Ópera en Madrid

La violación de Lucrecia

(Por José F. Salazar)

"So brief is beauty. Is this all? It is all! It is all!
Tan breve es la belleza, ¿Es esto todo?"
('The Rape of Lucretia', libreto de Ronal Duncan)

The Rape of Lucretia, op. 37, ópera de Benjamin Britten (1913-1976) y libreto de Ronald Duncan, estrenada en el Festival de Glyndebourne el 12 de julio de 1946. Intérpretes: Monica Groop (Lucretia), Andrew Schroeder (Tarquinius), Matthew Rose (Collatinus), Toby Spence (Coro masculino), Violet Noorduyn (Coro femenino), Ruth Rosique (Lucia), David Rubiera (Junius), Gabriella Sborgi (Bianca). Orquesta Sinfónica de Madrid. Director musical: Paul Goodwin. Director de escena: Daniele Abbado. Producción del Teatro Reggio Emilia. Teatro Real de Madrid, 15-11-2007.
La violación de Lucrecia

La escena central de la violación en esta ópera de cámara de Benjamin Britten, con la virtuosa Lucretia vestida del color blanco de la inocencia, sobre un lecho blanco, recuerda aquella escena en la que otra mujer inocente, Desdemona, es víctima de la violencia masculina. En el caso del Otello verdiano, víctima de la maquinación, las intrigas y la envidia de Iago, quien a su vez desata los celos de Otello. La violencia del príncipe etrusco Tarquinius contra Lucretia, esposa del general romano Collatinus, es más primitiva y destructiva si cabe, menos elaborada, pero capaz de conducir al suicidio a la humillada protagonista. El magnífico libreto de Ronald Duncan está lleno de evocaciones poéticas que nos hacen reflexionar sobre la violenta condición humana, su impulso destructivo y su afán dominador. La acción —que inspiró a Tito Livio y a Shakespeare— se desarrolla en el año 509 a. C. pero se basa en impulsos humanos atemporales. Britten teje sobre este libreto una música en la que nada se echa de menos pese al reducido elenco vocal e instrumental al que destina su composición. El refinado instinto lírico del inglés aprovecha al máximo los recursos tímbricos del pequeño grupo instrumental y crea escenas de un enorme poder de evocación junto a otras casi cinematográficas, como la del galope del príncipe Tarquinius a caballo.

Escena de la Violación de Lucrecia

El equipo artístico encargado de traer al Teatro Real de Madrid por primera vez esta ópera, en una producción del Teatro Reggio Emilia, regaló al afortunado público que pudo contemplar alguna de las tres funciones ofrecidas, un trabajo de primer orden. El trabajo escénico creado por Daniele Abbado —hijo del director musical Claudio Abbado— junto al escenógrafo Giovanni Carluccio y el director de vídeo Luca Scarzella, es impecable y de máxima efectividad. Uno de sus máximos aciertos consiste en integrar con naturalidad en la acción los dos personajes de cometido narrativo que encarnan el Coro masculino y el Coro femenino. La proyecciones de vídeo intercaladas en la escena actúan como un elemento potenciador de la acción y también se integran con el resto de elementos escénicos de forma natural.

El equipo de ocho cantantes cumplió su cometido sin fisuras en un trabajo de equipo perfectamente ensamblado y coherente. Contaron con un impecable apoyo obtenido desde el foso por el efectivo elenco de catorce instrumentistas conducidos con precisión y expresividad por el director musical Paul Goodwin, para quien el lirismo de Britten parece resultar cercano y familiar. Una función redonda e inolvidable de gran teatro musical y un nuevo acierto del Teatro Real con el repertorio operístico del siglo XX. El público no permaneció indiferente a la poderosa fuerza expresiva emanada desde el escenario y premió la función con merecidas y cálidas ovaciones.

Fotografías cortesía del Teatro Real © 2007 by Javier del Real