Gabriel Fernández-Alvez – In memoriam

“Háblanos del amor”

(Por Hertha Gallego de Torres)

La vida musical española, pero sobre todo la madrileña, está de luto estos días por la pérdida de un estupendo compositor, incansable, buen profesional, cuyo repentino fallecimiento ha sorprendido a todos. Gabriel Fernández-Alvez, nacido en Madrid en 1943, había comenzado a estudiar música con su padre y de 1962 a 1976 siguió sus estudios académicos en el Real Conservatorio Superior de Música de esta ciudad con  Julio Molina (trompeta), María Teresa Fuster y Manuel Carra (piano), Antón García Abril y Román Alís (composición) y Enrique García Asensio (dirección de orquesta), entre otros. Pronto empieza  a componer: el Cuarteto nº 1 para instrumentos de cuerda es su primera obra importante, a la que seguirán otras muchas.  Terminada en 1973, la presenta al Concurso Permanente de Composición de la Comisaría General de la Música, donde se hace con el Segundo Premio en 1976. Sin duda este es su año: Premio Fin de Carrera de Composición en el Real Conservatorio por la obra Homenaje a Falla, representa a España en el XII Congreso Internacional de la Sociedad Internacional de Educación Muasical con Homenaje a Hindemith, es seleccionado para representar a España en el XII Congreso  de la Sociedad Internacional de Música Contemporánea (SIMC) con la obra Lasciate ogni speranza…El interés despertado por sus “Dioramas” cuando concurre al “Prix Italia” en 1977, presentado por la SER, consolida su prestigio.

Enseguida se convierte en un compositor imprescindible y muy “visible”, por simpatía, por cercanía, del panorama musical  de todos estos años. De él, el avispado crítico que siempre ha sido Enrique Franco dirá en acertada nota de programa: “Cuatro rasgos caracterizan al compositor: fuerza vocacional  a partir de un instinto musical evidente desde sus primeras composiciones; afán de perfección, lo que denota su escritura, inquietud y reflexión. No se pone Fernández Alvez a componer sin haber meditado largamente su plan, sin saber con bastante precisión qué quiere decir y cómo. Por otra parte, tiende a no dejarse llevar  por el remolino de las llamadas “corrientes imperantes”.

Los que le hemos conocido valoramos su colaboración con el Trío Mompou,  en el Concierto Elegíaco (1990) dedicado a las víctimas del terrorismo;  la adaptación que hizo de la obra de Barbieri “Gibraltar”, estrenada en el año 1992 en el Teatro Monumental, y todos los proyectos que emprendió a partir de 1998: el Concierto para violín y orquesta (1996) , los doce Preludios para piano – que interpreta el estupendo pianista Leonel Morales, o Getsemaní, para la semana de Música Religiosa de Cuenca. Su música, con raíces en el serialismo y predilección por las grandes construcciones sonoras, apostaba por la espiritualidad la última vez que le ví, el 2 de enero de 2008, día en que el barítono Alfredo García, con su cálida voz, interpretó, acompañado al piano por Jorge Robaina, “Háblanos del amor”, un bellísimo texto de Khalil Gibran que a Fernández Alvez le gustaba especialmente: “Un mundo sin primavera / donde reinaréis pero no con toda vuestra risa/ y lloraréis pero no con todas vuestras lágrimas”.

Quizá esta versión para barítono y piano, que forma parte de una colección de canciones basados en los textos de “El profeta”, que escribió en  los que iban a ser sus últimos meses de vida, y la sonrisa de Gabriel, a quien tanto echan de menos en el Conservatorio Teresa Berganza, sean lo que me quede de este compositor con tanta personalidad.

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