Aniversario
Korngold: cincuenta años
de la muerte de un prodigio
(Por Patxi Madariaga)
"Se hallaba pues en la edad en la que los últimos velos del indeciso encanto
juvenil se desprenden para dejar al descubierto la segunda, más auténtica y
superior etapa de la belleza femenina en la plenitud de la mujer"
(Franz Werfel: "La Novela de la Ópera")
Para T. Como regalo de cumpleaños.
El pasado día 29 de noviembre se han cumplido 50 años de la prematura muerte de Erich Wolfgang Korngold. En aquel año 1957. parecía que sus lieder, sus conciertos y sus óperas estaban destinados a caer en un olvido definitivo. El propio Korngold vivió los últimos años de su vida profundamente deprimido por la absoluta indiferencia que percibía hacia su música y murió con la sensación de que había sido olvidado. Afortunadamente, poco a poco la situación está cambiando y se va conociendo cada vez la maravillosa obra de este compositor, que merece un lugar destacado entre los músicos del siglo pasado.
Siempre que me preguntan por mis compositores favoritos y cito a Korngold, la gente suele reaccionar con un “¿quien?, ¿Korn...qué? No lo he oido nunca”.
Y es que es cierto que no es precisamente uno de los más populares, ni siquiera entre muchos aficionados a la música clásica.
Mi respuesta suele ser siempre la misma: “Pues casi seguro que has escuchado su música aunque no lo sepas” y les pongo la melodía que suena en mi teléfono móvil cuando me llaman: el majestuoso motivo en fanfarria que suena en los títulos de crédito, de “El Halcón del mar”, una película de 1940, interpretada por Erroll Flynn y dirigida por Michel Curtiz y que, aunque ahora circula en DVD, lo cierto es que no se estrenó en España por aquello de que los españoles eran los “malos” de la película.
Muchas veces la reacción del oyente es “Pero....si parece la música de Superman o de “En busca del arca perdida”...
Y es que no hay duda de que John Williams y muchos otros compositores de bandas sonoras son herederos directos del estilo que utilizó Korngold en la música que compuso para el cine.
Pero Korngold también compuso óperas, conciertos, música de cámara, obras para piano y lieder. Obras excelentes e incluso geniales en algunos casos Y aunque poco a poco la situación está cambiando, si nos remontamos tan solo 15 años muy poca gente hubiera siquiera oido hablar de Korngold como compositor de este tipo de música. Los aficionados al cine le reconocían como el autor de algunas memorables bandas sonoras, por las que mereció dos premios de la Academia. Y poco más.
Mientras, la mayor parte de la crítica sacudía displicentemente la cabeza ante su música y decían con desdén : “¿Cómo? Suena a música de cine”, decían, en un intento de descalificar y denigrar su música, arrinconándola como algo de baja categoría.
Y probablemente tenían razón en que la música de Korngold suena a cine. Basta escuchar, por ejemplo, el comienzo de la obertura de su ópera Violanta, para comprobarlo. Pero Violanta fue estrenada en 1916, bastante antes de que sonara lo que hoy entendemos por “música de cine”.
Así que habría que preguntarse si esos críticos de "fino paladar" que estimaron (algunos aún lo estiman hoy) que Korngold suena "como la música de las películas" no están completamente equivocados y realmente es la música de las películas la que suena como la de Korngold. Ese era sencillamente su estilo dramático. Lo llevó a la música de las películas, donde encontró su hogar natural.
Así que habría que preguntarse si realmente lo que sucede es que la música de las películas la que suena como la de Korngold.
Aunque, por otro lado, quizá sería también bueno preguntarse además qué hay de malo en la música de cine.
Por un lado, la música de Mozart, Schubert o Mahler ha sido utilizada para embellecer esta pretendida forma primitiva de arte. Y por otro, Prokofiev, Vaughan Williams, Walton, Honegger o Shostakovich, por citar solo algunos clásicos, también escribieron bandas sonoras. Y no debe ser un género tan fácil porque es una tarea que algunos compositores considerados “grandes” intentaron y fracasaron.
A este respecto, es curioso el caso de Arnold Schönberg. Emigrado a Estados Unidos, se ganaba la vida con sus ingresos como profesor en la Universidad de California, Los Angeles (UCLA). Pero quería escribir para el cine, porque, obviamente, tenía una familia que mantener y no es difícil imaginar que, además, podía haber conseguido, unos honorarios sustanciosos. Pero parece ser que no comprendía cómo funcionaba el proceso de creación de bandas sonoras.
En una ocasión, le pidieron que preparara una partitura para la película 'La buena tierra', en la que hay una dramática escena en la que una mujer da a luz en medio de una terrible tormenta. «¿Con lo que ya está sucediendo, para que necesitan música?», respondió Schönberg.
En todo caso y volviendo a Korngold, éste estuvo considerado considerado en Viena como un verdadero niño prodigio. Gustav Mahler y Bruno Walter dirigieron su música, innumerables teatros europeos montaron sus óperas y los críticos no habían calificado todavía su obra de "hollywodiense". Este juicio simplista no apareció hasta que Korngold se instaló en los Estados Unidos y comenzó a trabajar para la Warner Bros.
Pero es cierto que el el 29 de noviembre de 1957, -hace unos días se ha cumplido el 50º aniversario- cuando Korngold murió, en su casa de North Hollywood, no parecía que hubiera demasiadas posibilidades de que su música le sobreviviera y perdurara en las salas de conciertos y los estudios de grabación. El propio Korngold vivió los últimos años de su vida profundamente deprimido por la absoluta indiferencia que percibía hacia su música y murió con la sensación de que había sido olvidado. Y la muerte de Korngold sólo mereció pequeñas menciones en la prensa y en la mayor parte de ellas se hacía hincapié en su fama como compositor de bandas sonoras de películas. Sus lieder, sus conciertos y sus óperas parecían destinados a caer en un olvido definitivo.
Era una época en la que había pocas oportunidades para un resurgimiento de su obra Las tendencias de la moda evitaban completamente todo lo que sonara remotamente tonal o, peor todavía, romántico, con una de esas radicales -y frecuentemente, cuando no siempre, absurdas- dicotomías tan frecuentes en arte, y que obligan a optar entre Tebaldi o Callas Wagner o Verdi, Schönberg o Richard Strauss,....
Afortunadamente el olvido no ha sido definitivo y desde hace unos años asistimos a un redescubrimiento de su música y creo que se empieza a hacer justicia a un magnífico músico injustamente marginado durante años y mucho más influyente de lo que a primera vista se puede sospechar. en el desarrollo de la música, o al menos en ciertos tipos de ella, y aunque haya sido de forma casi clandestina o inadvertida.
Erich Wolfgang Korngold nacio en Brünn (hoy Brno), la capital de Moravia, entonces parte del Impero Austro Húngaro y hoy en la República Checa. Era el segundo hijo de Julius Korngold, cuyas críticas musicales acabaron siendo las más temidas de la prensa vienesa. Julius fue un personaje de armas tomar, terriblemente estricto con la ética de la crítica musical que emprendió prácticamente en solitario y durante toda su vida sucesivas campañas de rechazo contra todas las tendencias modernas que ofendían su sensibilidad. Y dada la época y el lugar en el que vivió fueron bastantes. Era un conservador y no lo ocultaba. Hombre dogmático y dominante, su actividad profesional interfirió a menudo en la carrera de su hijo. Por supuesto, hizo todo lo que pudo para terminar con cualquier tendencia modernista de Erich, al que mantuvo siempre bien lejos de los círculos en los que tales novedades musicales eran apreciadas.
Erich empezó a mostrar su precocidad musical muy pronto, pero su padre no pareció dar demasiado importancia a las habilidades de su hijo aunque con seis años ya componía música.
Finalmente, fue Mahler -lo cuenta Alma Mahler en sus memorias- quien tras escuchar a Korngold interpretar algunas obras suyas al piano y calificarle de genio, le aconsejó a Julius que enviará al niño a estudiar con el compositor Alexander von Zemlinsky.
Desde el momento que empezó a estudiar con Zemlinsky, sus composiciones adquieren sustancia y forma real, y comienza a escribir obras coherentes, dignas de interpretarse. Con doce años estrenó el ballet pantomina “Der Schneemann”, compuesto entre la Navidad de 1908 y la Pascua de 1909 y estrenado en la Hopfoper en una función de gala por la fiesta del Emperador el 4 de octubre de 1910. Es la primera obra de Korngold que se interpretó en público.
La destreza que Korngold muestra ya en esta obra para ilustrar, en términos musicales, personajes, incidentes y escenas, el uso de leitmotiv para los personajes principales, la correlación de texto y música y, sobre todo, el original pensamiento armónico ya señalan a un dramaturgo nato de excepcional habilidad para captar la atmósfera de las historias a la perfección . Y por supuesto ya aparecen algunas de las características típicas de la música de Korngold: la capacidad para la melodía fluida e incisiva, el ritmo fuertemente marcado y bailable, así como las brillantes armonías cromáticas que adornan la textura musical.
Resultaba tan asombrosa e innatural su madurez que un crítico norteamericano escribió con motivo del estreno del Trío para piano, Op.1 en Nueva York.
“Si tuviera un hijo de doce años que prefiere escribir esta clase de música a escuchar una buena melodía popular o ir a jugar al parque, consultaría con un especialista”.
Sospecho que queriendo ser mordaz, escribió un gran elogio.

El Trío para piano fue el primer trabajo de Korngold que se publicó oficialmente. Se incluyó en un concierto que se celebró el 11 de diciembre de 1910. Korngold, junto a sus padres, fue invitado al ensayo.
Y hay una anécdota muy comentada de esta ocasión que resume las relaciones del niño con sus dominantes padres. Korngold estaba sentado entre ellos. En cuanto Bruno Walter, uno de los intérpretes del trío, empezó a tocar, Julius murmuró: “Demasiado rápido”, mientras que su mujer comentaba en voz baja “Demasiado lento”. Con indignación, Julius Korngold repitió: “Digo que es demasiado rápido”, mientras que su mujer contestaba “No, Julius, es demasiado lento”. Su hijo, que era, después de todo, el compositor de la obra y que en aquel momento estaba apretujado entre ellos, les interrumpió: “Pienso que el tempo es correcto”. Ambos padres se volvieron hacia él y le gritaron al unísono. “¡Tú, cállate!”.
No cabe duda, a la vista de la anécdota que resulta muy dificil comprender a Korngold y su evolución, sin considerar la naturaleza de la extremadamente compleja y difícil relación con su padre, que dominó no sólo la infancia del compositor, sino también su vida adulta.
Pero eso es otra historia que deberá ser contada en otra ocasión. Espero que en el próximo número de la revista.

