Crítica de libros

Ravel y el insomnio

(Por Aurelio Viribay)

Sobre la cuestión del amor: ese sentimiento, declara, jamás se eleva más allá de lo licencioso
("Ravel", de Jean Echenoz)

 

Título: Ravel. Autor: Jean Echenoz. Traducción de Javier Albiñana. Editorial Anagrama, nº 671. ISBN: 978-84-339-7452-5. Nº de páginas: 124.
Ravel

Joseph Ravel, padre del compositor Maurice Ravel, era ingeniero y un inventor muy aficionado a las máquinas, que en 1868 llegó a diseñar y construir un prototipo de vehículo con propulsión a petróleo...que no funcionó como se esperaba. Probablemente de esta inclinación paterna provenga la fascinación del Ravel músico por todo lo mecánico, como los juguetes infantiles y los relojes. Esta atracción casi obsesiva se refleja en varias de sus obras: en el comienzo de su ópera L'heure espagnole la música se entremezcla con distintos sonidos de relojes en ritmos superpuestos; en la canción Noël des jouets, con texto del propio compositor, las figuras de un Belén cobran vida y se comportan como juguetes mecánicos...al igual que cobran vida toda clase de objetos domésticos —sofás, relojes, tazas, teteras— que amenazan al niño protagonista de la ópera L'enfant et les sortilèges. En fin, existen muchos ejemplos de "música mecánica" de Ravel, ese compositor tan poco impresionista, pese a que a menudo se le clasifica como tal. Al fin y al cabo el impresionismo es un corsé en que se ha embutido de forma un tanto forzada a Debussy y Ravel, pero que no les sienta nada bien. Es cierto que se puede admitir un impresionismo musical en algunas de sus obras, pero Ravel está en general mucho más cercano al Neoclasicismo que al Impresionismo —mientras su Concierto para la mano izquierda es expresionista—, y Debussy es simbolista en unas obras, neoclásico en otras...e impresionista en algunas. Etiquetas todas ellas que no pueden contener la genialidad de estos dos compositores a los que la historia de la música en su afán clasificador ha emparejado, pero cuya música tan poco se parece.

Hoy tocaba hablar de Ravel y he comenzado haciéndolo por el aspecto mecánico de su música porque leyendo la preciosa novelita de Jean Echenoz que trato de reseñar, su estilo de escritura, incluso tamizado por el filtro de la excelente traducción de Javier Albiñana, me ha recordado a esa característica mecánica, minuciosa, preciosista, delicada, detallista y muy sensible de la música de Ravel. Si hubiera que resumir esta ficción biográfica sobre la figura de Ravel escrita por Echenoz, se podría decir que el gran acierto del libro es adoptar un estilo literario cercano a la música de Ravel para recrear los diez últimos años de la vida del compositor. Tan sólo es preciso dedicar media tarde para saborear las poco más de cien páginas de este libro por el que transitan los compositores Stravinski, Satie, Dukas, Alma Mahler, Enesco, Delage, Bartok, Varese, Gershwin, Milhaud, Auric, Honneger, Ibert, Joaquín Nin, los pianistas Marguerite Long —que sale francamente mal parada— Ricardo Viñes, Rubinstein y Wittgenstein, el director de orquesta Toscanini o el jazzista Gerry Mulligan.

Pero los auténticos protagonistas de la novela son Ravel, su sempiterno insomnio y su música. Todo ello en un tono levemente irónico, de un humor distante, como la música de Ravel, esa música que Jean Echenoz muestra conocer con detalle en su repaso por parte del catálogo compositivo del compositor cuya biografía imagina e inventa con la precisión de lo real, involucrando al lector en un juego entre ficción y realidad, en el que finalmente no importa tanto desvelar la frontera entre una y otra sino entregarse a la fascinación del autor por la figura y la música de Ravel, que en este caso es el punto de partida de un brillante ejercicio de estilo literario.

Leyendo este libro me ha venido a la memoria la anécdota que relata la pianista y compositora madrileña, ya fallecida, Rosa García Ascot en otro libro(1), el de sus memorias. García Ascot conoció en persona a Ravel, quien tras escuchar a ésta tocar el piano en la Sala Gaveau de París, llegó incluso a prestarse para darle clases de composición. A lo cual su por entonces maestro Manuel de Falla se opuso, secundado por la familia de la compositora, según Rosa García Ascot por "temores lógicos de tipo moral" (corría el año 1920...). Por lo visto la discusión entre Falla y Ravel duró al menos dos horas y terminó con la marcha del francés dando un sonoro portazo. Nos sigue contando García Ascot en su libro que "el casi español Ravel, no le perdonaba a sus padres el no haber nacido en la calle Hortaleza -donde vivieron hasta unos días antes de su nacimiento- de Madrid. Ravel era español de espíritu y voluntad". Personalmente creo que aunque Ravel hubiera nacido accidentalmente en la muy madrileña calle de Hortaleza, el compositor habría seguido siendo muy francés, al menos de espíritu. Su música suena muy francesa...y este libro es como su música.

(1) BAL Y GAY, Jesús. GARCÍA ASCOT, Rosa. Nuestros trabajos y nuestros días. Madrid: Fundación Banco Exterior, 1990.
Ravel en OpusMusica
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