Editorial
Réquiem por los libros-programas
del Teatro de la Zarzuela
Los asistentes a la primera zarzuela escenificada de la escasa temporada 2007-08 del madrileño Teatro de la Zarzuela, nos hemos encontrado con la desagradable sorpresa de que ya no existe el habitual libro-programa que muchos comprábamos religiosamente. El teatro ya no los edita; en su lugar ofrece a todos los espectadores un programa de mano que contiene dos artículos, el argumento, el orden de los números musicales, la relación de componentes de la orquesta y del coro y de los empleados del teatro. Ni una palabra sobre los intérpretes, lo cual nos parece inadmisible.
No sabemos si la decisión se debe a la dirección del teatro, si viene “de arriba” (las desafortunadas declaraciones “humorísticas” de Juan Carlos Marset, director general del INAEM –de quien depende el teatro– sobre la zarzuela al tomar posesión de su cargo, han puesto en guardia a no pocos aficionados), o si es causa de problemas presupuestarios. Sea como fuere, es muy mala noticia para la zarzuela, mucho más cuando surge en el teatro que más debería defender el género en todos los órdenes y por todos los medios. Como es conocido, estos libros-programa contenían interesantes artículos, a veces sesudos, otras huesudos, sobre la obra, el autor o su entorno. Incluían el libreto, las biografía de los intérpretes y excelentes ilustraciones que los convertían en volúmenes de agradable lectura y consulta.
Seguramente la causa de esta desaparición sea de orden financiero. No disponemos de los datos, pero quizá sea más tema de ajuste, de prescindir de otra actividad menos importante de cara al público que es quien mantiene el teatro, de rebajar el costo de algunas partidas... Los economistas saben que cuando no hay dinero hay que buscarlo. Quien sabe si el libro-programa podría admitir publicidad como ocurre en otros teatros para ayudar a su financiación, o buscar patrocinadores desinteresados. Un dato: el avance de programa de la actual temporada del Teatro Real lleva doce páginas de publicidad de empresas y marcas de primera fila; el del Teatro de la Zarzuela, ninguna.
Lo de subir el libro-programa a Internet merece también un comentario. Vaya por delante nuestra felicitación por la idea: la red es hoy un medio del que no se puede prescindir; nosotros mismos existimos gracias a ella, pero todavía no es un sustituto. En España, el grado de penetración de Internet en los hogares es muy bajo, el coste alto y las velocidades de transmisión inferiores a las de países de nuestro entorno. Hay personas que no manejan ordenadores (que dan más problemas de los que debieran, que quedan obsoletos casi antes de desembalarlos, que obligan a manejar programas y sistemas operativos de probada ineficacia...), gentes que no saben “navegar” a través de la inmensidad de la red, que desconocen lo que es un “buscador”, o que quedarán asustados cuando a la palabra “zarzuela” responda el Google con 2.160.000 direcciones, entre las que se encuentra el Palacio de la Zarzuela, el Hipódromo de la Zarzuela o los restaurantes que ofrecen en su carta “zarzuela” de marisco.
En fin, Internet no es una panacea, pero está muy bien que el Teatro de la Zarzuela ofrezca sus contenidos a través de ella para quienes están lejos del teatro. Por cierto, ¿cuando se ofrecerán CD's o DVD's de sus producciones, para que puedan disfrutar de ellas quienes están lejos del teatro? ¿Acaso van a colgarlas de la red?
Desde algunas páginas y foros de Internet se sugiere el envío de correos electrónicos al Teatro de la Zarzuela, manifestando la protesta y el desacuerdo. No es mala idea, ni mucho menos; incluso quizá habría que completarla con mensajes SMS o simples llamadas telefónicas, pero, la verdad, no confiamos demasiado en que tales quejas surjan efecto: piensen ustedes en las que ha habido contra el “canon digital” y así estamos.

