Crítica de discos

Las dos sonatas
para violonchelo y piano de Saint-Saëns

(por Joaquim Zueras Navarro)

Cello Sonatas/ Suite for Cello and Piano. Saint-Saëns. Maria Kliegel, Cello/ François-Jöel Thiolier, Piano. Naxos. 8.557880
Cello Sonatas/ Suite for Cello and Piano. Saint-Saëns

Saint-Saëns (1835-1921) compuso para el violonchelo dos Sonatas (op.32 y op.123), la Suite (op.16), dos Conciertos (op.33 y op. 119), el Allegro appasionato (op.43), la Romanza en re (op. 51) y el Canto Seráfico (op.91), además de El cisne, que forma parte del Carnaval de los animales.

La Sonata Nº1 en do menor de 1872, es una obra de carácter turbulento y de un color sombrío, reforzado por el empleo continuado de los registros más graves del violonchelo y el uso de dobles cuerdas. Algunos han querido ver en ella la pena por el fallecimiento de su tía abuela, que había desempeñado un papel preponderante en su educación y formación musical, y, como francés de un patriotismo exacerbado, la tristeza por la derrota de Sedán, al final de la guerra francoprusiana, que acabó con el Segundo Imperio, bajo el reinado de Napoleón III. El Allegro se inicia con un tema afirmativo que bien pudiera haberlo firmado Beethoven; una segunda idea, como un lamento, surge de las profundidades; el tercer motivo se deriva del primero con acentos muy expresivos, que se desarrollan hasta encontrar reposo en una nota pedal del violonchelo bajo las tornasoladas armonías del piano; finaliza el Allegro regresando al tema del principio, expresado con mayor vehemencia. Frente a la agitación del movimiento anterior, el Andante tranquillo opone como contraste a un plan clásico de una arquitectura sencilla y conmovedora, por el que siempre he sentido gran admiración: Sobre un gracioso acompañamiento rítmico del piano, el violonchelo introduce un apacible cantabile al que sigue un juego de alternancias, episodios secundarios y la reexposición del sugestivo lied inicial. Hay quien dijo que este tema se basaba en una idea de la ópera de Meyerbeer L´Africaine, cuando fue interpretado al órgano por Saint-Saëns en los funerales de su amigo, el padre Duguerry, que fue asesinado durante los trágicos sucesos de la Comuna. El Allegro final rezuma una pasión schumanniana de endiablada dificultad; todas las ideas se oponen, se entremezclan y se estrechan con un ardor y una energía sorprendentes. Fue estrenada y muy aplaudida el 15 de marzo de 1873, en la Sociedad de Conciertos del Conservatorio, con el autor al piano.

Al respecto de la Sonata Nº2 en fa mayor, en 1905 Saint-Saëns escribe desde Argelia una carta a su editor Durán que dice mucho del carácter pesimista y del humor cáustico del compositor: “Naturalmente, la segunda sonata no valdrá lo que la primera. Cuando La Fontaine publicó su segunda colección de fábulas, todo el mundo, de común acuerdo, la declaró inferior a la primera. Es fácil resignarse a lo inevitable”, y en otra carta añade “En fin, he aquí terminada la maldita sonata ¿Gustará? ¿No gustará? That is the question. Es difícil, pero no demasiado. El primer movimiento no es un Allegro, sino casi un Andante; hay muchos tresillos de corcheas, por lo que es una pieza negra. En el Scherzo variado no he seguido la moda actual en que las variaciones se parezcan al tema como la luna a un arenque, aunque presentan diferencias notables; hay incluso una en forma de fuga. El Adagio hará derramar lágrimas a las almas sensibles y el Final despertará al público que durante los otros movimientos se haya dormido”.  La Sonata Nº2, aunque no tenga el vigor inusitado de la primera, no deja por ello de ser una buena sonata. El Maestoso inicial evoca de algún modo al barroco por el ritmo punteado del primer sujeto, que no tarda en fundirse dentro de una atmósfera más poética. El Scherzo se presenta en forma de tarantela en re menor con ocho ingeniosas variaciones contrastadas; este movimiento siempre ha sido el que más ha suscitado  la atención del oyente. Saint-Saëns no estuvo acertado en el juicio sobre su Romanza; no es en absoluto edulcorada, sino de un lirismo muy evocador. El Allegro final, en forma de toccata, permite al violonchelo entregarse a un comentario melódico en forma de agitado lamento, sostenido por el movimiento interrumpido del piano, hasta llegar a una conclusión rotunda. No sabemos la fecha y el lugar del estreno, pero el 13 de diciembre de 1905 Saint-Saens escribió a su editor: “Que Salmon haya interpretado mi Sonata a la perfección, no tiene nada de sorprendente, pero este joven es tan frío como el pez que lleva su nombre”.

La Suite para violonchelo y piano fue compuesta en 1862. Desde el principio gozó de popularidad por la variedad y belleza de sus temas, por lo que más tarde la adaptó para violonchelo y orquesta. En el Preludio rinde un homenaje  a las Suites para violonchelo de Bach, sin abandonar su personal lenguaje; la Serenata es una evocación algo lánguida de España; en el Scherzo, un Allegro grazioso, se nos muestra un vals que va creciendo en intensidad y brillantez;  hay mucho de ensoñación en la encantadora y un tanto dubitativa Romanza siguiente; el Final está constituido principalmente por una fuga, tras una solemne introducción, que muestra el talento contrapuntístico del compositor, y que termina por disolverse en una majestuosa conclusión.    

Estas obras suponen un notable tour de force para los ejecutantes. Los intérpretes de este CD cumplen a la perfección este cometido, actuando con un inspirado uso de la dinámica y con una claridad y elegancia admirables.

Escribir a Joaquim Zueras Navarro