Ópera en Bilbao
Elektra en vaqueros
(Por Otis B. Driftwood)
56 Temporada de Ópera de OLBE-ABAO. Palacio Euskalduna. Bilbao, 25 de Septiembre de 2007.
El Castillo de Barba Azul, ópera en un acto. Música: Béla Bartók. Libreto: Béla Balázs. Estrenada en la Ópera Nacional de Budapest, el 24 de mayo de 1918. Judith: Ildiko Komlosi. Barba Azul: Alan Held. Nueva produccion de ABAO-OLBE. Director Musical: Juanjo Mena. Director de Escena: Michal Znaniecki. Escenógrafo: Luigi Scoglio. Figurinista: Zosia Dojwat. Iluminador: Boguslaw Palewicz. Bilbao Orkestra Sinfonikoa.
Elektra, ópera en un acto. Música: Richard Strauss. Libreto: Hugo von Hofmannsthal. Estrenada Dresde, Teatro de Ópera de la Corte, el 25 de enero de 1909. Elektra: Janice Baird. Chrysothemis: Angela Denoke. Klytämnestra: Reinhild Runkel. Orest: Alan Held. Aegisth: David Kuebler. Erste Magd: Francisca Beaumont. Zweite Magd: Nuria Lorenzo. Dritte Magd: Alexandra Rivas. Vierte Magd: Irene Ojanguren. Fünfte Magd: María José Martos. Die Aufsieherin/ Vertraute: Nuria Orbea. Die Schleppträgerin: Irantzu Bartolomé. Ein Junger Diener: Mikeldi Atxalandabaso. Ein Alter Diener: Fernando Laborda. Der Pfleger des Orest: Alberto Feria. Produccion de la Royal Danish Opera Copenhague. Director Musical: Juanjo Mena. Director de Escena: Peter Konwitschny. Escenógrafo y Figurinista: J. Joachim Schlieker. Iluminador: Manfred Voss. Bilbao Orkestra Sinfonikoa. Coro de ópera de Bilbao. Director del Coro: Boris Dujin
No es ninguna novedad que los directores de escena no cesan en sus esfuerzos titánicos por desplegar, ópera tras ópera y en un incontenible afán revisionista, la supuesta creatividad de sus peculiares ideas.
El resultado en ocasiones resulta brillante. Pero en otras, las propuestas no parecen ser otra cosa que muestras de un afán de protagonismo desmedido o la imperiosa necesidad de un urgente reconocimiento de supuestos valores intelectuales y artísticos. Me recuerdan a esos grafiteros que, con un spray de pintura en la mano, sienten una llamada interior que les lanza a comunicar algo que, además de carecer de cualquier valor intrínseco, a los demás no nos interesa en absoluto. Pero a ellos les parece muy importante y no encuentran mejor modo de hacernoslo saber que escribiendo su mensaje, por ejemplo, un “Viva Judas!” en la pared de una catedral gótica. El resultado, claro está, no destruye la belleza del edificio, pero la irritante pintada, molesta al espectador en la contemplación de la obra de arte, sin aportarle nuevos valores estéticos.
Y el señor K. (lo siento, pero yo no colaboro a darle otra página en Google escribiendo su nombre completo) da muestras de ser uno de los que más gustan de ese protagonismo vacuo. Su esperpéntico montaje de Elektra, realizado por encargo de la Royal Danish Opera, y presentado en Bilbao, le enmienda la plana a Hugo von Hofmannsthal, sin duda uno de los mejores libretistas de la historia de la ópera, e introduce elementos que resultan absolutamente perturbadores e impiden disfrutar de la grandiosa obra de Richard Strauss, sin aportarle ningún nuevo valor dramático que pudiera haber permanecido escondido hasta ahora. Su “viva judas” molesta y molesta mucho e impide disfrutar de la belleza de la obra sin aportar nada relevante. Nada aporta, salvo quizá un intento frustrado de escandalizar, el convertir en incestuosa la relación entre Elektra y Chrysothemis o conseguir que la escena del dúo de Elektra y Klytämnestra termine como una francachela de beodas, tras una ingesta masiva de bebidas alcohólicas durante el que en el libreto original es un desgarrador diálogo, magistralmente narrado por la música y el canto.
Todo desemboca en una ridícula hecatombe final, que evocaba, supongo que involuntariamente, una mala representación de “La venganza de Don Mendo”, Alli perecen, entre otros, y en medio de un intenso y ruidoso fuego de ametralladoras, dos ertzainas (uno de ellos antidisturbios) un policía municipal de Bilbao, la plantilla completa de una empresa de limpiezas, perdón, quiero decir todas las doncellas, un almirante de la armada y una multitud que pasaba por allí. Yo confieso que eché en falta, no obstante, en tal Apocalipsis, al apuntador, a la banda municipal de txistularis y a la plantilla completa del equipo de rugby de Nueva Zelanda (o quizá mejor uno de futbol americano, tal vez los San Francisco 49ers, con toda su parafernalia protectora) que no hubieran desentonado en absoluto en aquella patochada.
La única idea escénica que me pareció interesante es la de mantener en escena, durante prácticamente toda la representación, la bañera con el cadáver de Agamenón (el asesinato del rey, en atuendo playero, se produce en escena, antes de empezar la función, mientras el público ocupa sus butacas).
En parecida línea ha ido el trabajo escenográfico de Joachim Schlieker, que ha optado por el nada sutil recurso de colocar en una escena casi vacía, un enorme reloj digital que lo preside todo, y va marcando una cuenta atrás que llega a cero (no, no hay discusión previa de si el cable que hay que cortar para desactivar la bomba es el amarillo o el verde) en el momento en que se cumplen los planes de venganza de Elektra. Vamos que el reloj se encarga de decirnos con toda claridad y escasa sutileza lo que la música y el libreto ya nos cuentan: que ya llegó la hora de la venganza. En cuanto a su labor como figurinista parece haber sido más bien escasa: las doncellas llevan el uniforme que utilizan los trabajadores de una conocida empresa de limpiezas de Bilbao (a la que la ABAO agradece el préstamo en el programa de mano) y como ya queda dicho, aparecen en escena personajes vestidos con uniformes de los cuerpos policiales locales. Ah! y Elektra, tiene el porte principesco que se pueden imaginar en vaqueros y camiseta.
Y lo peor es que todas estas "genialidades" oscurecieron la labor de un gran reparto. Janice Baird cantó una magnífica Elektra, superando las enormes exigencias de un papel que le obliga a un esfuerzo casi sin descanso durante toda la representación. Estupenda también Angela Denoke, aunque resulte preocupante un cierto agotamiento vocal que se empieza a percibir, probable fruto de una demasiado intensa carrera, asumiendo toda suerte de papeles. La veterana Reinhild Runkel hace un extenso despliegue de recursos vocales y escénicos que le permiten componer una muy creíble Klytämnestra. Los demás protagonistas tienen una intervención menos intensa en el drama, pero también cumplieron adecuadamente. Y muy buena la labor de Juanjo Mena, al frente de "su" Orquesta Sinfónica de Bilbao.
... y el Frenopático de Barba Azul
La Elektra straussiana se programa en este festival de ABAO-OLBE acompañada de un montaje propio de "El castillo de Barba Azul". El montaje tampoco es ortodoxo, pero, contrariamente al de Mr. K. resulta una propuesta interesante y válida. La idea de convertir el castillo de Barbazul en un sanatorio psiquiatrico y la relación de los protagonistas en un diálogo médico-paciente (o tal vez en un escenario alucinado de voces interiores) en el que la personalidad del enfermo se va transfiriendo al psiquiatra, funciona y conduce la acción de forma muy interesante. Todo lo que en el montaje de Elektra es obviedad subrayada innecesariamente, se convierte aquí en sugerido, con la posibilidad de varias lecturas abiertas a la interpretación del espectador.
Tal vez en la idea del polaco Michal Znaniecki chirríe inicialmente el momento en que se descubre a una Judith monja, pero el desarrollo posterior del motanje, el camino psicológico que recorren a lo largo de la obra los protagonistas, con Judith seduciendo a su paciente, mientras desnuda su cuerpo y su alma, encaja perfectamente dentro del desarrollo de la obra de Bartok.
Los protagonistas vocales fueron, además, exccelentes. Quizá Alan Held , por sus características vocales, resulta demasiado señorial para el torturado personaje de Barba Azul, pero su interpretación tuvo empaque y garra. Seductora en el canto y en su actuación teatral la húngara Ildiko Komlosi. Espectacular el sonido orquestal, con momentos impresionantes, como la apertura de la quinta puerta, apoyado en el órgano del palacio Euskalduna.

