Crítica de libros

Elaboraciones sin música

(Por Aurelio Viribay)

Si fuera posible expresar con palabras el contenido
de una de las sinfonías de Beethoven, ya no necesitaríamos la sinfonía
(Daniel Barenboim, prólogo de 'Elaboraciones musicales' de Edward W. Said)

 

Título: Elaboraciones musicales. Ensayos sobre música clásica. Autor: Edward W. Said. Traducción: Roberto Falcó. Editorial: Debate. Año: 2007. Nº de páginas: 147. ISBN: 978-84-8306-725-3.
Elaboraciones sin música

He de confesar que tras disfrutar del magnífico prólogo de Baremboim a este libro, comencé a leerlo ilusionado, atraído por la fama de su autor como intelectual de prestigio y creador de la Fundación Baremboim-Said, dirigida a promover la paz entre judíos y palestinos. Sin embargo a medida que la lectura avanzaba, la decepción iba paulatinamente sustituyendo a la expectación inicial. Lo que aún no estoy del todo seguro es si aquella se debía al texto original de Edward W. Said o a la traducción de Roberto Falcó. Entre los errores de traducción cito dos ejemplos: "La mayoría de los buenos músicos pueden tocar de oído, de memoria o de corazón..." (p. 64, 'by heart' es la expresión inglesa que se utiliza para referirse a tocar de memoria); entre las obras de Brahms en la página 113 se cita el "Réquiem" y la —inexistente— "Rapsodia para viola", suponemos que refiriéndose a la "Rapsodia para contralto", ya que el término 'alto' puede significar tanto 'viola' como 'contralto'. Me pregunto cuándo las editoriales se percatarán de la necesidad de contar con traductores especializados o con supervisores especialistas en la materia para los libros sobre música.

Respecto a las numerosas frases para mí ininteligibles del texto, desconozco si la culpa es achacable al texto original, a la traducción o a mi incapacidad para comprenderlas. Un ejemplo de la página 135:"Pero desde un punto de vista intelectual me impresiona la riqueza de lo que he llamado la formación alternativa en la música, en la que los usos no lineales y no desarrollistas del tema o la melodía disipan y debilitan una organización disciplinada del tiempo musical que es ante todo combativo así como dominante". Afirmación sin duda sorprendente: por más que medito sobre ella no acierto a encontrarle ningún sentido coherente. En la página 126 podemos leer que "Charles Rosen asume que el estilo clásico, tal y como él lo analiza, proporciona el tipo de destilación que podría darse en llamar como la melodía del clasicismo musical en estilo proustiano". Aunque he leído a Proust y me he emocionado con sus momentos geniales —descubiertos como tesoros ocultos en la maraña de interminables pasajes tediosos—, el concepto de la destilación y el clasicismo musical en estilo proustiano, sinceramente, no lo acabo de entender.

Más cuestiones chocantes. Edward W. Said, era capaz de tocar el piano como buen aficionado. Pues bien, en la página 121, refiriéndose a las exigencias de tocar al piano una determinada obra, dice lo siguiente: "Además, también hay que prestar una atención minuciosa al fraseo, al tempo, a las anagogías o a las inflexiones del compás". Excepto en lo que se refiere a las anagogías, totalmente de acuerdo, pero en mi conservatorio mis profesores nada me dijeron de prestar la debida atención a las anagogías (Diccionario de la R.A.E.: anagogía 1.Sentido místico de la Sagrada Escritura, encaminado a dar idea de la bienaventuranza eterna. 2. Elevación y enajenamiento del alma en la contemplación de las cosas divinas).

Encontramos además diseminadas a lo largo del texto afirmaciones como la siguiente sobre Chopin, con la que no se puede estar de acuerdo, pues responde a tópicos por fortuna muy superados hoy en día: "(...) el destino que ha corrido la obra de Chopin es atroz, porque ha sobrevivido no como el asombroso revolucionario que fue en realidad desde el punto de vista cultural y musical, sino como compositor para piano afeminado y trivial" (p. 92). La joya sin embargo me ha parecido la siguiente afirmación sobre 'La flauta mágica' de Mozart, cuyo "estilo alegórico y semafórico de relacionar una especie de sencillez sublime con la virtud, de relacionar una demostración virtuosa con un afeminamiento peligroso, es una forma, en mi opinión, de aferrarse a un dominio cada vez menor, el del músico cuyo capital es su habilidad personal, atesorada para protegerse de las intromisiones de las tentaciones (en gran parte nocturnas) mundanas" (p. 94).Nos encontramos nuevamente con el concepto de 'afeminamiento', esta vez con el agravante del adjetivo 'peligroso', pero lo más innovador sin duda me parece el adjetivo 'semafórico' (Diccionario de la R.A.E.: semafórico 1. adj. Perteneciente o relativo al semáforo) aplicado al estilo mozartiano. Todo un hallazgo. Siguiendo con la ópera, el autor se aferra a tópicos lamentables para los tiempos que corren hoy en día, en pleno siglo XXI, afirmando que las obras que forman el repertorio del bel canto o del verismo "se han asentado de tal modo que han logrado impedir la representación de ópera checa, francesa, británica, rusa y gran parte de la alemana y, al mismo tiempo, han fomentado la idea de que la ópera trata de gente trastornada y con problemas de sobrepeso que canta a voz en grito y de un modo incomprensible" (p. 91). Basta con echar un vistazo a las variadas programaciones de las temporadas de cualquier teatro de ópera del mundo, comprobar que los sobretítulos del texto están a la orden del día y que a los cantantes cada vez se les exige más como actores, para darse cuenta de que afirmaciones como la anterior sólo se basan en prejuicios y tópicos rancios, pertenecientes a tiempos por fortuna hoy en día superados.

Sin duda disfrutará de este libro ese espécimen de 'intelectual' que cuanto más ininteligible es un texto, más elevado lo encuentra. Por el contrario, todo aquel amante de la claridad, es mejor que se abstenga de leerlo. Recomendación extensible al melómano de a pie, que encontrará muy poca música y mucha elaboración del texto en estos tres ensayos titulados "La interpretación como ocasión extrema", "Sobre los elementos transgresivos de la música" y "Melodía, soledad y afirmación", fruto de tres conferencias ofrecidas por el autor en la Universidad de California en 1989. Con todo, el ensayo más logrado es el primero, pese a que, como el resto, el discurso y las conclusiones resultan un tanto forzados. En mi opinión el mejor texto del libro son las cinco páginas del prólogo de Daniel Baremboim. No se las pierda.

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