Crítica de discos

Dos cuartetos de Agustí Borgunyó

(por Joaquim Zueras Navarro)

Quartets de corda. Agustí Borgunyó. Quartet Drago. La mà de guido. LMG 2078
Quartets de corda. Agustí Borgunyó

Agustí Borgunyo Garriga nació en Sabadell (Barcelona) en 1894. Sus padres eran humildes trabajadores del sector textil, como la mayor parte de los habitantes de la zona. Estudió música en la Escuela Municipal de Música de esta ciudad. Más tarde, con ayuda de algún benefactor,  cursó estudios de composición y de armonía en Barcelona con el maestro Manuel Burgués. Llegó a dominar varios instrumentos y a los 16 años ya formaba parte de la Banda Municipal de Barcelona. En 1915 –otros sostienen que en 1916- eludiendo las obligaciones militares en Marruecos y quizás a la búsqueda de perspectivas más amplias, marchó a los Estados Unidos con la idea de ejercer de músico profesional, en donde empezó escribiendo música ligera para la orquesta de baile de la cadena de hoteles Willard, al tiempo que formaba parte de la misma.

Mientras vivía en Washington DC escribió un gran número de ballets, suites y operetas de estilo americano que obtuvieron críticas muy favorables en los periódicos Washington Times y Washington Herald, subrayando su capacidad para captar los ritmos populares de moda. Durante los primeros años de la década de los treinta orquestó de forma exclusiva para la famosa cantante Kate Smith, en la emisora de radio de la Columbia Broadcasting System de Nueva York. Finalizada esta etapa continuó como arreglista en la Orquesta Sinfónica  de la emisora Wor, bajo la dirección de Alfred Wallenstein. Este director le encargó varias obras de aire español para estrenarlas en la radio. Entre los años 1941 y 1960 fue director musical y artístico de la National Broadcasting Symphony Orchestra para un programa apadrinado por la firma Firestone. Realizó orquestaciones para cantantes célebres como Mario del Mónaco y Renata Tebaldi. Con su amigo Joan Sallarés mantuvo una importante relación epistolar; por sus cartas sabemos que, pese a su vida acomodada, siempre sintió una gran nostalgia por Cataluña, enviando desde América muchas sardanas, premiadas con frecuencia en concursos locales. Regresó a Cataluña en el año 1963 y falleció el 1 de julio de 1967.

Su catálogo es muy extenso y comprende más de 150 sardanas así como otras composiciones para cobla, más de 50 canciones para voz y piano y unas 30 piezas corales basadas en gran parte en textos de poetas y escritores de su ciudad natal; un buen número de piezas para piano,  un trío de cuerda con piano y varias obras para orquesta de cuerda y sinfónica, entre las que destacan L'Aplec, estrenada en 1956 por la Orquesta Municipal de Barcelona bajo la dirección de Eduard Toldrà, Emporion, Nocturno Sevillano, Danza Ibérica nº 1 y Suite Ibérica; la opereta en tres actos Maryana y dos ballets, La Festa de Carrer y The Damask Rose. Entre las composiciones para música de cámara de Agustí Borgunyó destacan los dos cuartetos de cuerda, alrededor de los cuales tenemos escasa información: no sabemos ni para quién fueron escritos ni si llegaron a estrenarse en los Estados Unidos. La feliz donación que su hija Leslie Folch hizo al Archivo Histórico de Sabadell en el año 1967 de todos los manuscritos que Borgunyó tenía en Barcelona, ha hecho posible el conocimiento de muchas obras que todavía esperan la atención y el reconocimiento que merecen. Les confesaré que cuando cayeron en mis manos estos dos cuartetos, dadas las fechas en que vivió el compositor, temí que se trataran de dos obras de vanguardia, frente a las que mi oído se resiste. Para mi sorpresa me encuentro con un lenguaje clásico con elementos románticos, que recuerda al de Eduard Toldrá (1895-1962) en su bello cuarteto en do menor, llamado Per l´art.

El Cuarteto para cuerda nº1   fue compuesto en 1955 y dedicado a Joan Lamote de Grignon. Comienza con un emotivo adagio que sirve de pórtico a un allegro con brío, de un clasicismo de sabor español. El allegro scherezando no deja de recordar ciertos giros de Haydn y de Mozart, incluso con sus vehementes octavas. El andante final es conmovedor en su discurso sereno y delicado, que desemboca en un allegro basado en lo que podría haber sido una danza popular, contrastándo con nuevos pasajes del andante, como dos caras de una misma moneda.

El Cuarteto para cuerda nº2  es de 1963. Se trata de una obra muy elaborada y madura, fruto de la última etapa compositiva de Borgunyó. Se abre de modo solemne con octavas a las que se les opone un tema de cierta melancolía; no tarda en aparecer una resuelta melodía de carácter español, a la que responde otra de estilo más intimista. En el largo se desenvuelve en  una ambientación mozartiana muy seductora. Después de un allegretto distendido, casi un rondó, el cuarto movimiento, un allegro, cierra el cuarteto de una manera brillante, con ágiles entradas en imitación llenas de inventiva, muy certero en la estructura de ideas bien diferenciadas, con un discurso sorprendente rico en hallazgos.

Subraya con acierto Josep Maria Pladevall, “ambos cuartetos miran hacia la música de tradición europea, pero respiran la luminosidad y la energía meridionales de un compositor como Borgunyó, que supo asimilar estilos y lenguajes muy diversos, pero siempre al servicio de un discurso musical coherente, orientado y preciso, lleno de sorpresas y de una melodiosidad cautivadora”. El Quartet Drago se muestra muy sólido e inspirado en afrontar estas obras, dándoles el brillo, vitalidad y precisión que merecencen.   

Escribir a Joaquim Zueras Navarro