Entrevista a Roger Alier

«Los compositores de hoy ya no se dedican a la ópera ni a la música como lo hacían los de antes»

(Por Ovidi Cobacho Closa)

Roger Alier, nacido el 28 de julio de 1941 en Los Teques (Venezuela), en el seno de una familia catalana en el exilio tras la Guerra Civil, ha llegado a convertirse, después de años de infatigable trabajo, en una de las figuras que más ha contribuido a la divulgación del género operístico en el panorama estatal.

Mentor de varias generaciones de estudiosos e investigadores del género lírico en Catalunya, se doctoró en 1979, con una tesis sobre Els orígens de l’òpera a Barcelona que le valió el Premio Extraordinario de Doctorado en la Universidad de Barcelona, donde imparte clases desde entonces de Historia de la Música e Historia de la Ópera.

Roger Alier

Durante años fue director de la sección de música universal de la Gran Enciclopedia Catalana (1971-1977) y en la década de los ochenta fue director del departamento de música de Ediciones Daimon, donde dirigió y coordinó  la traducción y comentarios de numerosos libretos de ópera, biografías y ensayos sobre compositores y el género operístico. Es Presidente-Fundador de la revista Ópera Actual y autor de numerosos libros sobre la Historia del Gran Teatre del Liceu y en los últimos años ha publicado en ediciones Robinbook varias traducciones y comentarios acerca de textos operísticos, así como una Historia de la ópera, un libro de La Zarzuela y una Guía universal de la ópera en 3 volúmenes, entre otros muchos. A finales de la década de los 90 impulsó también la creación de dos temporadas de ópera en el antiguo Teatre Principal de Barcelona, con los libretos adaptados al catalán. Colaborador habitual en los medios de comunicación catalanes como especialista del género operístico, ha publicado también dos libros de conversaciones operísticas con el periodista Marcel Gorgori que han tenido una gran acogida de lectores, sumando más de 7 reediciones en pocos años.

En la actualidad, sigue combinando su condición de docente y crítico musical de La Vanguardia con una frenética y apasionada actividad dedicada al mundo de la lírica, con una media de 6 conferencias semanales, como promotor de 3 o 4 espectáculos operísticos anuales de pequeño formato y llegando a ver, algunos meses, una veintena de espectáculos operísticos. Este mes de noviembre sale al mercado su último y monumental trabajo bibliográfico: un exhaustivo Diccionario de la ópera en dos volúmenes.

Sr. Roger Alier, ¿cuales fueron sus primeros contactos con el género operístico?

Mis padres me aconsejaron y me animaron a que fuera al Liceu y así lo hice el 15 de noviembre de 1960. Aquella tarde hacían un Barbiere con Kraus y d’Angelo y al final del primer acto decidí que no me gustaba y no iba a volver más, pero después de escuchar “Una voce poco fa” mi impresión cambió radicalmente. Desde entonces empecé a acudir a las temporadas del Liceu con regularidad, y al llegar a casa tenía por costumbre anotar las  impresiones que me había causado la representación, fueron mis primeras críticas privadas. Años más tarde, en 1973, me ofrecieron la posibilidad de hacer críticas en la revista Serra d’Or e, impulsado por Francesc Fontbona, me decidí a hacer una tesis sobre los orígenes de la ópera en Barcelona.

La Zarzuela de Roger Alier

¿Cómo valora en la actualidad el peso que tiene la música en los currículums educativos?

En la Universidad, desde hace unos años, es relativamente mejor. En primaria y secundaria la atención y la importancia que se da a  la música es muy poca, de este modo nunca lograremos salir del nivel “subeuropeo”. Incluso en Japón el interés por la música en la educación es muy superior al nuestro y los estudiantes acaban la primaria sabiendo tocar como mínimo un instrumento.

En el momento en que usted realizó su tesis, en los años setenta, ¿Cuál era el interés por la historia y la tradición operística en España?

Empezaba a haber una mayor curiosidad y un interés ascendiente en este sentido que después se ha notado e incrementado mucho más. En los años setenta aún había muy poca bibliografía al respecto, cosa que en las últimas décadas se ha ampliado muchísimo. Sobretodo ha mejorado mucho el respeto por las cosas musicales.

La creciente proliferación de temporadas y escenarios operísticos a nivel estatal ¿hace pensar en un mayor interés por el género operístico o más bien se podría tratar de una nueva moda pasajera?

No creo que se trate de una cosa pasajera, porque es una realidad que se  va confirmando año tras año. A los que estamos implicados nos gustaría que fuera mucho más, pero de todos modos la afición por el género está aumentado indiscutiblemente.

¿Quizás la revalorización de las puestas en escena y la figura del director escénico pueden haber contribuido a generar una nueva atracción?

En cierto modo sí, porque da lugar a que se hable de ello, aunque no siempre se hable bien. Pero sin duda ha removido el ambiente y esto siempre es bueno.

¿Qué opina de los criterios de programación de los escenarios estatales? ¿demasiado tradicionalistas? ¿Se apuesta suficientemente por el estreno de títulos de nueva creación?

No estoy muy descontento del nivel. Quizás se tienda a repetir algunos títulos cuando en la ópera hay muchas cosas para ofrecer, aunque a menudo también los nuevos estrenos no son los más interesantes.

Libro de la Opera de Roger Alier

¿A qué se debería el divorcio que existe entre buena parte del público y las nuevos títulos que se estrenan?

En realidad, aunque esto no se pueda decir, los compositores de hoy ya no se dedican a la ópera ni a la música como lo hacían los de antes; les interesan  los aspectos más especulativos pero no hay el amor con que lo hacían antes. Pero también se ha de tener en cuenta que en épocas pasadas muchas óperas iban del teatro directamente al armario y no perduraban, y esto es lo que pasa también hoy en día en la mayoría de los casos.

¿Cuál sería su valoración de la presente temporada operística en los escenarios estatales?

No es una temporada especialmente brillante, aunque hay algunas cosas curiosas. Detecto un cierto cambio de orientación en el Teatro Real, con más presencia de la ópera barroca y contemporánea y menos ópera tradicional, pero está aún por ver si se acaba confirmando. También en Oviedo veo muchas ganas de hacer  cosas bien hechas, como en Bilbao y Valencia.

Hablando de voces, últimamente parece ser que estamos viviendo una nueva hornada de talentos de habla hispánica. Solo en la cuerda tenoril ya brillan con luz propia nombres como Villazón, Diego Flórez, Bros…

Indudablemente. Y en ello ha influido mucho también que se rompiera la rutina de nombres que las casas discográficas habían estado imponiendo durante años. De cualquier modo, en el ambiente español, existe hoy día un florecimiento muy notable de cantantes de todas las cuerdas, especialmente en Valencia.

Roger Alier

Sin dejar las voces, hace pocas semanas tuvimos que lamentar la desaparición de una de las más legendarias del pasado siglo XX: la de Luciano Pavarotti. Usted le dedicó una biografía, publicada por ABC y posteriormente por Robinbook el 2005. ¿Qué destacaría de la aportación de este gran tenor a la historia de la ópera?

Por encima de todo, su simpatía escénica y su indudable belleza vocal que logró atraer mucha gente al campo de la ópera que quizás nunca hubieran llegado de no ser por él.

Más allá de su actividad como crítico e historiador de la ópera, una de sus inquietudes ha sido siempre contribuir a acercar la ópera a un público mayoritario. ¿Cree que la atención que los medios de comunicación dedican a la ópera y su divulgación es suficiente?

Generalmente, hay un desinterés muy grande en muchos de los medios generales, que harían bien en considerar y dedicar más atención a esta forma cultural de tan alto nivel. De todos modos, en España  la atención de la ópera es superior a la de otros países que quizás tendrían “más obligación” como el caso de Italia e incluso Francia.

Desde que asumió el cargo de Director del Departamento de Música de Ediciones Daimon, su actividad como autor de traducciones y libros de difusión del género operístico no ha cesado jamás. ¿Cómo valora su contribución de todos estos años de trabajo?

Durante los ocho años que estuve como director de la sección musical en ediciones Daimon se editaron 99 libros dedicados a la historia de la música, entre los cuales 39 fueron la traducción y comentarios de libretos operísticos. Actualmente, en ediciones Robinbook dispongo de más espacio y no tantas prisas, cosa que me permite trabajar libros de mayor solidez y profundizar más en los contenidos.

Yo me he dedicado sobretodo a la divulgación puntual de los aspectos operísticos más importantes, aunque quizás lo que más falta hace hoy  son biografías. Pero esto, como todo, es cuestión también de mercado.

Ahora está a punto de salir su último trabajo, al que ha dedicado más de dos años y medio, un Diccionario de la ópera ¿Qué podemos esperar de esta obra?

Creo que es un libro que no tiene equivalente en el mercado, por descontado en lengua española, pero ni tan solo en las otras. He reunido en él toda la información asequible sobre el mundo de la ópera, en un formato pequeño: biografías de cantantes, compositores, libretistas, directores de orquesta y de escena, títulos, arias y números musicales importantes, teatros, entidades operísticas, ciudades y también países con un cierto relieve en el mundo de la ópera. Hay ejemplos de curiosidades muy interesantes, como por ejemplo un teatro de Bangkok donde se ha hecho una tetralogía de Wagner “tailandesa” y donde el director de orquesta ha escrito también un final distinto para completar el Turandot de Puccini.

Ha sido un trabajo muy interesante y enriquecedor, y también ha sido la primera vez que he podido aplicar todos los recursos que ofrece internet directamente en un trabajo.

Dentro de su faceta como impulsor de producciones operísticas de pequeño formato, destaca su intento, a finales de la década de los noventa, de promover unas temporadas de ópera en catalán con jóvenes intérpretes y títulos más bien infrecuentes dentro de lo que se considera en gran repertorio. ¿Cómo valora aquella experiencia? ¿Cree que se debería apostar más por este tipo de repertorio de más pequeño formato?

Sin lugar a dudas, debería ser mucho más promovido. Aunque estas iniciativas fuera de los grandes escenarios siempre se encuentran con la dificultad de la financiación. En las dos temporadas que impulsé en el Teatro Principal de Barcelona, los años 1998 y 1999, tuvimos bastante éxito de público, pero aún así no pudimos reunir las suficientes ayudas económicas para seguir con garantías.

El idioma en la ópera ha sido siempre uno de los handicaps para el público mayoritario. De hecho, todos los grandes teatros utilizan el subtitulado.  Usted ha optado muchas veces por impulsar versiones con textos traducidos al catalán para facilitar la comprensión de las obras, aunque una parte del público más tradicional sea reacio a este tipo de traducciones. ¿Cree que la adaptación del libreto al catalán o al castellano puede facilitar el acceso a la ópera a un público mucho más amplio?

En los títulos de la ópera seria con el subtítulo creo que es suficiente, puesto que los argumentos son mucho más primarios y se puede seguir la trama perfectamente. Pero en la ópera bufa o cómica es mucho más importante que todo el mundo entienda lo que se está diciendo y por lo tanto es mejor hacerlo con la lengua que habla y entiende el público, y con ello no creo que se desvirtúe el sentido musical de la obra.

Después de este gran diccionario de la ópera, ¿Cuáles son los próximos proyectos de Roger Alier?

Hay un par de libros en proyecto que aún se están cociendo. Y en cuanto a producciones de ópera de cámara, hay un Don Pasquale en catalán que se estrenará en marzo de 2008 en Cornellà y alguna cosa wagneriana que aún está por concretar.

Y la gran enciclopedia de la ópera que nos tiene prometida, ¿Para cuando?

Ese es un proyecto para no morir de aburrimiento cuando me jubile. Aunque es un decir, porque nunca me aburro.

 

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