Música en El Escorial
Programación de Navidad en
el Teatro Auditorio de El Escorial
(Por Alicia Perris)
El Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial ofreció una variada programación de Navidad entre el 22 de diciembre de 2007 y el 4 de enero de este año, siguiendo con una línea musical sorprendente, que ofreció la posibilidad de escuchar – entre otros- a Ricardo Mutti y el Maggio Fiorentino el año pasado y a Valery Gergiev y el Teatro Mariinsky este verano. A principios de diciembre el Teatro Auditorio presentó a los medios en Madrid su programación de Navidad que fue rica e imaginativa, con una propuesta que incluyó también al público infantil, habitualmente relegado en este tipo de eventos.
La inauguración tuvo lugar el 22 de diciembre con “El Mesías” de G.F,Haendel a cargo de The Sixteen/Symphony of Harmony & Invention, dirigida por Harry Christophers. El 23 de diciembre se ofreció “Los amigos de Bach”, un cuento de iniciación a la música para niños de 4 a 8 años por la Compañía Arpatrapo. El 29 de diciembre hubo un recital de Negro Spirituals & Gospel a cargo de The Jackson Singers, el 30 de diciembre la Joven Banda Sinfónica de Castilla y León dirigida por Henry Adams propuso un concierto gratuito y el 3 de enero Michael Nyman & la Michael Nyman Band hicieron su aportación en un audición distinta.
Pero fue Inma Shara que dirigió la Wiener Sinfonietta en un concierto de música vienesa con valses y polcas de la familia Strauss, una de las propuestas que más atrajo sin duda a los melómanos. La función tuvo lugar el 2 de enero, muy cercana en el tiempo al conocido concierto de Año Nuevo que la Musikverein ofrece todos los años en Viena con música de Strauss y sus contemporáneos, este año con un director y unas obras muy francesas dentro del repertorio tradicional de este concierto.
El grupo musical que dirigió Shara, más pequeño, deleitó a la sala con el aforo completo, con un repertorio brillante y bien elegido, donde no faltaron las obras más interpretadas de estos eventos como la Polca “Pizzicato” de Johann Jr. y Joseph Strauss, el “Vals del emperador”, el “Danubio Azul” o “Rosas del Sur” de Johann Strauss hijo.
El programa se completó con “Los románticos”, de Joseph Lanner, la Polca “Anna” de Johann Strauss, “la Polca de los campesinos” y las marchas “Donde nuestra bandera ondea” y “Era tan encantadora” de Johan Strauss hijo. El comienzo del concierto se había ambientado con la inefable Obertura de “Caballería ligera” de Von Suppé.
La Wiener Sinfonietta fue creada en 1986 por uno de los músicos vieneses más destacados, el maestro Kurt Rapf, recientemente fallecido, a pesar de lo cual el grupo musical ha continuado trabajando con una vocación en especial orientada a los autores clásicos y románticos vieneses, entre los que hay que mencionar a Mozart, Schubert o Strauss.
La Viena de los Strauss, tiene una meta ambigua, moviéndose entre la elegancia, el elitismo y la excelencia, mientras se cuelan por las rendijas del desasosiego que precede las grandes catástrofes un entramado de ausencia de responsabilidad, el sentido del espectáculo narcisista y la transgresión, a la vez que se cierra el círculo que apaga el último relumbrón del Imperio Austrohúngaro.
El vals, la efervescenciade las marchas y el torbellino de las polkas encarnan un deseo de perderse y también el de apurar de un trago irrevocable y efímero, caduco, la copa de la vida que se escapa. Música desgarrada, crepuscular aunque frívolamente eufórica la de esta Viena que presiente de forma inexorable el cercano “fin- de-siècle”.
Muchos han sido los reportajes donde la directora Inma Shara, que presta su vocación a la representación de esta época terminal- la de la música ligera vienesa- ha visto valorado su trabajo musical, ya que está considerada una de las más destacadas representantes de la nueva dirección de orquesta en España. Sus colaboraciones incluyen agrupaciones musicales de mucho prestigio como la New York Philarmonic, la Orquesta Filarmónica de Graz (Austria), la London Symphony Orchestra o la Bayerische Staatsoper de Alemania por ejemplo. Ha llevado a cabo un trabajo exhaustivo con el director Zubin Mehta, gracias a una beca concedida por el gobierno vasco, donde realizaron juntos incursiones que van desde el repertorio barroco, pasando por el Clasicismo, el Romanticismo o la dirección de óperas. Shara realizó también cursos de perfeccionamiento con los directores Sir Colin Davis y Alexander Rahbari y su actividad habitual en grandes teatros no le impide dedicarse asimismo a la música de películas, actividad que la apasiona.
La directora volcó todo su estilo y su pasión por la música en este concierto de Año Nuevo, donde brillaron su sensibilidad y su estrecha compenetración con los músicos, constantemente valorados y destacados por Shara. Sin querer hacer una incursión en la prensa frívola, podríamos aludir al maravilloso vestido negro de una elegancia clásica a mitad de camino entre la seriedad del raso y la volatilidad del tul que destacaba su silueta menuda y sus brazos y manos como de cisne, que evocaban más que a una directora a una bailarina de Tchaikovski.
Shara se entrega totalmente cuando dirige y se gira, se balancea, baila en una serie de gestos que trasmutan su música a otra dimensión, más allá de su atril y de su batuta. Las partituras giran bajo su mano a toda velocidad, en una efervescencia fuera de lo común en estos ambientes por tradición tan encorsetados, tan ortodoxos. La seducción de la directora es recogida por el público, que participa encantado del acompañamiento habitual del final del concierto con la Marcha a Radetzky.
Esta mujer frágil y evanescente con ese desarrollo del rubato que la hace tan peculiar en la dirección del repertorio vienés dio una lección de música, pero también de compromiso humano y profesional con un proyecto y una meta, los que compartió la noche del concierto con los músicos y con la propuesta generosa del equipo del Auditorio-con un gerente recién estrenado- que hace posible que el funcionamiento del teatro de El Escorial sea hoy también una realidad.
La magia estuvo presente en esa velada de comienzos de año. Y hubo disfrute musical y goce compartido y la sensación de que a pesar del frío de la noche al salir del concierto, por algún lugar de El Escorial, embriagadas por la música y continuando con la fiesta, estaban jugando las hadas.

