Ópera
Maria Callas, a tu ausencia de treinta años
(Por Enid Negrete)
Para Silvano, también con el pesar de tu ausencia.
¿Se puede escribir algo más sobre Maria Callas? ¿No se ha desmenuzado su vida y su obra completamente? ¿Qué tiene esta mujer que a treinta años de su muerte sigue hechizando al mundo?
Controvertida y polémica, quizá la cantante más famosa del siglo XX, a pesar de su corta carrera. Fue considerada como “La más grande artista dramática y musical de nuestro tiempo” por Sir David Webster, director del Covent Garden Opera House en 1964, cuando hizo aquella legendaria producción de Tosca bajo la dirección de Franco Zeffirelli.
Sus aportaciones a la ópera son innumerables, pero desde mi punto de vista la más importante fue la que logró realizar con la colaboración de Luchino Visconti en la década de los años cincuenta. Ambos hicieron los montajes que cambiaron la manera de hacer ópera y de concebir al cantante. Rompió todos los mitos y abrió la puerta para la ópera de nuestros días. “Visconti encuentra en la Callas el instrumento ideal para el renacimiento del melodrama del siglo XIX, volviendo creíble al ópera, fiel al libreto, refinada en su ejecución. La Callas se convierte en una intérprete ideal, por su canto, por sus cualidades de actriz, y la fascinación que ejerce sobre el público”.(1) Y es en esta colaboración en la que se marca la diferencia para siempre y de una manera constante entre la ópera como una forma musical más o menos cercana a la escena y la ópera como una forma esencialmente escénica. Al menos para el espectador que frecuenta más la ópera que cualquier otra arte escénica.
En aquellos montajes, la Callas determinó cuestiones importantísimas sobre el uso expresivo de la voz por encima de la belleza del sonido, como lo explica ella misma: “He intentado dar una impresión enfermiza a la voz de Violetta; al fin y al cabo ella está enferma, ¿no es cierto? Todo es cuestión de respiración y hay que tener una garganta muy clara para mantener esa manera de hablar y de cantar con voz cansada. Los críticos han dicho: ‘La Callas está cansada; su voz está fatigada…’ Precisamente ésa era la impresión que yo quería dar. ¿Cómo en su estado, podría Violetta cantar con voz profunda y penetrante? Eso sería ridículo”(2). Cualquier otra soprano no se hubiera arriesgado a parecer cansada en una función de manera voluntaria. Para ella era indispensable para crear su personaje, sin importar lo que la crítica pudiera pensar o si su voz se estropearía con el tiempo si lo hacía.
La Callas determinó cuestiones importantísimas sobre el uso expresivo de la voz por encima de la belleza del sonido
Después, el trabajo con otros directores hizo que ella creara su propia forma de acercarse a la escena. El proceso de trabajo para la creación de Tosca lo describe Franco Zeffirelli, el director encargado de esa producción de la siguiente forma: “La callas trabajaba a partir de dos o tres verdades, que sostenía todo el tiempo; no era nada complicada ni intelectual. Cuando preparamos Tosca juntos, yo le di la imagen de Lina Cavaliere, aquella cantante que de fines del siglo anterior al que Puccini compuso la ópera. La Cavaliere que tenía a sus pies a todos los soberanos europeos, había sido toda su vida una hija del pueblo (su padre era un pobre artesano romano), en el punto culminante de su gloria, ella se despidió de sus trajes suntuosos para caminar por las calles de Roma. Callas, en un principio se resistía a esta concepción del personaje, pero finalmente lo aceptó por completo; permitió los argumentos que me ayudaron a convencerla, la imagen de una Tosca joven (le hablé de Audrey Hepburn) definió su decisión. Esto fue lo que hizo que ella interpretara un personaje que no era la gran cantante tradicional, la reina del teatro ridícula en sus vestidos elegantes y su eterno sombrero de plumas”(3)
Su fama de temperamental ha sido desmentida por sus colaboradores más cercanos, y confirmada por todos los interesados en el escándalo que generaba en su vida privada.
Exigente, como todo perfeccionista, ella misma explicaba el porqué de su intolerancia: “La música es para mí el supremo mensaje, la mediocridad en el campo artístico por ende insufrible, En un ambiente de segunda categoría no puedo actuar. Si los directores de orquesta y los cantantes se dedican con la debida veneración (que todos debemos al arte) y auténtico entusiasmo por la labor, entonces también yo estoy dispuesta a trabajar duramente y obtener lo mejor de mi (…) En todos lados donde actúo exigiré de mi y de mis colegas lo mejor. A todos aquellos que se muestren indiferentes frente a la calidad les pareceré caprichosa, no lo podré modificar. Siempre seré todo lo ‘difícil’ necesario para conseguir lo mejor en el arte”(4) Era una nueva manera de concebir a la diva de la ópera.
Pero en cuanto al público, nadie dudaba de lo que significaba verla en escena:Lo que ella hacía en el escenario no era nada de lo que se había visto en los años precedentes, era lógica la respuesta exacerbada tanto positiva como negativa, esa ha sido siempre la consecuencia de la renovación: “‘Desconcertar’ parece un término muy suave para definir el efecto que la Callas produce en sus oyentes. Es más exacto decir que asombra y enfurece a unos, al igual que conmueve a otros. Una cosa es cierta, nadie permanece indiferente. Su capacidad innata para producir emociones violentas fue una de las mayores fuerzas que la impulsaban en su carrera…”(5)
Y es por esto, por su capacidad para entregarse en escena, por su necesidad de crear lo inexplicable que se convirtió en un símbolo.
Y es por esto, por su capacidad para entregarse en escena, por su necesidad de crear lo inexplicable que se convirtió en un símbolo. El símbolo de la ópera nueva, de la cantante nueva, de la mujer que es capaz de reconstruirse a sí misma, por eso fue capaz de decir la famosa frase: “Cantar es una expresión de tu ser, del ser en que te estás convirtiendo” y ella cantó hasta convertirse exactamente en lo que quería, aunque eso le costara la felicidad o la vida.
Ella fue el milagro que los espectadores de ópera esperamos en cada función que vemos. Ella es el ideal que queremos volver a ver en un escenario. Ella fue la cantante que ponía su voz al servicio de un todo y no todo al servicio de su voz, esa es la más clara diferencia.
Hay unas palabras del musicólogo Kurt Pahlen que, en mi opinión, definen perfectamente el canto de la Callas: “…su canto asemeja una herida abierta, que sangra entregando sus fuerzas vitales…como si ella fuese la memoria del dolor del mundo…”(6)
¿Por qué?, ¿Qué era lo que la motivaba a hacerlo? ¿Por qué era una necesidad vital? Quizá, la respuesta la encontremos en sus propias palabras: “Cuando cantaba, la gente, de repente, me quería…”(7) ¿Hay alguna razón más dolorosamente incitante para convertirse en la intérprete que definió la ópera de un siglo?
(1)Luchino Visconti, web dedicato interamente a Luchino Visconti e alla sua opera. 2002 [última consulta: 24 de abril de 2006]
(2)Bailbé, Joseph-Marc et all. L’opera dirigido por Pierre Brunel y Sthéphane Wolf. Avinay-sous-Bois, Bordas, 1982. Pág 150
(5)Ardoin, John y Fitzgerald, Gerald: Callas: el arte y la vida. Los grandes años . Traducción de María Canyelles y Juan Faci. Barcelona: Editorial POMAIRE, 1979. Pág. 3
(7)Citado en Grandes cantantes de nuestro tiempo. Op. Cit. Pág. 271
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