Zarzuela

Lo que hemos visto

(Por José Prieto Marugán)

Dos reseñas de José Prieto Marugán de sendos espectáculos zarzuelísticos que tuvieron lugar en Madrid el pasado mes de diciembre de 2007: la reposición de la producción de "La bruja" de Chapí en el Teatro de la Zarzuela y el concierto camerístico "Sextetos de zarzuela" que tuvo lugar en la sala del Ateneo madrileño.

La bruja (M. Ramos Carrión/V. Aza – R. Chapí). A. Ibarra. S. Cordón. J. de León. J. Morales.  Coro del Teatro de la Zarzuela. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Director: Miguel Roa. Director de escena: Luis Olmos. Escenografía: Gabriel Carrascal. Figurines: María Luisa Engel. Teatro de la Zarzuela, 27 de diciembre de 2007.
La bruja

En nuestro número de noviembre del pasado año nos ocupamos de esta importante zarzuela de nuestro repertorio, por lo que no tenemos necesidad de repetir su argumento ni la impresión general que produce la música de Chapí.

La producción comentada es reposición de la ya conocida de 2002; a pesar de que la historia contada tenga alguna laguna, la verdad es que su plasmación en las tablas funciona con excelencia para el público que llena la sala y que aplaude con entusiasmo a pesar de la longitud del espectáculo y de la hora –para muchos tardía- en que termina. Dicho sea entre paréntesis: cuando en el Teatro de la Zarzuela los espectáculos se alargan, los espectadores se preguntan por qué no empiezan un poco antes; quizá la dirección podría estudiar el tema, por lo menos facilitaría que muchos no salieran de la sala como “a escape” y aplaudieran un poquito más el esfuerzo y la excelencia de los intérpretes.

El planteamiento escenográfico de Luis Olmos responde a la irrealidad plasmada en el libreto, se adapta a la historia contada, ayuda a su comprensión por parte del espectador y encaja en el espectáculo global que se ofrece. Olmos ha planteado su versión más como un cuento o comedia fantástica, que como un drama, que no encajaría en el espíritu de la obra escrita por Ramos Carrión y Vital Aza. Hemos de añadir que nos ha satisfecho el movimiento de masas, tanto en la escena inicial de las hilanderas, como en los números cómicos y en la gran escena con que finaliza el segundo acto.

La bruja de Chapi

En la representación que comentamos fueron protagonistas la soprano Ana Ibarra, que dio vida a Blanca de Acevedo, la Bruja. Se mostró como una soprano excelente, de medios poderosos, elegante línea de canto y una excelente dicción. Susana Cordón, hizo la Rosalía, personaje cómico femenino. Es una cantante de gran nivel que, gracias también a la partitura de Chapí, dignifica el personaje cómico. Jorge de León, que sustituía a Carlos Moreno por enfermedad, se descubrió como potente y brillante tenor lírico, capaz de solventar sin problemas las muchas dificultades que tiene la parte de Leonardo. En la parte hablada dio también muestra de una gran calidad. Sin duda alguna es un valor seguro. Julio Morales, hizo el personaje de Tomillo, fundamental en la obra junto al de Leonardo. Podríamos decir de él que se mostró más tenor que cómico, es decir que, como Susana Cirdón, planteó su personaje más desde lo musical que desde lo humorístico.

En conjunto, un cuarteto vocal de primer nivel que supo conjuntarse  cuando la obra lo pide y cantar con intensidad y, sobre todo, con gusto musical.

El coro respondió como en él es habitual y la orquesta sonó algo fuerte en algunos momentos; en descargo del veterano Roa puede decirse que Chapí escribió mucha y muy densa música, en la que los potentes metales son parte destacada de la orquestación.

Hay que decir que esta producción ha contado con distintos repartos: Nancy Fabiola Herrera, Ana Ibarra y Carmen Serrano, se alternaron en el papel de Blanca de Acevedo; Susana Cordón y María Maciá, en el de Rosalía; Julio Morales y Carlos Durán, en el de Tomillo, y José Bros, Carlos Moreno y Albert Montserrat, en el de Leonardo.

Sextetos de zarzuela. Obras de Barbieri, Chapí, Alonso, Luna, Moreno Torroba y Chueca y Valverde. Sexteto Latino. Ateneo de Madrid, 29 de diciembre de 2007.

Organizado por la  Asociación Pro-Género Lírico y con la colaboración del Centro de Documentación y Archivos (SGAE),  el Ateneo madrileño ofreció en su magnífico salón de actos de la madrileña calle del Prado, un concierto de zarzuela atípico, o cuando menos infrecuente, pues en lugar del habitual recital con uno o varios cantantes, se decantó por recuperar una manera de ofrecer el repertorio lírico muy frecuente en otros tiempos: la interpretación a base de un sexteto (quinteto de cuerda y piano), formación habitual  para la que los propios compositores transcribían sus obras más famosas y queridas.

Todavía recuerdan algunos aficionados que en cafés, salones, hoteles y restaurantes era habitual –estaba incluso legislado- la presencia de un conjunto musical que ofrecía a la clientela arreglos y transcripciones de las zarzuela de mayor prestigio y de éxito más reciente. Aquello dúos, cuartetos y sextetos han desaparecidos de estos locales; en algunos casos sustituidos por música grabada en otros, la mayoría, por nada. La música que tocaban estos grupos descansa en anaqueles de archivos y bibliotecas, pero en el Ateneo tuvimos ocasión de escucharla y confirmar, con satisfacción, que  no se trata de arreglos facilones, sino de transcripciones de gran nivel musical, que en muchos casos requieren un intérprete de importante capacidad técnica y que ponen de manifiesto que este repertorio puede integrarse ahora en nuestros circuitos de concierto.

Las obras escuchadas fueron Los diamantes de la corona, de Barbieri; Música clásica, de Chapí¸ Música, luz y alegría, de Alonso;  El asombro de Damasco, de Luna; La marchenera, de Moreno Torroba y Cádiz, de Chueca y Valverde. Un amplio y variado programa, de una hora de duración, en el que se reconocían, a cada instante, las melodías más destacadas de cada obra.

El Sexteto Latino ofreció interpretaciones muy adecuadas en las que se pudo constatar la cohesión de los instrumentos de cuerda que destacaron en sus intervenciones individuales, en especial, la violinista Gladys Nidia Silot que, naturalmente, tiene un papel protagonista y, en algunos casos, exigente en lo técnico. Quizá el único pero que pueda ponerse al conjunto es una excesiva rapidez en la ejecución de algunas danzas, como el “Bolero” de Los diamantes de la corona, o el “Pasodoble” de Cádiz. Es cierto que los instrumentos tienen más agilidad que las voces, pero el carácter “danzable” de ciertas músicas debe mantenerse para que no creen en el oyente sensaciones de apresuramiento.

De todos modos, una gran velada, muy aplaudida por los asistentes que llenaron el salón y que expresaron su satisfacción y sorpresa por escuchar zarzuela en esta forma.

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