Crítica de discos

Obras infrecuentes de Albéniz

(por Joaquim Zueras Navarro)

Albéniz abans Albéniz. Champagne, L´Automne, Rêves, Les Saisons, Espagne (souvenirs). Sira Hernández, piano. La mà de guido. LMG207
Obras infrecuentes de Albéniz

Decía en una ocasión que, como señala el profesor Jacinto Torres, en la producción copiosa de Albéniz (1860-1909) hay una gran calidad en su conjunto, donde podemos encontrar algunas obras mejores que otras, pero ninguna mala. La recuperación de esas obras nos muestra a un compositor mucho más rico, hondo y polifacético de lo que nos cuenta la historiografía convencional. Algunos melómanos quizas desearían ver en todas sus composiciones la densidad un tanto impenetrable del tercer cuaderno de Iberia, pero ¿por qué no abandonarse con agrado a esas otras obras leves, amables y sensuales?, obras que el musicólogo Gabriel Laplane encuadraría en un vetusto salón, interpretadas a trancas y barrancas por una torpe jovencita. La posible caricatura se desmorona cuando uno ve que incluso muchas de esas agradables piezas son de cierta dificultad y están concebidas con ingenio.

En este disco se rescatan algunas del olvido, lo cual ha sido para mí un grato acontecimiento porque desconocía Rêves y Les Saisons. Los valses Champagne y L’Automne nos remiten a 1888 y 1889, el final de una década de incesantes giras por España y por el extranjero, que culminaría con el gran recital dado en París, organizado por la casa Erard y consagrado por entero a la audición de sus propias obras. Estos valses no deben nada a los patrones del vals vienés, son de un lánguido cromatismo, con una mano izquierda que sugiere el ritmo entre ricas filigranas que embellecen notablemente el resultado.

Después del concierto en París, Albéniz se instala en Inglaterra –es lo que se ha llamado “el paréntesis londinense”- que concluye en 1893, con la representación de su primera obra lírica importante, The Magic Opal, en el Prince of Wales Theater. En 1891 aparece Rêves, colección de tres piezas: una tierna Berceuse, el burbujeante Scherzino y el expresivo Chant d´amour. En ellas se alterna el espírutu romántico con rasgos más intimistas e impresionistas, características que se acentuarán seis años después en Espagne (souvenirs). Atisbos que preludian la música de Mompou. Un año después, la editorial Chappell and Cº publicó el álbum de cuatro miniaturas Les Saisons, que, como su nombre indica, recoge la atmósfera de las mismas, el optimismo primaveral, la contemplación del mar, la melancolía otoñal y tal vez los copos de nieve cubriendo el paisaje de un frío invierno.

En 1887 Albéniz viaja a Praga para preparar la representación de Pepita Jiménez en el Neues Deutsches Theater y, de regreso, pasa por Leipzig para pagar la publicación del Poema de Chausson a escondidas del autor. En verano viaja a Córdoba y regresa por Castilla, componiendo Córdoba y Seguidillas. En invierno impartirá un curso de piano en la Schola Cantorum de París. Es durante este año que compone Preludio y Asturias, piezas agrupadas bajo el título de Espagne (souvenirs). Lamentablemente, una vez más nos encontramos con la confusión de títulos del intrincado catálogo albeniciano: En unas cinco ocasiones da Albéniz el título de Preludio a alguna de sus obras y este Asturias no es el popular Asturias de Cantos de España, que para colmo se titula Preludio-Asturias, idéntico al de Asturias-Leyenda de la Suite española nº1. Estas dos piezas están en la línea de La Vega, es decir, de un Albéniz maduro que ha encontrado su particular forma de expresión, síncopas y cromatismos bajo el común denominador de la estilización y de ese ensimismamiento tan personal. Como dijo el compositor “hacer música española con acento universal”.

Sira Hernández interpreta a Albéniz con exquisita delicadeza, desprovista de amaneramientos, y con agradables claroscuros que reflejan su gusto por la expresión; resultando el conjunto muy armonioso y poético.

Escribir a Joaquim Zueras Navarro