Artículos
en la primera mitad del siglo XX
(Por Enid Negrete)
Cuando se oyeron las primeras notas de La consagración de la primavera el 29 de mayo de 1913, la música cambiaría para siempre, y con ella, la ópera y el canto. Había nacido la música del siglo XX y se debía escuchar de otra manera. El arte de las vanguardias, con Picasso a la cabeza, también exigía una manera distinta de ver, de percibir la realidad, de entender la estética visual, la coloración, el mundo. Los Ballets Rusos de Diaghilev, en su explosión colorida y vanguardista, llegarían a influir no sólo en todas las artes escénicas de su tiempo, sino también en la moda y la decoración de interiores de sus primeros y atónitos espectadores.
de la muerte de un prodigio
(Por Patxi Madariaga)
El pasado día 29 de noviembre se han cumplido 50 años de la prematura muerte de Erich Wolfgang Korngold. En aquel año 1957. parecía que sus lieder, sus conciertos y sus óperas estaban destinados a caer en un olvido definitivo. El propio Korngold vivió los últimos años de su vida profundamente deprimido por la absoluta indiferencia que percibía hacia su música y murió con la sensación de que había sido olvidado. Afortunadamente, poco a poco la situación está cambiando y se va conociendo cada vez la maravillosa obra de este compositor, que merece un lugar destacado entre los músicos del siglo pasado.
Instrumentos musicales costarricenses
(Por Juan Franco Crespo)
El correo de Costa Rica emitió un par de sellos dedicados a instrumentos típicamente regionales. Se trata de dos preciosos ejemplares de 115 colones cada uno que muestran el quijongo y la marimba. El quijongo se conoce también como “caramba”, “carimba” o “zambunbia”. Se trata del característico arco musical centroamericano que consiste en una cuerda que se mantiene tensa por medio de una vara curva y flexible que pulsa o golpea el ejecutante. Para hacerla vibrar, normalmente, se incorpora un resonador..
(Por Ana María Flori López)
La puesta en marcha del Teatro Principal de Alicante, en septiembre de 1847, supuso un cambio significativo para la vida musical y cultural de la ciudad, ya que hasta entonces, las únicas posibilidades de escuchar música de calidad se encontraban en las actuaciones de la Capilla de Música de la Colegial de San Nicolás, algunas representaciones realizadas en el Teatro Viejo y en las actividades de las sociedades existentes en la ciudad, donde la mayoría de los intérpretes eran aficionados.
Nuestra Zarzuela
Agua, azucarillos y aguardiente(Por José Prieto Marugán)
Como en otras ocasiones, el público madrileño acudió a este estreno con bastantes dudas, a pesar de que la música estuviera firmada por Federico Chueca. Al fin y al cabo, era final de temporada y se pensaba que la zarzuela sería obra de compromiso y relleno. Pero, también como en otras ocasiones, se encontraron con una maravilla, porque la música de Chueca, chispeante y despreocupada, caló en los asistentes desde el primer momento. Una vez más se cumplía lo expresado, seis años antes, por el periodista Luis Ruiz y Contreras cuando dijo: “Tener obras de Chueca, es la fortuna de los empresarios; colaborar con Chueca, es la esperanza de los poetas líricos; oír las composiciones de Chueca, es el ideal del público.”.

