Crítica de discos

Una familia peculiar

(Por Hertha Gallego de Torres)

Joaquín Nin-Culmell, Obra para canto y piano, Intérpretes: Elena Gragera y Antón Cardó, Columna Música, Barcelona, DL: B-43-472-99.
Los Nin, Música Instrumental, Joaquín Nin Castellanos y Joaquín Nin-Culmell, Intérpretes: Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, Antoni Ros Marbá, director; Rosa Torres Pardo, piano; Iagoba Fanlo, violonchelo, 2 CD´s, Sello Autor, SA 01315.
Joaquín Nin-Culmell, Obra para canto y piano

Las mujeres de mi generación a quien primero conocimos fue a Anaïs Nin. Los diarios inacabables que nos prometían tantas cosas, el ardiente romance con Henry Miller y aquella mujer tan extraña, June, que salía también en medio de esa escritura torrencial que no por contener mucha ganga dejaba de tener sus pepitas de oro escondidas, que guardábamos celosamente. Fueron algo así como una iniciación ¿a qué? No lo sabíamos entonces, ni probablemente ahora…(Para leer a Anaïs hay que dirigirse a Siruela, hoy en día).Luego, más tarde,  nos enteramos de que su padre había sido un famoso compositor en la estela de Pedrell y  Falla. Creo que lo primero que escuché de Joaquín Nin Castellanos, el padre de Anaïs, fue un arreglo de Paul Kochanski, un gran violinista polaco, que estuvo mucho en España actuando con Falla (aparece en las encantadoras memorias de Arbós) y de quien tengo en casa una fotografía vestido de torero. ¡Olé! Kochanski  arregló para violín los Cantos de España, de Joaquín Nin padre (como antes había transcrito para este instrumento las Siete Canciones Populares de Falla) y así escuché una Montañesa, una Tonada murciana, una Saeta y una Granadina que me quedaron hondamente impresas. Había ahí un compositor de calidad, alguien que sabía donde moraba el estudio del folklore auténtico.

Pero los Nin no se acaban ahí. Queda otro miembro de la saga, el hermano pequeño de Anaïs, Joaquín Nin-Culmell, también excelente compositor. Ya hace tiempo ha  aparecido un disco imprescindible, su obra para canto y piano, por esa pareja de estudiosos y músicos que conforman Elena Gragera y Antón Cardó. Es un registro culto, íntimo, emocionante, en el que la dicción y la música, muchas veces tomada de fuentes populares, se alían y se compenetran de una manera casi perfecta. Nin-Culmell pretendía subrayar el sentido de las palabras a la manera de Falla, como una unión entre lo intelectual y lo emotivo. No podemos dejar de pensar que esa ligazón es especialmente intensa al tratarse de los intérpretes Gragera-Cardó, que aúnan a su delicadeza y su musicalidad un amplio concepto musicológico e investigador.

Los Nin, Música Instrumental

Si faltaba completar el panorama instrumental –aunque ya el sutil piano de Cardó había realizado en el anterior disco un trabajo armónico y rítmico admirable- , en “Los Nin, Música Instrumental”, están representados ambos músicos, padre e hijo, con acompañamiento de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, dirigida por Antoni Ros Marbá, y dos solistas bien conocidos por el público: Rosa Torres-Pardo, al piano y Iagoba Fanlo, violonchelo. Es un registro de buena factura, en el que la diferente personalidad de los intérpretes solistas enriquece las obras expuestas, algunas de belleza realmente encantadora. ¿Qué podemos decir si no del Concierto para violonchelo y orquesta de 1962 de Nin-Culmell, reelaboración de un concierto para fagot del siglo XVIII? Fanlo sabe entresacar toda su amable inspiración melódica, la dulzura de su Andante, su arrebatado final. ¿El resultado? Lo oímos una y otra vez.

Ya existía una primera grabación en Columna Música de este concierto (aunque no con las mismas cadencias), y asimismo algunos conocían de este sello el Concerto pour piano et Orchestre de 1946 en versión del pianista Daniel Blanch con la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba. En el disco que comentamos, y en comparación con el registro de Fanlo, con Rosa Torres Pardo es muy diferente  el estilo. Más nervioso, menos lánguido;  Ros Marbá sabe contener las energías de una pianista temperamental. Sin embargo, la emoción no se transmite a la obra, tal vez por culpa de ésta, ya muy desfasada.  Hay que destacar el excelente papel de los instrumentos de viento-madera de la orquesta, que reclaman a menudo la atención.

La grabación  merecería muchos más comentarios, tiene multitud de composiciones  interesantes aunque no todas al mismo nivel. Yo me quedo con las primeras que oí al violín, hace años, Los Cantos de España, de Joaquín Nin padre, interpretados ahora con el resonante violonchelo de Fanlo. La Montañesa, la Tonada Murciana, la Saeta…Dicen que el violín se parece a la voz humana. Pero este violonchelo también, un poco. Del “hondo crepitar de su madera” salen sones que se nos parecen. Óiganlos, no se arrepentirán.

Escribir a Hertha Gallego de Torres