Nuestra Zarzuela

La Generala

(Por José Prieto Marugán)

La Generala. Opereta cómica en dos actos, en prosa. Libro de Guillermo Perrín y Miguel de Palacios. Música de Amadeo Vives. Estreno: 14 de junio de 1912, en el Gran Teatro, de Madrid. Acción: Acto I en un castillo de Oxford. Acto II en Cambridge (Inglaterra). Comienzos del siglo XX.

Personajes principales e intérpretes principales:

Berta, esposa del general, antigua canzonetista (Luisa Rodríguez)

Eva, esposa de Cirilo II (Sofía Romero)

Cirilo II, rey de Molavia (Emilio Carreras).

Olga, hija de Clodomiro V (Asunción Aguilar)

Príncipe Pío, hijo de Cirilo II (José García Romero)

Duque de Sisa (Sr. Asensio)

Clodomiro, rey de Espartanopla (Rodolfo Recober)

General Tocateca, rico venezolano (Hilario Vera)

La Generala

Argumento

Acto I. Castillo inglés en el que vive exiliado Cirilo II, rey de Molavia, un país imaginario. Le acompañan la reina Eva, su esposa: el príncipe Pío, su hijo; y el duque de Sisa, su fiel consejero. La familia real está arruinada. Cirilo y el duque sólo piensan en cómo conseguir dinero de alguien. Para Sisa, el mejor modo es casar al príncipe Pío con alguna princesa de dinastía reinante que tenga una buena fortuna. Ambos repasan la lista de las posibles candidatas y optan por Olga, hija de Clodomiro V, rey de Espartanopla y pariente de Cirilo II. La princesa es rica, joven y guapa, un inmejorable partido. El duque, con su habitual habilidad se encargará de arreglar la boda aunque la operación requiere un capital inicial que hay que conseguir como sea. El consejero propone al rey que pida un préstamo al general Tocateca un venezolano riquísimo que fue antiguo embajador en el reino de Cirilo. La casualidad quiere que, en este momento, el mismísimo Tocateca solicite a Cirilo II una audiencia de cortesía. Ninguno puede ocultar su satisfacción por lo oportuno de la petición del general. Tocateca y Berta -su bella esposa que había sido una canzonetista francesa- son recibidos por Cirilo. El militar accede al préstamo y, además, anuncia que Clodomiro V y su hija Olga están en camino para visitarles. Todo parece arreglado, pero el príncipe Pío -que es un tarambana- está enamorado de Berta, -la generala- desde que la escuchó cantar en París.

Acto II. Clodomiro y Olga llegan al castillo. La princesa, que está enamorada de Pío, sufre al ver la indiferencia con que éste la trata y la pasión que demuestra por Berta. Cirilo, Eva y el duque advierten el problema y temen por sus planes, porque si no hay boda entre Pío y Olga, no sólo perderían su prestigio sino que caerían en la ruina más absoluta. Sin embargo, todo se arreglará. Berta, que es fiel a su marido, hace ver a Pío que sus relaciones son imposibles y promete a Olga que se casará con el alocado príncipe. La generala concierta una cita entre Pío y Olga, haciendo creer a aquél que la cita es con ella. Cuando se juntan, la princesa conseguirá enamorar al príncipe. El prestigio y el honor quedan a salvo, y la situación económica de la familia real de Cirilo II resuelta.

Comentario

Entre los años 1905 y 1925, España no se sustrajo al influjo de la opereta espectacular de origen francés y austríaco, presentada con auténtico lujo en la escenografía y  en el vestuario, con argumentos casi siempre de ambiente aristocrático, música alegre y cuerpos de baile especialmente llamativos. En nuestro país, la opereta llegó a constituirse en un importante aporte económico al mundo del teatro en estos primeros años del siglo XX. La generala es uno de los mejores ejemplos de que disponemos.

Cuando Amadeo Vives estrena esta opereta, es ya un valor firmemente consolidado; ha dado a conocer unas setenta obra, de distinto género y con diferente fortuna, entre ellas títulos como Bohemios (1904), El húsar de la guardia (1904) o La gatita blanca (1905). Su prestigio está asentado y los asiduos al teatro saben que su música es una garantía.

También lo es la pareja de libretistas: Guillermo Perrín y Miguel de Palacios, que antes de La generala han producido obras que todavía permanecen en el recuerdo de los aficionados e incluso en el repertorio: El gaitero  y El barbero de Sevilla, 1896 y 1901, ambas con música de Giménez y Nieto; Cuadros disolventes, de 1896, música de Nieto; La torre de oro, de 1902, de Giménez; La corte de faraón, de 1910, de Vicente Lleó, y las ya citadas Bohemios y El húsar de la guardia.

La generala es obra elegante y distinguida, como corresponde al género, y ofrece una música muy bien instrumentada en base a elementos típicos de la opereta francesa, aunque no faltan referencias a las formas musicales españolas más conocidas. Entre sus trece números musicales, media docena de ellos fueron especialmente aplaudidos: el pasodoble de presentación del príncipe (“Os invito amigos”); sendos dúos entre Píoy la Generala (“Mi dulce sueño”) en el primer acto y entre Olga y Pío (“Te agradan las flores”) en el segundo; la llamada “Canción escocesa y giga militar” (“La alegre canción”), en el segundo acto y dos fragmentos especialmente aplaudidos: el terceto cómico entre Cirilo, Clodomiro y Berta (“Señora, señora, parece mentira”) y la brillantísima “Canción del arlequín”, que canta Berta, “La generala”,  en el primer acto.

Escribir a José Prieto Marugán