve número final. Es una vergüenza que música como ésta no se conozca; no existe –que sepamos– ni una sola grabación discográfica de Cristóbal Oudrid, músico que junto a Barbieri, Olona y Salas  levantaron nada menos que el Teatro de la Zarzuela. Carmen González, Ángel Walter y Carmelo Cordón repitieron dando vida a Isabel, la pupila, don Procopio, el médico y don Simón, el comerciante. A ellos se unieron Mar Abascal, dando vida a Juana, la criada; Marta Moreno, como Inés, esposa del médico y Elier Muñoz, Teodoro, hijo de don Simón y “víctima” del enredo. Todos tuvieron ocasión de lucirse gracias a una música excelente y disfrutaron interpretándola.

El acompañamiento instrumental estuvo a cargo de un  sexteto (quinteto de cuerda y piano), dirigido por Fernando Poblete, formación muy popular en el siglo XIX que aumentaba las posibilidades de representación de estas obras de carácter camerístico. Sobra decir que tales versiones estaban autorizadas, incluso realizadas, por los propios compositores.

Escribir a José Prieto Marugán