Crítica de discos
Carlos Suriñach, Conciertos para piano y orquesta
(Por José Prieto Marugán)
Autor–Obra: Carlos Suriñach. Conciertos para piano y orquesta. Intérpretes: Daniel Blanch, piano. Kalina Macuta, violín. Sinfonía Varsovia. Director: Jacek Kaspszyk. Sello–Refer: Columna Música.. 1CM0167. CD. Durac. 59’54”. Grabación: Teatro Nacional de Polonia, Varsovia, 23–25 octubre 2006.
No se puede dudar de la internacionalidad de este disco. En las interesantes notas que le acompañan, firmadas por Antoni Pizi se puede leer que Suriñach (Barcelona, 1915–1997), era “catalán de nacimiento, francés y alemán de formación y norteamericano de adopción”. A ello añadiríamos nosotros, español de inspiración, pues el compositor se mostró muy interesado por el mundo del flamenco, como reflejó en páginas como Drama jondo, Ritmo jondo y Flamenco metidations. Si a estos intereses añadimos su interés por la investigación del timbre y del ritmo, podemos tener un retrato –un simple apunte, claro– de la música de Carlos Suriñach.
Para completar la internacionalidad del disco hemos de recordar que se ha grabado en Varsovia por intérpretes polacos, salvo el pianista Daniel Blanch nacido y formado en Barcelona cuya grabación de los conciertos de Montsalvatge y Joaquín Nin–Culmell, comentamos en octubre del pasado año en estas mismas páginas.
Tres obras se contienen en este disco: Concierto para piano y orquesta (1973), Concertino para piano, cuerda y platillos (1956) y Doble concierto para violín, piano y conjunto de cámara (1954). La primera de estas obras muestra varias influencias y se presenta exuberante y espectacular, dominada por el ritmo. El Concertino, viene a demostrar una de las facetas de la música de Suriñach a que ya hemos aludido, su interés por el timbre. En este caso apoyándose en los platillos, a los que hace intervenir nada menos que como solista. El empleo de distintos tipos de este instrumento hace muy atractiva la composición. También aquí están presentes los resultados de su “flamenquismo”, especialmente en la “Chacona” que abre el concierto. En el Doble concierto destaca una textura neoclásica y lo que podríamos denominar “influencia”, quizá más bien recuerdo, de Stravinsky y Falla.
La interpretación de estas tres obras es excelente. Daniel Blanch vuelve a demostrar que es un gran pianista, capaz de abordar con éxito, no ya las dificultades de estas obras, sino su musicalidad y su desarrollo narrativo, algo que en páginas contemporáneas no siempre es fácil. Le acompaña, en el Doble concierto, la violinista polaca Kalina Macuta que ejecuta su parte con solvencia. Por su parte, la Sinfonia Varsovia se nos muestra como un gran conjunto, es especial en el doble concierto, cuando sólo está representada por nueve de sus solistas. A todos ellos los dirige Jacek Kaspzyk, director polaco, afincado en Londres.

