Patrimonio artístico

ACIMUS

(Por Ismael Fernández de la Cuesta)

Ismael Fernández de la Cuesta

Ismael Fernández de la Cuesta

En contraste con las cifras desalentadoras que nos revelan el nivel de desarrollo económico y social de los países Iberoamericanos está la experiencia, no reflejada en cifras, que nos hace sentir y apreciar la extensa, profunda e incomparable afición de sus moradores por la música. No es que en estos países se produzcan más conciertos que en Alemania (en algunos, quizá sí, y tan sólo pondré el ejemplo de Venezuela, la prerrevolucionaria y la actual), sino que en ellos la música está a flor de piel y nace de su entraña misma. Peninsulares o continentales, tenemos los Iberoamericanos, como gentes del Sur con una cultura de cielo abierto, justa fama de ruidosos. Ello revela, se dice, una falta de educación en las formas contemporáneas de relaciones humanas que son formas de silencio y de palabras bajas. Pero las formas de silencio en las relaciones humanas no fueron “contemporáneas” en tiempos pasados, ni son las idóneas en todos los espacios del Planeta, ni tienen por qué serlo en todas las culturas, si queremos que éstas sean diferenciadas. Así como los psicólogos han podido discernir en los humanos un patológico miedo al silencio, que es una de las manifestaciones del universal horror vacui, los sociólogos, los historiadores y los meros observadores del tiempo presente apreciamos también en los hombres de hoy, como un raro síndrome, la huída de la comunicación personal interactiva a través del sonido, de las palabras, de las voces, en forma de conversación interpersonal, de aviso, de llamada, de pregón, etc. En aras de la salvaguarda de la necesaria intimidad personal, se exagera el individualismo y surge un respeto, una timidez, un miedo o, peor aún, un bloqueo interior que impide expresar sonoramente nuestro sentir. Las ciudades antiguas se distinguían unas de otras no sólo por su urbanismo, por la arquitectura de sus estancias, por su entorno geográfico, sino también por sus sonidos, por la específica voz de sus calles, por el bullicio de sus gentes, sus cantares, los avisos de los vendedores, el susurro de sus fuentes, y -claro está, no es aquí la cuestión- por sus olores. Hablando de las catedrales medievales, me atreví a sostener, y así lo tengo escrito, que no son hoy tan grandiosas por su arquitectura como lo fueron por la liturgia, la música y la espectacularidad para lo que fueron construidas como incomparable escenario. Las calles de nuestras ciudades suenan todas igual, con el ruido de las máquinas rodantes, mientras callan los humanos. El hombre se ha convertido así en puro receptor de sonidos de la calle, de los medios audiovisuales, en tanto se ve privado de la capacidad y, más aún, del deseo de prorrumpir en palabras, en voces, en cánticos.

A poco que uno se introduzca en los grupos humanos de cualquier nivel social de un país de Iberoamérica, experimentará la expresividad sonora de sus gentes y su exquisita musicalidad no sólo en el habla, sino en sus cantares, en la forma directa de percibir y articular cualquier tipo de manifestación sonora, máxime si está asociada a la palabra, a la poesía. Los misioneros y colonizadores ya se percataron de la musicalidad de sus habitantes nada más llegar al Continente. El Padre jesuita Alonso de Barzana (nacido en Baeza en 1528, y muerto en Cuzco en 1598)  escribía a sus superiores en 1594 sobre los habitantes del Continente americano: “Todas estas naciones son muy dadas a bailar y a cantar, y tan porfiadamente que algunos pueblos velan la noche cantando y bailando”.

A los peninsulares y a los continentales de Iberoamérica nos aguarda hoy la hermosa tarea de vencer la pobreza económica con la riqueza de que disponemos y nadie nos puede arrebatar: el patrimonio musical de nuestra tradición, de nuestros archivos, la música viva de nuestras gentes. ACIMUS es una apuesta inequívoca para cumplir este propósito. Vaya desde aquí mi agradecimiento y mi felicitación.

 

Artículo sobre la creación de la Asociación de Cooperación Iberoamericana en la Música. Incluido en el programa del Acto Inaugural de ACIMUS del día 27 de noviembre del 2007. Agradecemos al Maestro Fernández de la Cuesta —de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando—su incansable apoyo a la promoción y protección del patrimonio artístico español e iberoamericano

Susan Campos, presidenta de ACIMUS
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