Fundación Scherzo
Eduardo Fernández en el Ciclo de Jóvenes Intérpretes
(Por Antonio José López Domínguez)
VI Ciclo de Jóvenes Intérpretes (Fundación Scherzo). Teatro de la Zarzuela de Madrid, 12 de noviembre de 2007. Eduardo Fernández (piano). S. Rachmaninov: Études-tableaux op. 39, I. Stravinski: 3 Movimientos de “Petruchka”, F. Schubert: Sonata nº 22 en la mayor, D 959.
Eduardo Fernández (Alcalá de Henares, 1981) se presentó en Madrid el pasado 12 de noviembre dentro del Ciclo Jóvenes Intérpretes para ofrecer un programa con obras de S. Rachmaninov, I. Stravinsky y F. P. Schubert en el Teatro de la Zarzuela. Este recital abre la sexta de edición de este ciclo en el que también participarán Valentina Igoshina y Bertrand Chamayou. Los Études-tableaux, op. 39 (1916-17) de S. Rachmaninov, los 3 Movimientos de “Petruchka” (1921) de I. Stravinsky y la Sonata nº 22 en la mayor, D 959 (1828), de F. P. Schubert constituyen un programa muy exigente. Un conjunto que permite penetrar sin obstáculos en un pianismo que tiene mucho de sinfónico y que emplea los recursos técnicos más potentes.
Gustoso de unir el teclado a la orquesta, Rachmaninov, escribió cuatro vigorosos conciertos, pero también se explayó en creaciones para piano solo, en las que, ajeno a la retórica sinfónica, se produce con mayor discreción, con un lirismo de altos vuelos y con una certera y precisa escritura que da cauce a las más diversas expresiones nacidas de una emoción con bastante frecuencia sincera. Sus preludios, sus juegos de variaciones, sus sonatas, sus momentos musicales y sus Études tableaux son la mejor prueba de su destreza y de su personalidad musical. En este recital escuchamos el segundo opus de estos cuadernos, el que lleva el nº 39, integrado por nueve piezas muy variadas, todas escritas entre 1916 y 1917 a excepción de la sexta, que es de 1911, aunque fuera revisada al tiempo que se componían las demás. En estos nueve estudios asistimos a un despliegue técnico magnífico de Eduardo Fernández dotando a la música del carácter adecuado. Nos introdujo en una atmósfera trabada (“Allegro agitato”, do m), un íntimo discurso (“Lento assai”, la m), un precipitado discurrir (“Allegro molto”, fa # m), una fantástica improvisación (“Allegro assai”, si m), un melodismo expresivo (“Allegro”, la m), una sombría marcha (“Lento”, do m), un mundo cromático (“Allegro moderato”, re m) y una marcha coronada por una abigarrada fuga (“Allegro moderato. Tempo di marcia”, Re M) gracias a su envidiable técnica y musicalidad.
A continuación Petruchka. Un piano privado de halo y potencial cantable. Un desafío virtuosístico que el pianista alcanzó brillantemente. La nitidez del trazo, la violencia en la aplicación de los colores, de técnica tan fauvista, la estilización de la banal canzonetta, la falta de elaboración temática son algunos de los rasgos que definen a la obra y que reaparecen, diestramente distribuidos, en la versión para piano, en estos Tres movimientos. Excelente el rigor y la fidelidad interpretativa de Eduardo Fernández en las constantes referencias a la danza y a la canción popular. En Danza rusa, consiguió transmitir ese sabor popular, pentatónico y brillante, dibujando el fraseo con gran elegancia. En el segundo movimiento (En casa de Petruchka) quedó patente la tensión, la inquietud, un gran dominio de los planos sonoros por parte del pianista para continuar con un sabor más fresco en Semana de Carnaval.
Schubert dejó un legado de más de veinte sonatas para piano, una de las últimas, la nº 22, es una obra amplia en sus cuatro movimientos y con gran influencia de sus Lieder. La Sonata en la mayor reafirma la estructura del género en los movimientos primero y cuarto, donde la técnica irreprochable de Eduardo Fernández y su dominio del teclado transmitieron pasajes escalísticos vertiginosos en velocidad y claridad. El ‘Andantino’, melancólico e influenciado por la cancionística de Schubert, sonó sensible y evocador. El rigor empleado en los pianísimos, los cantabiles y la contrastante sección central de este movimiento, de carácter más desenfadado y lúdico, dieron paso al ‘Scherzo’. El fraseo muy refinado, con stacatti precisos conduciendo el canto superior de los acordes, trinos cristalinos y arpegios claros. El ‘Allegreto’ final, brillante.
Para finalizar el recital, Eduardo Fernández se despidió con innumerables propinas en las que se dirigió a la sala e realizó una emotiva dedicatoria a su abuelo recientemente fallecido. Sin ningún tipo de duda su destreza técnica, su buen hacer y delicado sentido de la música lo han convertido en uno de los más talentosos pianistas de nuestro país.

