Ópera en Bilbao

Sobredosis de belcanto

(Por Otis B. Driftwood)

Anna Bolena en Bilbao
56 Temporada de Ópera de OLBE-ABAO. Palacio Euskalduna. Bilbao, 23 de Octubre de 2007. Anna Bolena. Ópera en dos actos, Música: Gaetano Donizetti. Libreto: Felice Romani. Estrenada en Milán, Teatro Carcano, el 26 de diciembre de 1830. Anna Bolena: June Anderson. Giovanna Seymour: Marianne Cornetti; Enrico VIII: Chester Patton; Lord Riccardo Percy: José Bros; Smetton: Marita Paparizou; Lord Rochefort: Christophe Fel; Sir Hervey: Jon Plazaola. Produccion Opéra Montecarlo. Teatro Comunale di Bologna. Directora Musical: Kery-Lynn Wilson. Director de Escena: Jonathan Miller. Director de Escena en Bilbao: Gianfranco Ventura. Escenógrafo: Roni Toren. Figurinista: Claire Mitchel. Iluminador: Robert Bryan. Euskadiko Orkestra Sinfonikoa. Coro de ópera de Bilbao. Director del Coro: Boris Dujin

Tras la inauguración de la temporada con la representación de dos obras del siglo XX, Elektra y "El Castillo de Barbazul", la ABAO pasa a un paradigma del belcanto con "Anna Bolena", primero de los dos títulos de Donizetti (no demasiado frecuentes: el otro, allá por febrero del próximo año, es Poliuto, con Francisco Casanova y la Cedolins), incluidos en este Festival.

Y si bien los dos larguisimos actos, de 85 y 95 minutos, de la obra superan con mucho la dosis máxima diaria de belcantismo que me suelo permitir, fue una excelente función

June Anderson canta estupendamente y es una magnífica actriz, capaz de expresar todos los matices de su personaje con sus recursos dramatico-teatrales y su voz, pero sin perder ni por un momento el estilo belcantista, ni caer en efectismos no pertinentes en este tipo de obra. Emocionante y magnífica en su aria "Al dolce guidami", cantada de forma realmente exquisita y desbordante de buen gusto musical.

Me gustó también la mezzo Marianne Cornetti, de voz poderosa y agudos rotundos. Y, aunque ni mucho menos cantó mal, todo lo contrario, José Bros no me terminó de convencer. Debo ser un raro porque es evidente que su tipo de voz y estilo de canto se adaptan perfectamente a este tipo de obras. Y además, levantó un alud de bravos. Quizá su voz y su estilo de canto sea como el sabor de la tónica, que hay que probarlo mucho, para llegar a apreciarlo. No sé.. Pero el caso es que hay algo en su forma de cantar, ciertas irregularidades en su color vocal, que me descolocan y rompen el encanto. Puede que se trate simplemente de una paranoia mía, pero tengo la impresión de que cuando pasa al registro agudo y luego regresa al grave, el color de voz ha cambiado completamente, lo que provoca una cierta sensación de descontrol.

Anna Bolena

No demasiado afortunada Marita Paparitzou como Smetton, disfrazada, además, con un traje que le daba un extraordinario parecido con la sota de espadas, parecido que se acentuó hasta limites insospechados cuando emprende su duelo a puñal con Riccardo. Y no me impresionó especialmente el bajo Chester Patton, de estilo muy alejado de lo que exige la obra y con escaso, si alguno, sentido del belcanto. Correctos Christopher Fel y Jon Plazaola.

Me gustó mucho la labora de la directora, Kery-Lynn Wilson, ya conocida en Bilbao, por haber dirigido Boheme en la temporada 2003-2004.. Desde mi localidad se ve perfectamente el podio, así que pude apreciar su gesto preciso, enérgico, elegante y amplio (es una mujer altísima), así como la minuciosidad con la que dirigió y la entrega con que realizó su tarea ("cantó" todos los papeles, acompañando a los cantantes, mientras dirigía). Hizo un trabajo espléndido y fue capaz de mantener el delicado equilibrio de mimar a los cantantes y al mismo tiempo imponer su personalidad a la obra. Dirigía sin perder de vista que arriba había gente cantando pero manteniendo, al mismo tiempo, el pulso de la representación, con el ritmo y el estilo que la partitura pide. Siempre es de agradecer que no cayera en una de esos dos grupos tan frecuentes a los que suelen adcribirse los directores: el de los que son dirigidos por los cantantes y el de los que los avasallan sin miramientos.

Bien el Coro de Ópera de Bilbao, especialmente el femenino en su importante intervención en solitario en el segundo acto.

El montaje de Jonathan Miller es clásico y muy poco invasivo, con unos decorados esquemáticos que cumplen perfectamente su función, sin intentar arreglar una trama no demasiado afortunada desde un punto de vista teatral. Toda una cura de desintoxicación tras la "imaginativa" propuesta que nos brindó en el título anterior de la temporada el Sr. Konwitschny (y esta vez pongo su apellido completo: así Google le encontrará en una página que no habla de él. Una mínima venganza).

Eso sí, no debo olvidarme de comentarles que la función me sirvió para hacer dos descubrimientos: existe un caramelo de envoltorio diseñado especialmente para ser escuchado diez filas más adelante y hay gente sorda que va a la ópera: si no son sordos es difícil imaginar qué interpretación peculiar dan al aviso "los teléfonos móviles deberán permanecer desconectados" que se escucha antes de cada representación.

Fotografías © 2007 by E. Moreno Esquibel
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