Ópera en Bilbao

Otro montaje de "esos"

(Por Otis B. Driftwood)

Cosi fan tutte
56 Temporada de Ópera de OLBE-ABAO. Palacio Euskalduna. Bilbao, 21 de Enero de 2008. Cosi fan tutte, ópera bufa en dos actos. Música: Wolfgang Amadeus Mozart. Libreto: Lorenzo da Ponte. Estrenada en Viena, Burgtheater, el 26 de enero de 1790. Fiordiligi: Soile Isokoski. Dorabella: Laura Polverelli. Despina: Marta Ubieta. Ferrando: Topi Lehtipuu. Guglielmo: Frank Leguerinel. Don Alfonso: Lorenzo Reggazo. Produccion de la Ópera de Wroclaw (Polonia). Director Musical: Eduardo López Banzo. Director de Escena y Figurinista: Michal Znaniecki. Escenógrafo: Luigi Scoglio. Iluminador: Bogumil Palewicz. Al Ayre Español. Coro de ópera de Bilbao. Director del Coro: Boris Dujin

Magníficamente servido en lo musical este Cosi fan tutte que reanuda, tras el cambio de año, la 56 Temporada de Ópera de OLBE-ABAO. Y la mayor parte del mérito hay que atribuirselo a Eduardo López Banzo, que al frente de su orquesta Al Ayre Español, dio toda una lección de como mantener el pulso y el interés en una partitura en la que no resulta fácil conseguir el elevadisimo nivel musical que alcanzó. Pienso que en esta obra el desarrollo de una trama resulta demasiado prolijo. Da Ponte, que no alcanza aquí el estado de gracia de un Don Giovanni, ni por supuesto, el estratosférico, por no decir insuperable, nivel de Le nozze de Figaro, creó una acción excesivamente alambicada y en estas condiciones, es un indudable peligro el caer en momentos de escaso interés y monotonía, que en ningún caso aparecieron en el Euskalduna.

También ayudó, por supuesto, el magnífico sexteto protagonista, que cantó con brillantez y estilo ajustado a una obra que más que desmedidas exigencias vocales pide buen gusto, talento escénico, naturalidad y gracia musical. No obstante, debo decir que me gustaron especialmente la rotundidad de Laura Polvarelli y el desparpajo y picardía de la Despina que creó la bilbaína Marta Ubieta. Aunque no desmereció en absoluto el resto del grupo.

Pero......Si. efectivamente hubo un pero. El de siempre. El montaje arruinó en gran parte del magnífico conjunto musical. Michal Znaniecki ha optado en su propuesta por el nada original recurso de modificar la época de la acción. Pero eso no es lo peor (salvo por la escasa sorpresa que a estas alturas causan tales muestras de "desbordante" ingenio en las ideas escénicas de algunos directores). Y hasta resulta tolerable; aunque haya que pasar de puntillas por el hecho de que la trama, a la que se le puede perdonar su evidente incorrección "política" si la acción se desarrolla en la época y el contexto en que fue escrita, cae en el peor de los gustos si se traslada al siglo XX, época en la que no resulta aceptable que ciertos comportamientos sean tomados en broma y hasta justificados.

Cosi fan tutte - primer acto

Admito que hay en el montaje alguna idea que resulta interesante, como la paradójica autorreferencia· que se ofrece al inicio de la representación: antes de empezar a sonar la música, una radio en escena anuncia que "..a continuación, la orquesta Al Ayre Español, dirigida por Eduardo López Banzo, va a interpretar la obertura de Cosi fan tutte". También es interesante la ágil transición, conseguida sin crear tiempos muertos, entre escenas, con cambios totales de decorados, por cierto sofisticados y sorprendentes -un gimnasio, una peluquería, una piscina en un jardín,...-. Y me gustó mucho la idea de cómo Don Alfonso "dirige" la acción en la segunda escena del primer acto mediante un mando a distancia y un karaoke.

Ya resulta más difícil de digerir y de justificar que Despina tenga que cantar con aletas de submarinista la segunda escena del segundo acto, con evidente peligro de provocar una involuntaria carcajada del público ante el cierto riesgo de un accidente producido por tan aparatoso impedimento. Afortunadamente no fue el caso.

Tampoco aporta demasiado que Don Alfonso se convierta en peluquero (perdón, quería decir estilista capilar). Homosexual, claro, para desplegar otro alarde de imaginación y una rara habilidad para caer en cuantos más tópicos mejor. Aunque Lorenzo Reggazo matizó mucho los gestos de su personaje, aún se vio obligado a tocarle el culo a Ferrando en cada ocasión que estaba a tiro.

Pero, sin duda, lo peor del montaje es la forma absolutamente exagerada en que Znaniecki ha entendido los papeles de los dos protagonistas masculinos. Los ha convertido en dos payasos espasmódicos, dos gilipollas haciendo el gilipollas, que lo mismo se visten de "guiris" (si, sí, con sandalias y calcetines) que de soldados polacos (de Polonia, claro) o de una especie de ejecutivos indonesios, o pakistaníes o algo.

Vamos, como si se rodara un guión de Billy Wilder con el estilo de "Los Bingueros". O Znaniecki no ha entendido la obra que se traía entre manos o debo tomar semejante demostración de obviedad zafia como un insulto a la inteligencia del espectador.

Ninguna de las dos opciones resulta especialmente halagadora.

Y si me permiten, quisiera terminar ccmpartiendo una pregunta que no deja de darme vueltas en la cabeza y para la que no tengo respuesta:. ¿No resulta contradictorio o al menos curioso que coincidan en el tiempo un cierto fundamentalismo "filológico" en lo musical, exigiendo la vuelta al "original", mientras se tolera -o se sufre- la más absoluta heterodoxía en lo escénico?.

Fotografías © 2008 by E. Moreno Esquibel
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