Música y Filatelia

Leyendas de la música latinoamericana

(Por Juan Franco Crespo)

Leyendas de la música latinoamericana

Dicen que la música amansa a las fieras, calma nuestros nervios, nos prepara para el amor o nos envilece cuando oímos alguna pieza que nos llega hasta los tuétanos. La música latina tiene mucho de pasión, de fuego, de amor y, posiblemente, sea cierto, aunque a nosotros hay otras músicas que también nos provocan similares sensaciones. Pero si alguna característica tiene la música latina del siglo XX es que prácticamente siempre estuvo ahí, cantando al amor, al desamor, la pasión, los celos, la entrega desenfrenada...

Es la música hecha poesía que cautivó a nuestros padres y nos enamoró a los que hoy peinamos canas. Era un tipo de música constante que, con el paso del tiempo, se ha convertido en clásica dentro de su género y, algunas piezas han pasado a integrarse en el repertorio de los grandes tenores españoles, por ejemplo el himno de mi tierra “Granada” que lo hemos oído en labios de José Carreras, Plácido Domingo y Luciano Pavarotti; tampoco el iruñés Luis Mariano dejó de cautivarnos cuando lo oíamos a través de las antenas de Radio París [hoy Radio Francia Internacional].

Tenemos hoy el placer de hacernos eco de una emisión de sellos salvadoreños que nos embelesa, nos enamora, nos apasiona o nos devuelve a nuestra juventud sólo con tratar de imaginar algunos de los momentos -qué fugaces, pero qué bien grabados quedaron en el CD Rom de nuestra memoria- que vivimos en nuestra juventud cuando nada sobraba pero, no faltaba el amor [que no el sexo, que al parecer hoy sobra a nuestros jóvenes], la solidaridad y el compartir lo que se tenía, siempre con una sonrisa en los labios. Así que vayamos a los homenajeados, adentrémonos con esas voces que son parte de nuestra historia.

AGUSTÍN LARA (MÉXICO)

Nació en Tlacopalpán, (Veracruz) el 1 de octubre de 1900 y murió en el Distrito Federal el 6 de noviembre de 1970, comúnmente conocido como “El flaco de oro”, en realidad se llamaba Ángel Agustín María Carlos Fausto Mariano Alfonso del Sagrado Corazón Lara y Aguirre del Pino, sobre él siempre existió un halo de misterio en cuanto al lugar y el día de su nacimiento, nosotros nos quedamos con los que tomó el correo mexicano.

Él siempre afirmó que su cuna fue una bellísima población al sur de la ciudad de Veracruz [si van por la zona no se pierdan la casa museo que se puede visitar con una muy buena comunicación empleando el trencito turístico veracruzano, sobre todo en verano, aunque es difícil localizar alojamiento en esta zona caribeña donde el son jarocho y el danzón son los ritmos que marcan la pauta si nos dejamos llevar].

Agustín vino al mundo en el seno de una familia acomodada (su padre era doctor y dicen que su pasión por la música le llegó oyéndole tocar el piano), pero fue su tía Refugio Aguirre del Pino, directora del Hospicio de Coyoacán [en cuyo armonio improvisó sus primeras notas] la que le encauzó. Su profesora de música fue Luz Torres Torrija. La Revolución Mexicana hizo que sus progenitores tuviesen que alquilar las habitaciones de su casa para poder seguir adelante, uno de los huéspedes quedó fascinado por su talento y se lo acabó llevando como pianista  a una casa de “mala reputación” (de donde “el flaco” parece que sacó su pasión por las mujeres hermosas, la buena vida y, en ocasiones, el caos). Esa etapa impregnó su producción, sólo hay que escuchar con detenimiento el contenido de “Aventura”, “Pecadora”, “Una cualquiera”... y tantas otras que marcaron nuestra vida y la suya: dicen que su primera composición “Marucha” fue la causa de la cicatriz de su cara, producto del ataque de celos de una dama que le arrojó una botella que lo marcó para siempre. En fin, su vida, fue una gran aventura y, a veces, una transgresión tras otra: su padre lo echó de casa a los doce años, estuvo en la cárcel por robo, se casó en “artículo mortis” mientras agonizaba de una pulmonía, etc.

La primera canción que registró en la Sociedad de Autores fue “La prisionera” (1926). El primer matrimonio con la hija de los dueños del Cabaret Salambo (Angelina Brusquetta) le abrió las puertas al paraíso musical que sería imparable tras su encuentro con el tenor Juan Arvizu (uno de los grandes boleristas de su época) quien le consagró en 1929 con “Imposible”.

La radio de entonces, sobre todo su programa “La hora íntima de Agustín Lara” por la popularísima XEW “La Voz de América Latina” y que tantas buenas madrugadas me dio cuando siendo adolescente la escuchaba -creo que en los 19 metros- por la onda corta. El músico reconoció que “a la radio le debo todo y estoy casado con un micrófono” (el correo mexicano le honró también en una preciosa serie dedicada a los ídolos populares de la radio -15 diciembre de 1995-, con posterioridad, en el año 2000 apareció en una hojita que celebraba Los cien años de identidad y diversidad cultural de México, o el más temprano que apareció prácticamente nada más morir, en 1971, nos muestra el teclado de un piano y la fecha de nacimiento y muerte junto a su nombre y firma. El piano era su instrumento favorito, hoy el honor filatélico se lo hace El Salvador, pero no fue el único lugar donde la filatelia se rindió a su calidad musical.

Lara, como galán, no defraudó a sus incondicionales. Hay que conocer México para descubrir esa pasión de sus bellas mujeres por los hombres fuertes. De una decena de romances más o menos reconocidos y duraderos, él siempre confesó que su gran amor fue María de los Ángeles Félix [María Félix o La Doña] con la que contrajo matrimonio el 24 de diciembre de 1954, a ella le dedicó numerosas canciones; ese mismo año el Casino Español del DF le organizó su primer viaje a España (en esa época no había relaciones diplomáticas, México siempre apoyó al gobierno de la República, oficialmente tuvo que llegar la democracia para que ambos países las formalizaran]. Lara era un enamorado de lo español y había escrito canciones dedicadas a varias de nuestras ciudades, al margen de Granada [de la que fue nombrado hijo adoptivo], escribió Madrid ¿quién no conoce su chotis?, Murcia, Navarra, Sevilla, Toledo, Valencia... Dicen las crónicas que, nada más pisar suelo español, se arrodilló, besó el suelo y saludó: ¡Hola Madre! ¿Cómo has estado?

En 1966 Francisco Franco lo nombró Hijo Honorario de España, algo que los republicanos en México no le perdonaron (ese es un tema que también trae cola, he conocido numerosos exiliados que hablaban de los años treinta como si el país -España- hubiese vivido en el paraíso, en la arcadia feliz y no se creían cuando les explicaba la realidad española de finales del siglo XX, la bibliografía mexicana tiene abundante información sobre ese período, aunque también es cierto que con grandes claroscuros, pues no todo fueron “alegrías” en el exilio y las diferentes familias de refugiados allí continuaron con la batalla [ideológicamente hablando] y aplicando la clásica “picardía” española).

Lara cultivó, con gran dominio, varios géneros musicales: danzones, boleros, fox trot, pasodobles, tangos, tropical, valses... su preferido fue siempre el bolero y con él sufrió una evolución que finalmente se hizo inconfundible. Dicen que sus composiciones se acercan al medio millar, más de un tercio fueron boleros. También incursionó en el mundo de la opereta, escribió “El pájaro de oro” y en el cine actuó en una treintena de películas, dirigió “Santa” (1931). Algunos de los títulos fueron “Novillero” (1936), “El embrujo del trópico” (1928), filmada en Hollywood), “Virgen de Medianoche” (1941), “Noche de Ronda” (1942), “Pervertida” (1945), “Pecadora” (1947), “Revancha” (1948), “Coqueta Perdida” (1949), “Tropicana” (1956) o su propia biografía filmada en 1959 (La vida de Agustín Lara). Su etapa de mayor creatividad musical correspondió al periodo 1925-1940.

Sus canciones, fueron y son interpretadas por profesionales de todo el mundo. Inolvidable la inconfundible voz de Frank Sinatra cuando hizo llegar al mundo  anglosajón “Solamente una vez” (You belong to my heart).

PEDRO INFANTE (MÉXICO)

Mazatlán (Sinaloa, 18 de noviembre de 1917, falleció el 15 de abril de 1957 en un accidente aéreo ocurrido en Mérida (Yucatán). Pedrito, como cariñosamente le llamaba su madre, era un niño pobre, pero creció, como dicen en mi tierra “más listo que el hambre”, ayudando a su padre que se buscaba la vida tocando por encargo. Idolatró a las mujeres y ellas lo subieron a los cielos colocándole el sobrenombre de “El hombre”. Fue el creador del bolero ranchero y representante por excelencia de la canción mexicana y, tras Cantinflas, el más taquillero de la historia del cine de su país.

Medio siglo después de su aciaga muerte, sigue congregando a sus incondicionales, sigue teniendo éxito en la televisión y sigue vendiendo su música. Cientos de personas se juntan el día del accidente para recordar sus éxitos y, los más exaltados, lloran sobre su tumba. Sin duda, sus orígenes humildes -algo que sobra en  México- parece sirven de acicate a una popularidad que no cesa.

Su primer trabajo fue en una tienda de ultramarinos [abarrotes dicen allá] en donde descubrió que no dejaría de ser un chico humilde si continuaba de mozo en aquella faena. Decidió aprender un oficio y se fue al taller de su amigo Jesús Bustillo [otro soñador] y allí se construyó su primera guitarra, diseñaba sus muebles, los construía y los acababa. Su guitarra se le quedó pequeña, aprendió a tocar el violín. Su Guamúchil de infancia y las poblaciones cercanas le vieron crecer humana y musicalmente hablando hasta que llegó la hora del adiós, junto a su padre Delfino arrancó para Culiacán y Cuca, su madre, lloró como nunca en la estación ¿quién no derramó lágrimas en alguna ocasión viviendo una despedida? Era el inicio de una nueva vida para aquel niño pobre que llegó a lo más alto de su especialidad.

En esa etapa despertó el hombre, el procreador, en México eso se entiende con muchos hijos y más pobres son, más “chavitos hay”. El corazón se te parte cuando ves tanta miseria, pero es la vida en aquella sociedad que todo te lo da. A los 17 años tuvo a su Lupita [según las fuentes, cuando murió en accidente aéreo, dejaba catorce hijos de múltiples “chavas” que buscaban la manera de escapar a su destino].

En Culiacán logró, junto a su progenitor, ser acogido en una de las orquestas de la zona y Pedro se lanzó a cantar boleros por los que cobraba medio peso de la época,  seguía siendo batería de la orquesta. Pronto los grandes salones, los santuarios de la sociedad bien, se lo disputan y se enamoran de su voz que enloquece a las mujeres cuando oyen en sus labios los éxitos inolvidables de Agustín Lara. Por supuesto, su impecable factura, su forma de vestir y su sonrisa a flor de piel acabó convirtiéndole en el ídolo de la juventud y el sueño de toda mujer.

Al piano llegó con la ayuda de Carlos Rodríguez (un aristócrata) con quien compartió muchas horas en su casa. Su vida familiar se endereza, recupera a su madre y hermanos, todos vivirán en la ciudad de Culiacán pero él seguía con sus sueños y entre ellos estaba la aviación que a la postre sería también su final.

En esa época entra en escena Enrique Gómez de la emisora local XEBL, pero no le fue fácil, tenía que buscarse patrocinador, no se amilanó y lo encontró en la figura de Odilón Díaz, propietario de “La Económica”, su voz envolvente y romántica alcanzó un impactante éxito a través de las ondas hertzianas. Pero el amor volvió a la vida de Pedro: apareció María Luisa León con la que decidió partir hacia la capital, fue un cambio impresionante. México es inmenso y las diferencias abismales vistas desde la perspectiva de un español. Los dos enamorados acabaron encontrándose en el DF y cuando apenas tenían nada en el bolsillo aparecieron por la XEW (relativamente céntrica en la parte histórica de la ciudad, donde está el poder político, histórico y económico del DF, lugar de paso para cualquier viajero que llegue a la capital federal) allí el técnico de sonido [ingeniero dicen ellos] Luis Ugalde, lo puso ante el director artístico Julián Morán que, a su vez, lo pasó a Ernesto Belloc y le hicieron la prueba con “La Consentida” [era la época de la radio en vivo, en directo, no como ahora que pasas por una emisora y todo está automatizado], pero los nervios le fallaron “La Consentida” no consintió y tuvieron que esperar a “Nocturnal”, fue elogiado sin rubor por el elenco de maestros que acabó contratándole: cantaría tres veces a la semana a las 07.45, por quince minutos le pagarían 6 pesos. No era una fortuna pero ya tenían para ir tirando.

La vida transcurría lentamente, pero fraguándose un futuro que a todas luces parecía incierto. Pasó por el Teatro Colonial, le hicieron también pruebas y con “Nocturnal” obtuvo el traje que le sirvió para llegar al altar junto a su amada. Tras su boda le ofrecieron un contrato en el Waikiki: 10 pesos por noche (22-03 horas), en una de esas noches apareció Enrique Serna Martínez [si mal no recuerdo era uno de los grandes en la historia de la radio mexicana] que le ofreció el doble de contrato más todos sus gastos cubiertos, el único problema era dejar el DF e instalarse en Tampico: el éxito fue arrollador, a veces lo sacaban en hombros como si de un maestro del toreo se tratase.

Una de las muchas anécdotas de su carrera, sucedió poco después de dejar Tampico y regresar al DF, le tocó actuar en el salón México, cuando le anunciaron se montó un cisco de espanto, todo el mundo quería oír boleros (no conocían esta vertiente artística que él cultivó en su Sinaloa natal en los años de juventud). Él, todo decidido, tomó el micrófono: “Ustedes tienen razón, pero a mí me han pagado para que venga a cantarles por lo menos una canción. ¿Me lo permiten?” Todo el público cayó rendido a sus pies y la noche fue apoteósica. En cierta medida iniciaba el despegue económico, pasó al Hotel Reforma donde tuvo noches inolvidables en su Salón Maya (¿cuántas damas quedaron prendadas de sus encantos? ¿Cuántos enfados se produjeron entre las parejas que iban a escucharlo?) y, después, al Tap Room donde dirigiría la orquesta, era 1942.

Llegó a grabar más de 300 canciones que aún gozan de buena salud no sólo en México, sino en todo el mundo hispano. El accidente de aviación en el que murió mientras pilotaba, no sólo no acabó con “el hombre”, sino que lo hizo inmortal. El cine acrecentó su fama de galán empedernido entre el público mexicano sin distinción de clase social.

LIBERTAD LAMARQUE (ARGENTINA)

Nació el 24 de noviembre de 1906 en Rosario, falleció de neumonía el 12 de diciembre de 2000 en México. Se le conoció como “La novia de América” y no sólo fue cantante de gran talento, sino una de las actrices dramáticas más admiradas de todo el continente. Era hija de Gaudencio Lamarque, natural de Montevideo, pero sus progenitores eran originarios de Lyon (Francia) y de Josefa Bauzá nacida en La Coruña que, al contraer nupcias, emigró a Rosario. Libertad fue la cuarta hija (los anteriores retoños murieron) y los primeros pasos los dio de la mano de su madre que cantaba las típicas canciones gallegas, pasodobles y habaneras, completando el cuadro familiar la radio y el reproductor de discos RCA.

Comenzó a actuar a los 16 años y en la década de los veinte destacó como intérprete de tangos, pasando posteriormente al mundo del celuloide. En 1926 marcha a Buenos Aires, se integra en la compañía del director José Constanzó (en donde actúa su hermano Pedro), una breve aparición ante el público bonaerense le abre las puertas al mundo profesional el 11 de marzo de 1926 en el “Nacional”, su primer tango fue “Mocosita”, en ese momento su nombre saltó a la prensa y en septiembre de ese mismo año salía a la venta su primer disco “Chilenito” y “Gaucho sol”.

Tras un incidente con Eva Duarte (que contrajo matrimonio con el General Perón el 22 de junio de 1945, por lo visto aunque los biógrafos oficiales la encumbraron, era de armas tomar) abandona el país y se radica en México en 1948, convirtiéndose en una de las más importantes estrellas del cine de habla hispana; su regreso a Argentina se realizó en 1970, poco antes de la  llegada de la dictadura militar.

El cine argentino la recuerda desde la etapa de las películas mudas (Adiós Argentina) o la primera sonora que fue “Tango”, en su país de nacimiento rodó una veintena de cintas y en el de adopción medio centenar, aquí prácticamente estuvo activa hasta el momento de su muerte. Fue la gran cantante de tangos de los 40-60, tuvo una voz y un rostro singular que acabó cautivando a uno de los grandes directores del cine español: Luis Buñuel [entonces refugiado en México], con él rodó Gran Casino donde comparte papel estelar con el inmortal Jorge Negrete.

Como tantos personajes del espectáculo, no escapó a los sinsabores de los celos, la separación y el divorcio, mientras tanto se fue consolidando profesionalmente: música, cine, radio y, en los ochenta, la televisión. Será con telenovelas de la mano de Televisa donde permanecerá activa hasta su último año de vida. Entre otras, intervino en “Soledad”, “Amada”, etc. En su producción discográfica se contabilizan más de 400 registros en Argentina, México, Cuba y España. La muerte le sobrevino a los 94 años, se estaba difundiendo “Carita de Ángel”, la última telenovela producida en el 2000. Trabajó de manera incansable hasta el último momento de su vida.

CARLOS GARDEL (ARGENTINA)

Nació en Toulouse en 1890, para los argentinos nació en Buenos Aires y los orientales dicen que lo hizo en Tacuarembó: lo único cierto es que el 24 de junio de 1935 fallecía tras sufrir un accidente de aviación en Medellín (Colombia). Creció en el Abasto de donde le vino el apodo de “El morocho del Abasto”, un barrio de Buenos Aires en donde estaba el Mercado Central de la época [actualmente grandes almacenes].

En 1902, mientras trabajaba de tramoyista en “La Victoria” es escuchado por el tenor italiano Titto Ruffo que le ayuda a educar su voz. En 1913 celebraba un duelo de tangos con José Ragazzo y nació un dúo que actuó durante tres lustros: Gardel-Razzano arrasaron durante su matrimonio artístico.

Clásicos en su producción fueron Mi Buenos Aires querido o El día que me quieras, escritos con Alfredo Le Pera; de su abundante discografía se conservan más de 700 grabaciones, al margen de los tangos, incursionó en otros géneros genuinamente argentinos o del Cono Sur: milongas, tonadas o zambas, incluso grabó algunos temas para el mercado anglófono en fox trot y algo en francés.

Como tantos cantantes del siglo XX, el cine fue otro de sus escenarios, en muchos casos era la manera más sencilla de dar salida a su fuerte personalidad y la potencia de su voz. Filmó en Argentina, Estados Unidos y Francia. En total unas quince cintas, entre ellas los cortometrajes o encuadres de canciones (1930) donde, sin saberlo, se convirtió en el pionero de lo que hoy conocemos como videoclips.

En el 2003 la UNESCO declaró la voz de Gardel Patrimonio de la Humanidad, en el Registro, la organización lo anotó como “cantante argentino nacido en Francia” y en el juicio sucesorio de 1936 el gobierno uruguayo ratificó que había nacido en Francia, al parecer ese es el veredicto final, pero al ser hijo ilegítimo [por eso no se inscribió su nacimiento en el correspondiente asiento judicial], sus orígenes, una vez encumbrado, fueron un misterio que él no pudo o no supo aclarar.

CELIA CRUZ (CUBA)

Santos Suárez-La Habana, el 21 de octubre de 1925, Fort Lee-New Jersey, 16 de julio de 2003. Fue una de esas voces que no se jubilan y aún recuerdo aquella noche que actuó en el Pueblo Español de Barcelona, a pesar de su edad, lograba encender con su voz y su pícara mirada a centenares de jóvenes y no tan jóvenes que disfrutaron como nunca de su espectáculo musical junto a su inseparable Tito Puente.

Celia nació en un hogar donde no sobraba nada, junto a sus tres hermanos compartió su infancia con sus primos y su madre detectó las posibilidades de ella para la  música, aunque el fogonero de los ferrocarriles cubanos (que era su padre) la incitaba a estudiar magisterio y a punto estuvo de conseguir finalizar sus estudios que abandonó en último curso y se dedicó por completo a la música, estudió en el Conservatorio de Música de La Habana.

Inició sus pinitos radiofónicos en programas para debutantes “La hora del té” o “La corte suprema del aire”, antesalas que le abrieron las puertas para otros objetivos. Pasó por la “Gloria Matancera”, “Sonora Caracas”, “Tropicana” o “La Sonora Matancera” en donde reemplazó a la solista Mirta Silva: los años cincuenta y entonces llegó su primer disco de oro por “Burundanga” (1957). Gracias a su profesionalidad convirtió la salsa en algo familiar que se conoce en todo el mundo.

La caída de Batista vino a romper la dinámica del pueblo cubano, así que el 15 de julio de 1960 mientras estaban de gira por México, la banda al completo decidió no regresar a la isla; Celia saltó a los Estados Unidos al año siguiente. Los hispanos de la ciudad de los rascacielos la descubrirán en los años setenta. Tras sus éxitos, se convertiría en un icono para los latinos, sobre todo cuando lanzaba su “Bemba colorá”, su alegría, su manera de encarar su cubanismo, le hizo acabar asumiendo el papel de abanderada contra la dictadura.

Sus cincuenta años de vida profesional dejaron una imborrable impronta en la música latina en general y en la cubana en particular. Participó en las cintas “Los reyes del mambo” (1992) y “Cuando salí de Cuba” (1995), historias del exilio que ella tan bien conocía [cuando murió su madre, La Habana no autorizó su viaje para asistir al sepelio]. Fue una voz que luchó para unir y experimentar con diferentes ritmos: salsa, rumbas o tangos... En el caso español actuó con Azuquita, Jarabe de Palo e incluso algún dúo con Lola Flores a la que se sentía unida por una vieja amistad, tanta que la hija de La Faraona fue la anfitriona en el verano del 2002 cuando celebró el 40 aniversario de su matrimonio.

Su carrera profesional se vio coronada con 22 álbumes de oro; un tumor cerebral se llevó por delante este huracán multicolor, de calzado y vestimenta imposible, pero llevados con orgullo. Su extravagancia no desanimaba y al grito de “Azúcar” levantaba a todo aquel que acudía en los últimos años a sus giras. Pero si hay algo que impactó fue el multitudinario desfile ante su féretro. La historia dice que en Nueva York el hecho superó incluso la multitudinaria despedida de Judy Garland en el lejano 1969. Después de muerta logró el premio al mejor álbum de salsa en el 2004 y se proyecta llevar su vida al cine. Mientras estábamos con este trabajo moría el que le acompañó toda su vida en un matrimonio felizmente gestionado. Descansen en paz.

DÁMASO PÉREZ PRADO (CUBA)

Nació el 11 de diciembre de 1911 en Matanzas y murió el 15 de septiembre de 1989 en México, como tantos músicos míticos, nadie se pone de acuerdo en su fecha real de nacimiento. Inició sus estudios musicales en su tierra natal junto a Rafael Somavilla y María Angulo; cuando llega a La Habana era la edad de oro del son, pronto consigue trabajo como pianista en el Pennsylvania o el Kursaal y en 1942 lo tenemos tocando en una de las mejores orquestas de su tiempo “La orquesta Casino de la Playa”. El pianista ganaba cinco pesos por noche (entonces en paridad con el dólar) y dos más por cada arreglo acabado. Una fortuna para los años cuarenta, ahora mismo, en Cuba, el sueldo medio son 15$ ¡al mes!  Desde allí realiza una gira por Venezuela y Argentina, poco después es catapultado a México donde triunfaban otros míticos de la música de la más grande de las Antillas: Ninón Sevilla, Beni Moré, etc.

Pérez Prado fusiona las corrientes jazzísticas y los ritmos afrocubanos, monta su propia orquesta e inicia un ascendente camino hasta convertir el mambo en sus señas de identidad. La década de los cincuenta fue precisamente, en música latina, la década dorada del mambo y el nombre inconfundible que va ligado a él, Pérez Prado. En 1953 vuelve a La Habana, pero regresa a México y acaba nacionalizándose en 1980.

Como creador de esa exitosa fusión, pianista de singular capacidad musical su gran facilidad como arreglista le allanó el camino hasta encontrar ese ritmo pegadizo que otros muchos buscaban. A él le corresponde el éxito de la popularización definitiva. Aún hoy discuten los “entendidos” sobre el origen del mambo, es igual que si nos ponemos a hablar de la radio: fue necesario el trabajo y la experimentación de muchos, pero a Marconi corresponde el golpe de suerte definitivo y la fortuna de encontrar los apoyos que hicieron posible la instalación del invento a nivel planetario. En el mambo, Pérez Prado fue el que dio, definitivamente, con la fórmula y disfrutó, podríamos decir en solitario, de ese éxito indiscutible durante toda su vida.

En la temporada 1950/51 vendió casi cinco millones de copias de “Qué rico el mambo”. Pero no todo fue éxito, como muchas veces ocurre, lo innovador no siempre es aceptado (su primer master de Mambo caén y Só caballo, por ejemplo, pasó por alto para los empresarios de la época): él, en definitiva, iba demasiado adelantado a su época pero... ¿cuántas veces lo lamentarían los que le rechazaron?

En 1951 el [todavía desconocido] periodista colombiano Gabriel García Márquez, escribió: “Cuando el serio y bien vestido compositor cubano Dámaso Pérez Prado descubrió la manera de ensartar todos los ruidos urbanos en un hilo de saxofón, se dio un golpe de estado contra la soberanía de todos los ritmos conocidos...”

Entre sus aportaciones más sobresalientes al género contamos con el Mambo nº 5, (Pero qué bonito y sabroso bailan el mambo las mexicanas, mueven la cintura y los hombros igualito que las cubanas), Mambo nº 8, Caballo negro, El ruletero, La chula linda o Lupita. Pero si hay uno que puede hacerlos enloquecer, es el que nos ofrece el sensual baile de Jane Russell en la película “Underwater” (1955), ahí Pérez Prado demostró que era un maestro “con mayúscula” y ese Cerezo rosa, un mambo lento, con la correcta interpretación puede llevar a la gloria, fue declarada la canción instrumental más famosa de todos los tiempos y, a finales de la década reconocido con un Grammy: durante 54 semanas estuvo en el HIT norteamericano en 1958. Su figura -no era gran cosa- no le acompañaba, pero tenía una elegancia natural al vestir y un peculiar bigote que atrajeron sobre él numerosos apodos, entre el que más nos gusta está el que le dedicó Beni Moré: “El chaparrito con cara de foca” [Cara’e’foca dirían los cubanos] le viene que ni pintado. A veces, el aspecto de una persona, es lo que más se detesta, sobre todo cuando ésta conquista a las mujeres y en aquellos tiempos él no las conquistaba: con su música enloquecían. El mambo, en fin, no era fácil de bailar para la gente común, sus movimientos, casi violentos, le generaron una reputación de “baile lascivo” que simulaba el acto carnal y se llegó a prohibir en 1952 en Lima. Incluso el mercado japonés cayó a sus pies, allí fue una veintena de veces. Fellini empleó “Patricia” como banda sonora de “Dolce Vita”; Fred Astaire, Ginger Rogers, Silvana Mangano o la BB –Brigitte Bardot- bailaron en algunas de sus interpretaciones su famosísimo mambo.

Ese triunfo, efímero si se quiere -hoy las cosas van mucho más deprisa todavía- al separar a la pareja en aquellas contorsiones de película, acabaron pasándole factura, poco después entró en escena el Cha, cha, cha! Ritmo en el que la pareja se entregaba con un inusitado regocijo. Pérez Prado, sin embargo, había entrado en la historia de la música latina al frente de un género en donde prácticamente nunca tuvo competencia de calidad. Intentó crear otros subgéneros, pero ya no logró la fusión que le permitió alcanzar las altas cimas del mambo. ¡Fue el más grande y ese trono nadie se lo ha podido discutir por mucho que Cuba haya intentado batir su figura por razones puramente ideológicas!

DANIEL SANTOS (PUERTO RICO)

Nació en Santurce (Puerto Rico), el 5 de febrero de 1916, murió en Ocala (Florida) el 27 de noviembre de 1992. La formación inicial la obtuvo en la escuela pública de Las Palmitas, aunque abandonó en tercer grado y comenzó a buscarse la vida como limpiabotas, continuó en la escuela en Nueva York, donde emigraron sus padres, el se integraba en el coro.

A los catorce años se independiza de su familia y, casualidades de la vida, le ponen frente a uno de los integrantes del Trío Lírico que, al oírle [mientras se bañaba] le ofreció entrar en la banda, a veces también cantaba en el Borinquen Social Club en donde se concentraba la colonia puertorriqueña.

En 1938 conoce a Pedro Flores, interpretaba “Amor perdido”, tras finalizar su actuación le ofreció integrarse en su formación “The Flores Quartet” con el que acabaría grabando muchas de las melodías que le elevaron al olimpo musical de su tiempo, en ocasiones compartió escenario con la española Consuelo Moreno. Mientras las tropas norteamericanas estaban preparándose para el frente grabó “Despedida”, acabó convirtiéndose en un icono musical, sobre todo para los jóvenes y sus familiares que acudían a despedirlos en aquellas durísimas circunstancias.

En 1942 entra en la orquesta de Xavier Cugat (El catalán bon vivant familiarmente conocido como Cugui), sustituía a Miguelito Valdés pero, finalmente, le obligaron a marchar al frente. Sus ideas nacionalistas se acrecentaron en este período y se volvió aún más crítico contra los gobernantes norteamericanos, hecho que acabó provocando serias dificultades con las autoridades y su compromiso aún fue mayor, en esas circunstancias grabó piezas esenciales para los puertorriqueños, las más sentidas de su repertorio en esta faceta de luchador: “Los patriotas” o la inspirada en la obra del poeta Corretjer  “La lucha por la Independencia de Puerto Rico”.

Poco después de finalizar la contienda viaja a Cuba en donde cosecha un gran éxito en las ondas radiales con los programas “Bodas de plata de Partagás y en la Cadena Azul”. Su canción Anacobero [diablillo] era la introductoria. Su vida estuvo unida a Cuba hasta que supo los planes de Fidel Castro, entonces decidió no volver. En esos años cubanos su experiencia vital la volcó en la música y nos legó más de 400 canciones, entre ellas la que los barbudos del Movimiento 26 de Julio “Sierra Maestra”, emplearon para la transmisión de la emisora clandestina y revolucionaria que fundó Che Guevara en la sierra homónima. Evidentemente, él no estaba de acuerdo en el uso de esa canción, pero poco pudo hacer para que las emisiones de la entonces estación clandestina de la guerrilla la transmitiese de manera regular y la convirtiese, con el tiempo, en su señal de identificación. Formó parte de la Sonora Matancera (actuó, entre otras, en Radio Progreso o en la Cadena Radial Suaritos, en donde llegó a ganar mil dólares mensuales).

Daniel Santos, tuvo una azarosa vida, típica para mucha gente del espectáculo en su tiempo: alcohol, mujeres y altercados que en ocasiones le llevaron a la cárcel en varios países del continente. Al final muchos aficionados acudían a sus espectáculos de boleros y guarachas, sobre todo con la ilusión de oír en sus labios retazos de su vida, éstos inspiraron a varios escritores: García Márquez, Josean Ramos, Luis Rafael Sánchez o Salvador Garmendia.

Falleció de un ataque al corazón, sus restos reposan en el cementerio de Santa María Magdalena de Pazzis en el viejo San Juan, cerca de dos de las personas que más le influyeron: Pedro Albizu Campos y Pedro Flores. Dejó doce hijos, la muerte le sobrevino con su duodécima esposa.

PEDRO VARGAS (MÉXICO)

San Miguel de Allende,  29 de abril de 1906, México, 20 de octubre de 1989. Segundo de doce hermanos, su madre, a los siete años, lo envió a la iglesia para que fuera monaguillo y estuviera en el coro parroquial, fue el maestro de la capilla quien rápidamente captó la potencialidad de su voz, le enseñó los primeros pasos y a tocar el órgano.

El tenor y compositor Mario Talavera decía de él que “Dios pasó por San Miguel de Allende y dijo: aquí voy a dejar a este indito para que cante”.  Se convirtió en su protector y guía, fue el que le llevó al profesor José Pierson (ver Jorge Negrete) que le dio la oportunidad de cantar en la ópera “Caballería Rusticana” en el Teatro Esperanza el 22 de enero de 1929, con la orquesta del maestro Miguel Lerdo de Tejada actuó en los Estados Unidos.

A los veinte años intentó entrar en el mundo de la ópera, falló en sus aspiraciones y se dedicó, definitivamente a la música popular de su país en donde dejó títulos inolvidables como “Sentimientos”. “Abrázame”, “No me amenaces” o “Piel canela”. En su primer viaje profesional a Buenos Aires grabó para el mercado argentino dos temas que cautivaron a sus seguidores “Porteñita mía” y “Me fui”.

Se identificó tanto con el bolero que puede decirse que él fue el máximo exponente de su época de oro, popularmente se le acabó conociendo como “El rey”, “El tenor de las Américas” o “El samurai de la canción” por sus ojos achinados o nipones, en muchas ocasiones fue el encargado de estrenar las canciones escritas por Agustín Lara. En varios momentos de su vida cantó a dúo con Agustín Lara, Beni Moré, Toña la Negra, Libertad Lamarque, Marco Antonio Muñiz, Jorge Negrete, Alfonso Ortiz Tirado, y, junto a Julio Iglesias, cantó “Felicidades” que acabó siendo celebrada por seguidores de ambos intérpretes.

El 20 de septiembre de 1930, cuando ganó el concurso de la XEW, Agustín Lara le ofreció cantar con él y entonces, entrecortado por el momento que estaba viviendo, sólo acertó a contestar: “Muy agradecido, muy agradecido, muy agradecido...”. Tres veces las gracias, pronunciadas en un momento de máxima emoción, acabaron convirtiéndose en coletilla y señal distintiva del maestro. Pedro Vargas ha sido uno de los pocos cantantes de su estilo que entró en el elitista recinto del Bellas Artes, sucedió al cumplir medio siglo de vida profesional, la Orquesta Sinfónica del Estado de México, en esa ocasión la dirigió Enrique Batíz.

Cinematográficamente hablando nos dejó una extensa filmografía de más de setenta cintas. Sumamente fiel al espíritu popular, pasó a la historia como una de esas voces privilegiadas que nos llevan a los mejores tiempos del romanticismo en el país azteca. Siempre que pudo fue a su tierra natal, y como en nuestra Semana Santa  andaluza, el Viernes Santo cantaba en la Procesión del Santo Entierro, era su peculiar manera de agradar al Supremo Hacedor y al coro que lo acogió siendo niño. Poco antes de morir, en una extensa entrevista en “Gente” declaró:

“Yo quisiera con toda el alma, enviar mi corazón a todo el público de México, al que me ha sostenido hasta ahora.

El artista no puede perder de vista que quien manda, ordena, el que coloca, es el público; desde los más pobres hasta los más ricos; de los más jóvenes hasta los de más edad.

En esta vida no hay más que una cosa: cantar pensando en el público, entregarse a él, sin pretender sólo quedar bien, sino entregando lo que uno tiene, con toda sinceridad.”

Hasta la misma muerte le acabó sonriendo a Pedro Vargas, poco después: moría plácidamente mientras dormía. ¡Qué mejor manera de despedirse de este mundo. Sin duda “hasta la dama de negro” se enamoró de su voz y le acompañó en el postrero viaje al más allá! Qué gran manera de decirle adiós a un caballero.

BENI MORÉ (CUBA)

Bartolomé Maximiliano Moré nació en Santa Isabel de las Lajas en 1919, murió el 19 de febrero de 1963. Saliendo de cantar ¡Oh, Bárbaro! en la emisora habanera CMKW, se le bautizó como “El bárbaro del ritmo”. Uno de los transeúntes le reconoció y le largó: “¡Que va compay, el Bárbaro es usted! Aprendió a tocar en su etapa adolescente donde llegó a dominar el tres y la guitarra con la cuál se inspiraba en la música popular cubana. Aunque nunca fue reconocido -algo habitual en la isla antillana- Beni tenía sangre española en sus venas, ya que la su madre era fruto del coronel Simeón Armenteros. Los Moré recibieron el apellido del Conde de Casa Moré que poseía la gran central azucarera [ellos dicen el central] de la Santísima Trinidad. Su madre, Virginia, tuvo nada menos que 18 hijos, él fue el mayor.

A los veinte orientó sus pasos hacia la capital de la isla y se ganó la vida tocando en los bares... Fue a los 25 cuando se integró con el inolvidable “Trío Matamoros” y con ellos, mientras estaban de gira por México, adoptó el nombre artístico de Beni Moré con el que pasó a la inmortalidad en la música de su país. Aunque actuó con numerosas bandas, la que más le enseñó fue la de Pérez Prado.

Tras su regreso a Cuba montó su propia banda (también denominada Jazz Band) que bautizó como “Banda Gigante”, alcanzó una serie de éxitos que luego han versionado muchísimos intérpretes, entre ellas está la dedicada a su ciudad natal “Santa Isabel de las Lajas” más recientemente popularizada por Elíades Ochoa. Con su agrupación realizó giras por diferentes países americanos: Haití, Venezuela, Colombia, Panamá y Estados Unidos.

Su legado musical ha sido explotado hasta la saciedad por la empresa estatal cubana EGREM, existen infinidad de versiones de bajo costo que, en muchos casos, no es la mejor manera de disfrutar aquellas históricas grabaciones del genial músico cubano que decía:

“Mi cantar quiero que sea perfumado...” o “Cuando tus labios besé mi alma tuvo paz...” Uno de los festivales más importantes de la isla lleva su nombre “Festival Beni Moré de La Habana”. Un gran tributo a un músico que no sabía leer las partituras pero que demostró tener un oído y una sagacidad a prueba de bombas.

JORGE NEGRETE (MÉXICO)

Guanajuato, el 30 de noviembre de 1911, Los Ángeles-California, el 5 de diciembre de 1953 víctima de una hepatitis mal curada. Jorge Negrete era conocido como “El charro inmortal”, fue el segundo de seis hermanos criados en una familia que, posiblemente, tenía orígenes andaluces.

Inició sus estudios en el colegio católico de Santa María de Guanajuato y una vez instalado en el DF siguió en el colegio alemán Alexander von Humboldt en donde llegó a dominar el idioma de Goethe, también hablaba inglés, francés e italiano, y muchos de sus biógrafos le citan como hablante náhuatl (lengua azteca). Los estudios de canto los inició con el director de la Impulsora Mejicana de la Ópera, José Pierson; era barítono e intentó pasar las pruebas del Metropolitan Opera House de Nueva York, al no poder aportar la fianza de 10.000$ que se exigía a todos los que no eran norteamericanos, se vio obligado a regresar a su país y ese mismo año filma su inolvidable “Ay Jalisco no te rajes” que le acabará aupando al estrellato musical de su tiempo; grabó varias óperas como Alberto Moreno.

Durante la Guerra Mundial intentó integrarse en el ejército norteamericano, pero fue rechazado. Cuando dejó la carrera militar, tenía el grado de capitán. Solicitó la baja para dedicarse por completo a la música, entonces estaba en la XETR. Un año después pasó a la XEW, semillero musical de México, simultaneando su trabajo en muchas ocasiones con Nueva York en donde solía grabar un par de veces por semana (NBC).

Como tantos grandes cantantes de su tiempo, la radio jugó un importante papel para popularizar sus interpretaciones y el cine para ofrecer a sus seguidoras la parte física (“La madrina del diablo y La Valentina” fueron el debut cinematográfico en 1937/38). Durante la filmación de la segunda película conoció a la que sería su primera esposa Elisa Christy [Elisa Crochet Asperó, nacida en el DF, pero hija de la actriz barcelonesa Elsa Asperó y Julio Villarroel], se casaron en Miami el 28 de marzo de 1940, poco después vino a actuar a España y el actor Ángel de Andrés, que presenció su llegada a Madrid, declaró “Que se sentía abochornado por la reacción femenina que le estaba esperando en el aeropuerto, ante la histeria que se desató tuvo que ser escoltado por la policía hasta la capital. ¡Menos mal que recién se había acabado la guerra y nos “tenían acogotados”. El resultado, fue exactamente el mismo que el cantante tuvo en cualquier país al que acudía a cantar: las féminas se rendían a sus encantos ¿imaginan el espectáculo si hubiese existido la televisión? Entre sus descendientes, varios nietos fueron tenores. En segundas nupcias se casó con La Doña “María Félix” (ver Agustín Lara).

A su muerte congregó más de medio millón de personas que le dieron el último adiós acompañándole hasta su mausoleo. Los 42 años de vida fueron sumamente prolíficos en el aspecto musical. Fue el ídolo indiscutible de las mujeres de su tiempo, y tras su desaparición se realizaron numerosos discos póstumos con los materiales no editados e infinidad de recopilaciones, uno de los últimos en 1993 “Homenaje al charro inmortal”. Plácido Domingo le llamó el “Non Plus Ultra” (no hay más allá de Jorge Negrete) y el canario Alfredo Kraus declaró en más de una ocasión que cuando quería escuchar música colocaba los discos de Jorge Negrete: un cantante inmortal.

En el mundo del cine encontramos casi cincuenta películas, desde la citada “Madrina del diablo” a “El rapto” (1954). En 1949 rodó dos cintas con claro sabor español: “Una gallega en México” y “Jalisco canta en Sevilla”. Al margen de su ya célebre “Ay Jalisco”, recuerdo su interpretación en “Juan sin miedo” que visioné siendo niño en mi tierra natal y el cine era el único entretenimiento de aquella pequeña población de la Sierra Tejeda granadina.

Los diez sellos del correo salvadoreño se imprimieron en minipliegos de diez -dos columnas verticales de cinco- con una facial de 1,50 colones (0,17 centavos de dólar norteamericano, moneda que también circula libremente en el territorio salvadoreño). Hubo una hojita bloque de cuatro colones (0,46$), en el sello va la clásica guitarra española, el histórico micrófono y un perfil con el rostro de Pedro Vargas que se recupera para el matasellos de primer día empleado en la capital el 11 de octubre de 2005. Al lado izquierdo del sello, ilustrando la hojita, fotografías de los diez “inmortales” filatelizados en esta ocasión.

Fueron diseñados por José Francisco Guadrón, se lanzaron 500.000 ejemplares (50.000 series). La hojita bloque sólo tuvo 3.000 piezas y, a estas alturas, debe de ser una de las emisiones que se han ido revalorizando por el fuerte impacto entre los que todavía siguen recordándoles, después de todo, entre los diez llenaron casi toda la música latina del siglo XX.

Años antes, el correo mexicano lanzó otra preciosa serie dedicada a los ídolos populares de la radio en este país (1995). Por supuesto no son los únicos homenajes en forma de sellos, los interesados sólo tienen que buscar en las web de los servicios postales del continente, en algunos casos, están colgados prácticamente todos los sellos emitidos a lo largo de la historia filatélica de cada país, en caso de búsqueda, también pueden intentar entrar en la web de la UPU (Unión Postal Universal) que tiene buenos enlaces para administraciones postales de todo el mundo, el problema es que algunas de ellas están sin actualizar, lamentablemente, parece que a los “hispanos” tampoco nos preocupa mucho esa parcela y denota una desidia que en nada ayuda a nuestra manera de ser, aunque hay continentes todavía en peores circunstancias. Otra es buscar en los agentes distribuidores de novedades filatélicas.

 

Escribir a Juan Franco Crespo