Disco del mes
María Malibrán y Cecilia Bartoli: dos voces de leyenda
(Por Alicia Perris)
Maria: Cecilia Bartoli. Sello: DECCA. Obras de Giovanni Pacini, Giuseppe Persiani, Felix Mendelssohn, Manuel García, Vicenzo Bellini, Johann Nepomuk Hummel, Maria Malibran, Giovanni Pacini, Jacques Fromental Halévy y Lauro Rossi.
Una de las voces más prodigiosas de la historia de la ópera, la Malibrán, renace para los melómanos en el estilo y el temperamento volcánico y apasionado de Cecilia Bartoli. La mezzosoprano romana nació el 4 de junio de 1966, como si con su llegada a la vida deslumbrara hasta la primavera. Es posible que sea una de las cantantes más célebres y que más discos haya vendido en los últimos años. Su repertorio original se basó en el trabajo minucioso de las obras de Rossini y Mozart, sin olvidar otros autores menos frecuentados y difíciles de ejecutar con maestría en la actualidad, como Gluck o Salieri, y siempre mostró una marcada tendencia por la sofisticación en la elección de las obras y de los compositores. De una familia de cantantes profesionales, su instrumento vocal, de una potencia y una plasticidad difíciles de igualar, puede considerarse la de una soprano lírica dramática con coloratura, que se maneja con facilidad en una tesitura de tres octavas. Su voz es envolvente, melodiosa, mágica y le granjeó la posibilidad de trabajar con los grandes maestros en la dirección orquestal como Riccardo Muti, Herbert von Karajan, Daniel Baremboim, Nikolaus Harnoncourt y Marc Minkowski.
Su discografía es apabullante. Tiene grabaciones del “Rinaldo” de Haendel, del “Mitridate” de Mozart, del “Orfeo y Eurídice” de Haydn, de “La clemenza di Tito” o “Le nozze”de Mozart, pasando por las óperas clásicas de Rossini como “La cenerentola” o “Il barbiere”. Ya en 1989 ofreció un recital orquestal de Arias de Rossini y uno de arias de Mozart en 1991. En 1999 dio a conocer un Album de Vivaldi, aunque probablemente fue mundialmente conocida y admirada por sus últimos trabajos musicales con su Opera Proibita, en 2005 y su proyecto de dvd, cd y libro ofrecidos con la pasión que pocos como ella pueden derrochar, a María Malibrán, la mítica cantante del siglo XIX.
Bartoli no puede interpretar mujeres desleídas, sin garra, porque ella misma es una fuerza desatada de la naturaleza, que reconoce su fuerte personalidad, sacándole todo el partido escénico en papeles que otros cantantes interpretan de forma más rutinaria, menos imaginativa. Cuando la Bartoli canta, parece que se abrieran los cielos. Se mueve con ímpetu, hace gestos, cimbrea su talle flexible y su melena remolinea como poseída cuando entona aquella famosa cancioncilla de su último trabajo, “Yo que soy contrabandista”, composición de Manuel García, el padre de María Malibrán. Como toda mujer que se precie es muy consciente de su poder de seducción y plasma en cada gesto, en cada fraseo, todo su potencial vocal y un temperamento de fuego. Reivindica a la mujer femenina y luchadora también en el mundo de la ópera. Y existe una identificación clara en la pasión y la locura que mueve a María Malibrán a arrojarse en brazos de la música y también del amor y la aventura. De su propia experiencia vital, traumática, dolorosa, a menudo fascinante, saca María su talento y su versatilidad para la música.
El abordaje que ha llevado del bel canto tiene una imagen nueva, deslumbrante y luminosa, que se plasma en lo comercial con la venta de seis millones de discos.
La presentación de su trabajo sobre la mítica cantante fallecida a la edad prematura de 28 años, la trae en gira por España y realizará actuaciones en Barcelona y Madrid, para las que se han agotado hace tiempo las localidades, coincidiendo más o menos con la salida en Internet del número de noviembre de Opusmusica.
En 2008 se cumplirá el bicentenario de la Malibrán y la Sala Pleyel de París le dedicará el 24 de marzo de ese año, un homenaje merecido. Era hija de cantantes españoles, pero había nacido en París y a su riqueza interpretativa hay que sumar su creatividad, su genio y su voluntad de proyectarse muy por encima de la estrechez de miras que su época reservaba a las mujeres con talento. Cecilia Bartoli, que en su día recuperó las interpretaciones y el universo de los castrati, se dedica ahora en cuerpo y alma a recrear la vida y el repertorio de María Felicia García, conocida por todos como la “Malibrán”, el apellido de un marido impuesto, del que acabaría divorciándose gracias a la intervención del mítico Lafayette, el mismo que fue a pelear en la guerra de la independencia norteamericana. María Felicia encontró por fin la gran pasión de su vida, pero murió muy joven, como las heroínas, después de haberse refugiado en la amistad de creadores como Georges Sand o Liszt, Bellini, Mendelssohn o Federico Chopin, que siempre la idolatraron. Un museo ambulante acompaña los recitales de Cecilia, poblado de objetos y tesoros extraídos de la memoria y el tiempo de aquella hija de españoles viajeros, cantantes y atormentados. Son su verdadero patrimonio junto con el espíritu y la inspiración de una cantante única, a la que ha dedicado esfuerzos, enormes cataratas de tiempo y devoción.
Bartoli ha emprendido una gira que la lleva a través de media Europa, aunque en abril de 2008 tendrá un desafío especial con el estreno de la desconocida ópera “Clari”, escrita especialmente para la Malibrán por Halévy y sus reiteradas actuaciones para el bicentenario de la cantante de origen español. El concierto que tiene lugar en Madrid, con la orquesta de instrumentos originales La Scintilla de la Ópera de Zurich, cuenta con un programa que incluye obras de Manuel del Pópulo V.García, Giuseppe Persiani, Mendelssohn y Rossini entre otros compositores, en la primera parte y una segunda parte con obras de Gaetano Donizzetti, Gioachino Rossini, Balfe, Bellini o Charles-Auguste de Bériot (el gran amor de María Malibrán, de quien tuvo un hijo, Charles-Wilfrid, un pianista notable, futuro maestro de Maurice Ravel).
El diario Página 12, publicado en la República Argentina, relata en un artículo firmado por Moira Soto, cómo en el Teatro Avenida de Buenos Aires, se presentó la ópera “As Malibrans”, de la brasileña Jocy de Oliveira y de qué manera la autora, “pone de manifiesto rasgos comunes en los personajes femeninos de la ópera tradicional (Ofelia, Ifigenia, Desdémona), sometidos a la autoridad patriarcal y a menudo conducidos al sacrificio. Un espectáculo deslumbrante”.
El dúo Malibrán-Bartoli, ha quedado plasmado para siempre como dos enredaderas fecundas y proteicas que se entrelazan. Verdadera labor arqueológica de la cantante romana, ha pasado ya a la historia, como una de esas epopeyas basadas exclusivamente en el talento, el buen gusto y la capacidad de profundizar y adentrarse en el estudio de la música a través de los tiempos, ofrenda de generosidad y de hidalguía que no puede menos que seducirnos a todos.

