Norma en la playa
Ópera y playa ¿Qué más se puede desear?
(Por Enid Negrete)
Retransmisión de la ópera Norma de V. Bellini a través de pantalla gigante. Plaça del Mar, Platja de Sant Sebastiá. 25 de julio de 2007.
Con una novedosa iniciativa del Gran Teatre del Liceu y el Canal 33 de televisión, (además de otras empresas y entidades gubernamentales como Philips, el Periódico, el ayuntamiento de Barcelona, o el Port de Barcelona) la función de Norma de Vincenzo Bellini fue retransmitida a una pantalla ubicada en la playa de San Sebastián en la Barceloneta de la capital catalana.
Este tipo de actividades tiene consecuencias sumamente interesantes. Por un lado la gente que normalmente no acude al Liceo puede tener un contacto directo con la ópera y por otro, el espectador habitual o abonado al Liceo puede ver la ópera de una manera mucho más distendida, con la posibilidad de hacer comentarios en voz baja o disfrutar del mar, al mismo tiempo que de la función. Un poco como debió de haber sido en los teatros del siglo XVIII y XIX, cuando los espectadores iban a la ópera como parte de actividades sociales que incluían comer, beber o fumar.
El sonido, aunque había momentos en que podía parecer demasiado alto, la verdad es que era de excelente calidad. La pantalla podía verse desde cualquier punto de la playa o de la calle, además de las sillas que fueron colocadas ex profeso, desde las cuales tenías una visibilidad perfecta.
La función que fue retransmitida tuvo como punto más importante el fabuloso trabajo de Fiorenza Celedonis, en el papel Norma y el de Sonia Ganassi en el de Adalgisa, así como la batuta de Giuliano Carella. La gran interpretación de estos artistas, tanto en el ámbito musical como actoral, de esta difícil ópera belcantista, era de tal calidad que casi nos hace olvidar la más pobre y poco imaginativa puesta en escena que he visto en el Gran Teatre del Liceu en los últimos cinco años.
Una Norma fuerte, seductora y con un fraseo perfecto, que nos hacía recordar que ese personaje, aunque su conflicto principal sea amoroso, es un líder moral de todo un pueblo y que el clímax es su caída frente a ellos. El conflicto del personaje estaba en escena todo el tiempo, en una actuación llena de la vitalidad de la que normalmente carecen las Normas actuales, siempre mucho más preocupadas por el difícil reto vocal que esta obra representa.
El color vocal de Sonia Ganassi es verdaderamente bello, su interpretación de la dulce Adalgisa estuvo llena de fraseos y matices muy elegantes, que nunca fueron un obstáculo para que la pasión amorosa se manifestara en toda su expresión en el escenario.
Desgraciadamente la falta de conocimiento del director de escena (Francisco Negrin) se hacía patente al imponer las acciones más inverosímiles, absurdas e inútiles en los momentos más difíciles de la interpretación vocal o en lugares claves para la estructura dramática. La propuesta estética tanto del escenógrafo (Anthony Backer) como del vestuarista (Jonhatan Morell) y del iluminador (Wolfgang Göbbel) era bastante elemental y poco interesante.
Pero estos inconvenientes no pudieron hacernos dejar de disfrutar, la experiencia fue por demás satisfactoria y encantadora. Sobre todo cuando los cantantes hicieron el favor de venir hasta la playa para recibir los aplausos del público que no había asistido al teatro.
Esperamos que esta iniciativa se convierta en una tradición de verano para todos los amantes de la ópera y para todos aquellos que quieran iniciarse en esta maravillosa arte escénica de una manera distendida y agradable. Por principio, la agradecimos muchísimo.

