Crítica de libros

Chirigotas musicales

(Por Hertha Gallego de Torres)

El músico bromista, N. J. Groce, traducción de Dora Castro, Ed. Ma non troppo, Ediciones Robinbook, 2004.
El músico bromista

Comentar un libro de chistes es difícilísimo. ¡Cómo desearía uno tener el humor gallego y sutil de Camba, o soltar alguna ingeniosidad de las que rebosaba Wilde. Este último  dijo aquello de  que “los músicos son absurdos. Quieren siempre que se vuelva uno mudo, precisamente cuando desearía uno quedarse sordo”.  Lo que me da pie para comentar el libro que me he traído entre manos estos días, una recopilación de humoradas que se lee con la sonrisa en los labios, pero que, estoy segura, cuando esas mismas tonterías, aderezadas con un par de tacos  (a veces, también, con un par de cañas) en su justo momento,  se oyen a ciertos contertulios músicos con habilidad para contarlas, hacen las delicias de todos nosotros en los conciertos, ensayos, clases…

El músico bromista” presume de tener los mejores chistes y ocurrencias sobre la música y los músicos de todos los géneros y todas las épocas. Un tanto exagerado ¿no?  Pero en fin, haciendo alarde de ser políticamente correctos, el libro, una versión  española llevada a cabo por Dora Castro sobre el original anglosajón de N. J. Groce, incluye, además de los “clásicos”, a los “rockeros” (¿se dirá así ahora?), a la música “folklórica, tradicional y country” (por supuesto, se refiere a la de tradición norteamericana), a los banjos y música “bluegrass” y, curiosamente, a los acordeones. Algunas de entre estas bromas no resisten la traducción y quedan muy, muy forzadas. Otras, sin embargo, valen para todos los países.

Yo sugeriría para añadir al Libro de humor de los músicos, una parte final en la que se expusieran algunas de las respuestas que los alumnos de Secundaria dan a los exámenes de música (no sé en Estados Unidos, aquí en España son muy divertidas). Yo recuerdo un “control” en el que el autor de”Pulcinella” era Higos Extrawhisqui,  y no hace mucho corría por ahí un ejercicio en el que se aseveraba que el principal instrumento de una orquesta sinfónica era la gaita. No sé, lo lanzo como idea. Ahora que se han recortado horas en la enseñanza de  música de la educación obligatoria (con la LOE) seguro que la cosa prolifera más. ¿Qué les parece? ¡Seguro que Mercedes Cabrera se ríe y todo!

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